
Narcóticos Anónimos realizará este sábado 10 de octubre una jornada informativa abierta a todo público en la Capilla San Rafael, en Posadas, con la participación de integrantes de distintos puntos de la región del Litoral y de otros lugares. El encuentro es libre y gratuito, comenzará a las 14, mientras que desde las 18.30 se desarrollarán conversaciones, talleres y disertaciones.
Los espacios de NA funcionan a partir de reuniones en las que las personas pueden compartir sus experiencias y dificultades con otros integrantes que atraviesan situaciones similares. Para conocer más sobre esta modalidad de acompañamiento y sobre las experiencias de quienes participan de estos espacios, PRIMERA EDICIÓN buscó algunos testimonios: Luis, Alejandro y Marcelo, integrantes que atravesaron distintos momentos de consumo y recuperación.
Encontrar el camino
Según explicó Luis, en el encuentro informativo de este sábado está previsto que participen personas de Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones, además de visitantes de Paraguay, Brasil y Entre Ríos, entre otros lugares. El objetivo, señaló, es que quienes asistan puedan acceder a información y conocer experiencias sobre “cómo tener una vida mejor, encontrar un propósito, encontrar una vida sana y saber también qué es ese propósito del cual hablamos en NA”.
Luis explicó que el objetivo de NA no consiste exclusivamente en la rehabilitación, sino también en acompañar a las personas en la búsqueda de herramientas para afrontar la vida cotidiana. “Lo que ayuda NA no es a la rehabilitación en sí, que es una de las partes, sino más bien ayuda a encontrar el camino que muchas veces es lo que necesitamos las personas que tenemos este tema de la adicción”, sostuvo. En ese sentido, remarcó la importancia de poder hablar sobre aquello que cada persona atraviesa.

Según su experiencia, las reuniones permiten poner en palabras situaciones que muchas veces permanecen ocultas. “Lo que se genera en las reuniones es eso de poder hablar lo que uno tiene para poder trabajar eso y de esa forma poder mejorarlo”, afirmó. Para Luis, compartir las experiencias también permite comprender que la adicción puede manifestarse de distintas maneras y afectar aspectos sociales, emocionales, familiares, mentales y físicos.
El integrante de NA contó que antes de llegar al grupo atravesó una internación y un tratamiento médico y psiquiátrico debido a su dependencia de sustancias. Luego de un proceso de deshabituación, comenzó a participar de Narcóticos Anónimos y encontró en las reuniones un espacio para continuar con su recuperación. “Ahí encontré que el hablar de mis problemas y el encontrarme con otros que también la están luchando al igual que yo” fue parte de lo que le permitió avanzar, relató.
Luis también recordó el momento en que identificó que el consumo había dejado de ser una situación que podía controlar. Explicó que durante un período se consideraba un “consumidor funcional”, ya que podía trabajar y cumplir con sus obligaciones, pero posteriormente la dependencia comenzó a ocupar un lugar central en su vida. “Yo pensaba que yo le ganaba, pero en realidad no. El consumo siempre te termina ganando”, señaló, al describir cómo la relación con las sustancias fue modificando sus prioridades hasta llevarlo a vender objetos personales para poder consumir.
Un día a la vez
Alejandro, otro integrante de Narcóticos Anónimos, puso el foco en el prejuicio que todavía existe alrededor de las adicciones. Consideró que se trata de una de las enfermedades “más estigmatizadas del mundo” y explicó que la palabra adicto suele asociarse en el imaginario social con determinados estereotipos. “La adicción no trata ni de dónde venimos ni qué drogas consumimos, eso es simplemente una manifestación de la enfermedad”, sostuvo, y agregó que para él se trata de una enfermedad crónica y progresiva que puede ser mortal, aunque existen herramientas de tratamiento dentro del programa de NA.
En su caso, Alejandro contó que comenzó a reconocer su situación luego de atravesar un proceso de internación. Durante ese período conoció la bibliografía de Narcóticos Anónimos y, al salir, buscó una reunión en Posadas. “Subí las escaleras y crucé esa puerta, el primer paso”, recordó sobre aquel momento. Al describir su primera experiencia en el grupo, destacó que se encontró con personas que atravesaban situaciones similares: “No existe nadie mejor para entender a un adicto que otro adicto”.
El testimonio de Alejandro también estuvo atravesado por la idea de vivir la recuperación día a día. Explicó que cuando llegó a NA sentía que había perdido prácticamente todo y que el primer paso consistió en reconocer que no podía afrontar solo la situación. “Cada 24 horas se renueva mi compromiso, que es ‘vivo solo por hoy'”, expresó. Para él, esta perspectiva implica concentrarse en el presente, aprender de lo ocurrido y evitar volver a situaciones que puedan poner en riesgo el proceso de recuperación.
Desde la infancia
Marcelo, por su parte, contó que comenzó a consumir alcohol a los 12 años y que poco después incorporó otras sustancias. Llegó a Narcóticos Anónimos a los 23 años, luego de haber atravesado otros espacios de ayuda y diferentes recaídas. “Ya llegué muy joven”, relató, y señaló que actualmente es cada vez más frecuente encontrar en los grupos a personas de 19, 20 o 21 años. Según su experiencia, cuando llegó ya se encontraba afectado tanto en el plano personal como en sus vínculos familiares.
El joven explicó además que durante un tiempo decidió mantener su situación en el anonimato debido al estigma asociado a las adicciones. Con el paso del tiempo, afirmó, comenzó a comprender que la recuperación permite reconstruir distintos aspectos de la vida. “Nosotros nos podemos recuperar, existe una salida, podemos volver a ser una persona íntegra en la sociedad”, sostuvo. Para Marcelo, uno de los cambios centrales consiste no solamente en dejar de consumir, sino también en modificar hábitos y formas de relacionarse.
En su recorrido, Marcelo también identificó un momento de quiebre durante el cual comprendió que necesitaba ayuda. Recordó especialmente el período posterior a la pandemia, cuando el consumo había pasado a ocupar gran parte de sus días. “Era consumir desde que me levantaba hasta que me acostaba”, contó. Después de atravesar ese momento y de permanecer un tiempo sin consumir, llegó a Narcóticos Anónimos atraído por las experiencias de otros integrantes y por el vínculo que se genera dentro de los grupos.
El estigma también aparece en situaciones cotidianas para Marcelo, incluso a través de comentarios o bromas relacionados con el consumo de alcohol y otras sustancias. Explicó que actualmente aprendió a establecer límites cuando una situación le resulta incómoda. “Cuando yo acepto la enfermedad que tengo y acepto que tengo que de alguna manera empezar a reinsertarme en la sociedad”, señaló, también comenzó a asumir que puede retirarse de determinados espacios cuando considera que no le hacen bien.
Los tres testimonios coinciden en señalar la importancia de reconocer la existencia de un problema y pedir ayuda. Marcelo recordó que, en su caso, hubo un período en el que recibió señales pero no las escuchó hasta que finalmente llamó a su madre durante la madrugada para decirle: “Llevame a los grupos, no puedo más”. A partir de esa experiencia, sostuvo que ante la sospecha de que existe un problema de consumo puede ser importante buscar información y acercarse a una reunión, ya que “es gratuito, es confidencial”.
La jornada del 10 de octubre en la Capilla San Rafael se plantea así como una oportunidad para conocer de manera directa el funcionamiento de Narcóticos Anónimos y escuchar experiencias de personas que forman parte de esos espacios. Luis invitó especialmente a quienes atraviesan situaciones vinculadas con el consumo a no afrontar el proceso en soledad y remarcó que “no estás solo”. La actividad será abierta y gratuita, con talleres, conversaciones y disertaciones a cargo de participantes de distintos puntos de la región.









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