Se cumplieron diez meses de un femicidio ocurrido en Puerto Esperanza. La víctima fue una enfermera de la localidad, quien fue hallada asesinada en un baldío al lado de la casa donde trabajaba. Un sospechoso de 45 años, hijo del hombre al que ella cuidaba, fue detenido por el caso. El material probatorio estaría completado y el expediente cerca de ser elevado a juicio.
Este Diario pudo saber que los últimos informes requeridos por el juez Martín Brites fueron remitidos al Juzgado de Instrucción 3 de Puerto Iguazú, de manera que inicialmente no faltarían pruebas para cerrar la investigación. Más allá de ello, debe informarse acerca de todo lo actuado a la querella y a la fiscalía, para que de haber conformidad se lleve a cabo el trámite formal de solicitar que todo lo investigado por el crimen de Irene Elvira Medina (61) sea elevado a debate y que el acusado responda por el crimen de la mujer ante los magistrados de un tribunal.
En diciembre pasado le fue dictada la prisión preventiva por el delito de “femicidio”, el cual estipula la pena de prisión perpetua en caso de una condena.
Las pericias psicológicas indicaron que el imputado comprende la criminalidad de sus actos, aunque tiene dificultad para contener impulsos y responder de manera agresiva.
La víctima era una persona muy conocida en el pueblo, cuyos vecinos la destacaron como una persona “trabajadora”, “solidaria”, “sana”, que “no merecía morir así”.
La autopsia estableció que el cuerpo de la víctima presentaba “traumatismos graves en el rostro, con fractura de huesos que incluyeron la parte frontal de la calota craneal”. Pero lo que provocó su deceso fue la “rotura de vértebras cervicales”, todo producto de una golpiza.
Efectivos de la comisaría de Puerto Esperanza comenzaron a buscarla el viernes 26 de septiembre de 2025, luego que su hija denunciara su desaparición.
La joven de 21 años indicó que Irene había salido a las 15 de su vivienda del barrio Villa Nueva y ya entrada la noche aún no había regresado.
El personal fue por la averiguación lógica inicial, ir a la casa donde fue a trabajar la mujer y preguntar si sabían algo de ella.
Los recibió un hombre cuya respuesta no fue convincente para los investigadores. Además, observaron que tenía rasguños en el rostro.
Solicitaron al juez una orden de allanamiento y, si bien en el domicilio no hallaron nada, observaron que una parte del patio trasero no tenía muro perimetral. Revisaron con linternas el terreno lindante y junto a una torre de agua encontraron el cuerpo de Irene Medina.
Días después, el sospechoso detenido fue indagado por las autoridades judiciales. Dijo que no recordaba cómo o quién le provocó los rasguños en el rostro. Reconoció que ese viernes consumió “pedra” todo el día en la casa. Que había oído que ladraban los perros pero no salió de su habitación dado que estaba drogándose.
Dijo además que no sabía quién la mató ni tampoco por qué el cuerpo estaba en ese lugar.











Discussion about this post