Este viernes 31 de julio, se despidió formalmete del fotoperiodismo uno de los fotógrafos más reconocidos de Misiones cerrando una etapa de 42 años de trayectoria profesional. Lo hizo con la humildad con la que comenzó, allá por 1984, cuando ingresó al diario El Territorio sin imaginar que décadas después sus imágenes recorrerían el mundo.
Su historia dentro del periodismo no empezó detrás del lente. Antes de convertirse en reportero gráfico pasó por distintas funciones dentro del diario: trabajó en maestranza, seguridad, guardia y también como chofer. Fueron esos viajes junto a los periodistas los que despertaron definitivamente su interés por la fotografía.
Pero la historia había comenzado mucho antes. Huérfano desde los ocho años, Marchak trabajó desde muy pequeño vendiendo diarios y lustrando zapatos en una esquina de Leandro N. Alem. Mientras ofrecía los ejemplares a los vecinos, había algo que lo intrigaba profundamente.
“Yo miraba las fotos del fútbol y no entraba en mi cabeza cómo estaban esas imágenes en el diario. Me preguntaba cómo hacían para llevar la cancha hasta ahí”, recuerda entre risas. El destino quiso que aquella curiosidad infantil terminara convirtiéndose en un oficio. Fue Luis Alberto Pérez quien vio en él un potencial que todavía desconocía. “Confío en que vas a ser un buen fotógrafo”, le dijo antes de incorporarlo al equipo de fotografía, integrado por profesionales con una extensa trayectoria. Allí aprendió el oficio que marcaría su vida.
Este nuevo trabajo, fue marcado por una gran anécdota, que tiene que ver con su primer cobertura. Tras ser enviado a tomar registro de la rotura de un caño de agua, tomó su camara, fue hasta el lugar y regresó para revelar el rollo. Sin embargo, la sorpresa y el miedo le recorrió el cuerpo cuando se dio cuenta que la camara no tenía rollo: “Volví corriendo si nque nadie se diera cuenta, llegue y justo lo habían cerrado al paso de agua, le pedi por favor que lo abrieran de nuevo o me echaban”, relató entre risas. Le concedieron el pedido y finalmente tomó las fotos. Una de las tantas historias que quedaron para la historia.
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Después de 22 años en El Territorio, en 2006 se sumó al equipo de PRIMERA EDICIÓN, donde desarrolló las últimas dos décadas de su carrera y siguió construyendo un archivo fotográfico invaluable para la historia de la provincia en el Diario de Misiones.
A lo largo de esos años retrató a personalidades como Diego Maradona, Pelé, Ayrton Senna y al expresidente estadounidense George Bush padre. También captó la emblemática imagen del bote navegando frente a las Cataratas del Iguazú, una fotografía que dio la vuelta al mundo durante la campaña que consagró a las Cataratas como una de las Siete Maravillas Naturales. También trabajó como corresponsal fotógrafo del reconocido diario Clarín a nivel nacional. Sin embargo, cuando habla de sus mejores fotografías no menciona premios ni reconocimientos. “Para hacer una buena foto, tu mente, tu corazón y la vista tienen que estar en el mismo eje”, resume.
Entre miles de coberturas, hay una que todavía lo emociona. Ese día comenzó fotografiando un amanecer, luego cubrió el nacimiento de trillizos en el interior de la provincia, más tarde un accidente de tránsito con cuatro víctimas fatales y, cuando regresaba a Posadas, decidió detenerse unos segundos para registrar un atardecer sobre el arroyo Garupá con el último fotograma que le quedaba en el rollo.

“Cuando llegué a mi casa pensé que en un solo día había fotografiado un amanecer, unos trillizos, cuatro muertos y un ocaso. Ese día fotografié la vida y la muerte”, recuerda. Esa mirada sensible para el fotoperiodismo fue la que lo acompañó durante más de cuatro décadas. Porque detrás de cada imagen hubo horas de viaje, madrugadas, coberturas bajo la lluvia, acontecimientos históricos, tragedias, celebraciones y miles de kilómetros recorridos por toda la provincia.
Como suele ocurrir en el periodismo, esa pasión también tuvo un costo: “Me perdí muchos momentos con mi familia. Muchas veces tenía que decir que no porque al otro día viajaba. Me perdí cumpleaños, actos de la escuela… Son cosas que ya no vuelven, pero ahora trataré de compartir más tiempo con ellos”, confiesa refiriendose a sus hijos Juan Pablo y Victoria.
Con la jubilación comienza una nueva etapa. Se va quien durante más de cuatro décadas registró la memoria visual de Misiones, pero permanece su legado: imágenes que quedaron grabadas en las páginas de los diarios y en la memoria de generaciones de lectores. Porque si algo demostró Juan Carlos Marchak a lo largo de su carrera es que una fotografía puede detener el tiempo.






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