En una celda de la unidad penal de Cerro Azul, fue hallado ayer un teléfono celular que se investigará si fue el que utilizó el bonaerense, condenado a 16 años de prisión hace una semana por el Tribunal Penal 2, para volver a contactar a su víctima de abusos sexuales, amenazas y lesiones, su expareja y quien se quitó la vida este martes.
De acuerdo a fuentes contactadas por PRIMERA EDICIÓN, el aparato apareció tras la requisa y las órdenes solicitadas desde el Juzgado de Instrucción 2 de Posadas, luego de la denuncia de la madre de la mujer, de 34 años, que tomó la drástica decisión hostigada con mensajes durante todo el fin de semana y lunes pasado por el detenido.
Vale remarcar que el TP-2 en su veredicto del jueves 24 de septiembre ordenó la prohibición de cualquier tipo de contacto y por cualquier medio del victimario con la víctima. Por lo que no solo violó la restricción de poseer celulares en la cárcel, sino que tampoco respetó la medida emitida por los jueces César Antonio Yaya, Augusto Gregorio Busse y Gustavo Arnaldo Bernie.
El nuevamente investigado fue hallado culpable a la pena mencionada por los delitos de “lesiones leves calificadas por el vínculo, amenazas y abuso sexual con acceso carnal, un hecho, todo en concurso real” .
Ahora se aguarda que el celular secuestrado en Cerro Azul se sume a los elementos solicitados por el fiscal de Instrucción 2, Christian Antúnez Neremberg, quien inició la investigación tras la denuncia de la progenitora de la víctima. El teléfono de la mujer que se quitó la vida ya fue puesto a disposición de la Justicia por la denunciante.
El jueves pasado, el TP-2 además de condenar al acusado por los abusos sexuales, amenazas y lesiones, solicitó que se lo investigue por instigarla a mentir durante el juicio y forzarla a su retractación. La mujer intentó cambiar su relato, pero se descubrió a tiempo el plan montado para que mintiera, luego que el fiscal del debate, Vladimir Glinka, solicitó que se le secuestrara el teléfono celular al percatarse que había recibido mensajes de WhatsApp desde la cárcel enviados por su expareja e imputado.
Se extrajeron las comunicaciones y fueron expuestas las conversaciones en las que la víctima fue obligada a negar que fue sometida, e incluso a sostener que hizo una falsa denuncia.
Por esta maniobra, el tribunal pidió que el defensor particular del encartado también sea investigado por la presunta comisión del delito de “instigación al falso testimonio”.
Durante el debate, cuando declaraba la víctima, el abogado mostró una hoja impresa con un mensaje de WhatasApp donde ella le pedía perdón al acusado. El fiscal no tardó en solicitar que se investiguen las comunicaciones.
Glinka resumió en su alegato en el debate: “No hay duda ninguna en este caso que él hacía lo que se le cantaba a ella. Le quitó a golpes el consentimiento para abusarla sexualmente, pero incluso cuando ya no podía de tanta cocaína que consumía la volvía a castigar. Es decir, no existió consentimiento alguno, no tenía otra opción la víctima, se lo imponía a palos”.
“Para que no se escapara le repetía ‘te voy a matar, voy a quemarte la casa con tu familia adentro’. Y lo hacía cuando la abusaba delante de la hija de ella, una niña pequeña”.






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