La comunidad artística de Misiones despidió ayer a Marcelo Reynoso, quien falleció a los 63 años. Referente de la cultura titiritera y destacado gestor cultural de la provincia, fue uno de los fundadores de la Murga de la Estación y de la Compañía Kossa Nostra, impulsor del Festival Internacional de Títeres Kruvikas y creador de La Cabaña de los Muñecos, en Puerto Iguazú. A través de estos y otros proyectos llevó el arte de los títeres a toda la región, el país y distintos escenarios de Latinoamérica.
Su despedida se realizó en el Galpón de la Murga de la Estación. Allí, familiares, amigos, colegas y miembros de la comunidad le dieron el último adiós con profundo pesar, pero también con música, teatro y la presencia de algunos de sus títeres que marcaron su trayectoria. Todos ellos cobraron vida a través de su talento, el humor, la identidad misionera y una impronta única para retratar la realidad desde el teatro de títeres.
En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, Omar Holz, director del Instituto Provincial de Teatro Independiente (IPTI) y referente del Festival de Títeres Tatá Pirirí, recordó a Reynoso como un creador excepcional. “Marcelo fue un referente impresionante. Compartir con él era disfrutar de su libertad creativa, de su imaginación y de un humor extraordinario. Tenía una manera muy fresca de abordar cualquier temática y, a través del humor, nos invitaba a reflexionar, a reírnos de nuestras propias actitudes absurdas y a repensar permanentemente la vida. Fue un maravilloso creador de personajes populares en los que la sociedad podía verse reflejada”.
Holz también destacó su enorme capacidad artística y de gestión. “Además de ser un gran titiritero, era un artista plástico excepcional, un constructor de muñecos y un creador capaz de resolver cualquier desafío escénico. Fue un verdadero genio. Junto a Túny, Rita y tantas personas que integraron la cooperativa Kossa Nostra impulsó proyectos fundamentales como la Murga de la Estación, siempre convocando e incluyendo a otros. Tenía una enorme capacidad para generar iniciativas y sostenerlas en el tiempo”.
El referente del teatro independiente recordó además el legado que dejó con el Festival Internacional de Títeres Kruvikas y con La Cabaña de los Muñecos. “Durante muchos años llevó adelante un festival internacional maravilloso en Posadas y, más recientemente, creó La Cabaña de los Muñecos, un espacio construido con una sensibilidad, creatividad y belleza admirables. Pero, por encima de todo, Marcelo será recordado por su humor, por su generosidad y por esa capacidad permanente de generar encuentros. Estoy profundamente agradecido por todo lo que compartimos. Cuando pienso en él, inevitablemente aparece la risa. Y justamente así fue su despedida: con la risa presente, como él hubiera querido”.
Por su parte, Berenice Texeira Villalba, integrante de la Compañía de Títeres Reciclo Circo, junto a Diego Raga, expresó el profundo dolor que dejó su partida. “La verdad es que estamos destruidos. En lo humano, perdimos a un gran amigo; y en la cultura, a una persona irremplazable. Marcelo era cultura, era identidad. A través de cada uno de sus personajes lograba reflejar el alma misionera y por eso conectaba tan profundamente con la gente. Esa frescura y esa picardía son muy difíciles de volver a encontrar”, definió.
También remarcó el legado que deja para las nuevas generaciones de titiriteros. “Los que seguimos haciendo teatro de títeres tenemos la responsabilidad de continuar ese camino. Hoy resuenan en nuestra memoria todos sus consejos, su apoyo y la confianza que siempre nos transmitía. Lo único que nos queda es recordarlo y afrontar un vacío enorme que no se puede llenar. Su ausencia deja una marca inmensa en la cultura misionera y en el corazón de quienes lo conocimos. Cuántas generaciones crecieron con personajes como Lobito, Kokito y tantos otros. Ese legado permanecerá para siempre”, cerró.










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