Ezequiel Miño y Horacio Grondona, enviados especiales
Al llegar al lugar, primero se observa el gran lago y luego la entrada que llama la atención: a la izquierda, una larga escalera con un Jesucristo en la cima. “Somos católicos, nos inspiramos en hacer algo distinto, no vamos a poner una lata de cerveza con una mujer en bikini”, cuenta Don Casiano Glinka entre risas mientras recibe a Escapadas.
El recorrido hacia la puerta de ingreso nos muestra el mapa de Misiones, el mate y la figura de “nuestro héroe” Andresito Guacurarí, que nos dan la bienvenida. Todos trabajos en arcilla y cemento realizados por la propia familia, es que este lugar se puso en pie a puro sudor y corazón de los Glinka.
Don Casiano es descendiente de ucranianos y siempre se dedicó a la tierra: a producir verduras y frutas, criar animales y vivir una vida tranquila en la chacra.
Gracias a sus ricas producciones, comenzó a vender sus productos en la feria de Oberá. Y allí, luego de recibir reseñas favorables, tuvo una idea: comenzar un emprendimiento familiar destinado a los visitantes. Para que conozcan cómo se producía, pero también a sentir la tierra, saber cómo plantar, cómo cosechar lechuga, acelga, rabanito, etc. En 2007 abrió la granja.

Junto a sus hijos y su nuera María Pezuk, quien hoy es la encargada del lugar, pensaron el lugar además como un espacio de descanso, lejos de los ruidos, con comodidades. Se fueron especializando en el rubro turístico rural y construyeron piletas, quinchos, parrillas, cabañas, un comedor y hasta una proveeduría.
El predio de 30 hectáreas posee piletas para adultos y para niños con juegos y esculturas llamativas. Además, cuatro piletas naturales para pesca deportiva con devolución, baños y quinchos espaciosos con parrillas para los visitantes.
Para quienes eligen acampar o simplemente pasar el día, también hay parrillas al aire libre en un amplio espacio verde, rodeado de flores y árboles.
Don Casiano mantiene la huerta orgánica y hay un comedor techado con un fogón gigante para el disfrute de las familias, utilizado también para eventos. Todo es atendido por Don Casiano, quien se encarga de hacer el asado y servirlo en la mesa de los comensales.
En el gran lago -que se ve al llegar- y las lagunas de pesca, se observan gansos, patos, ñandúes y carpinchos.
Al atardecer, el avistaje de garzas y otros pájaros que eligen la laguna para reposar y refrescarse, es un espectáculo que en otro lugar de Misiones es difícil de encontrar.
En materia de alojamiento, cuentan con varias cabañas para cuatro y seis personas. Las mismas tienen TV, Wifi, aire acondicionado, juego de sábanas, utensilios, cocina y heladera, además de baño privado y cochera para vehículos.

Un museo para homenajear a los inmigrantes
Por otra parte, Don Casiano contó que están ultimando en el lugar un museo (que está en un 80% terminado) en homenaje a los inmigrantes que llegaron a poblar la región, entre ellos, sus bisabuelos que arribaron desde Ucrania hasta Azara cuando Misiones era Territorio Nacional.
“Este es un sitio de familia, nació hace muchos años. La gente que viene acá se va enamorada del lugar y siempre quiere volver”, dijo Casiano. Con la invitación hecha, solo queda llegar a La Granja para una escapada hacia el verde campo del sur misionero.
Cómo llegar
Desde Posadas, tomar la ruta nacional 12 hacia el sur y luego continuar por la ruta 105 hacia San José. Desde el cruce San José, seguir por la ruta nacional 14 hasta Apóstoles y continuar por la ruta provincial 1 hacia Azara. La Granja de Casiano se encuentra en el Lote 255, al final de la ruta provincial 1, a unos 500 metros del empalme con la RP 2, y aproximadamente a 18 kilómetros de Apóstoles.







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