Milagros Otazú (25) hace una pausa. A la cabeza vuelven los recuerdos aún frescos de la consagración con Racing en la Primera Femenina de AFA, el último miércoles. Y también aquellos inicios en la canchita del barrio A-3-2 de Posadas, los primeros partidos en la Liga Posadeña y un largo camino por el que valió la pena transitar.
“Yo era la única nena jugando en la Liga, entonces las madres de los otros chicos, de los rivales, se quejaban. Hoy todo eso cambió y que una nena pueda entrenar sin esos prejuicios me llena de orgullo”, reflexiona ante EL DEPORTIVO la referente misionera de La Academia.
El año pasado, “Mili” marcó un hito al ser la primera jugadora del femenino de Racing en cumplir cien partidos oficiales. Ahora volvió a escribir su nombre en la historia del club de Avellaneda: fue titular en la victoria por 2-0 sobre San Luis FC que le dio al club su primer título femenino en AFA.
Milagros… ¿qué significa este primer título con Racing?
Significa mucho, porque lo veníamos buscando. Yo estoy hace mucho en Racing y tiempo atrás lo veíamos como algo lejano. Creo que todavía no caemos, este título es un sueño cumplido. Jugamos cada partido como una final, todas estamos muy contentas.
¿Cómo fue todo este proceso en el club?
Este es mi sexto año en Racing. Y el fútbol femenino tuvo en el club un crecimiento muy grande en todo este tiempo. Pasamos de no tener casi nada a que hoy tengamos todo. El club le da importancia al femenino, a la reserva, a las inferiores… Y eso suma también de cara al futuro.
¿Cómo ves al fútbol femenino en los próximos años?
El fútbol femenino va a seguir creciendo. Crecimos mucho en pocos años. Y ahora que hay inferiores, que las chicas aprenden desde pequeñas, creo que en el futuro va a ser aún más competitivo, más vistoso… Hoy la gente está informada, hoy todos los partidos son transmitidos. Quizás falta todavía que algunos clubes, principalmente en el interior, apuesten por el femenino, así como lo hicieron Belgrano y Newell’s, que ya son campeones de AFA.
¿Cómo ves esa realidad en Misiones?
Creo que tiene mucho que ver la parte estructural. Para que el femenino crezca, las ligas tienen que tener una base, que las canchas sean buenas, que haya buenos árbitros, buena organización, recursos… y cada club tiene que apostar en serio a las inferiores, que es lo importante.
Cuánto camino recorrido desde tus inicios…
Sí, yo empecé jugando en la cancha frente a mi casa, en A-3-2, con mis amigos del barrio. Y un día, tomé coraje y le escribí por Facebook a un primo que entrenaba en Racing de Posadas, vaya casualidad (se ríe)… por eso le tengo un cariño especial a este club. La cuestión es que era la única nena jugando en la Liga Posadeña… me acuerdo cómo Daniel Porca y “Teddy” Duarte iban a pelear a la Liga para que me dejen jugar…
¿Fueron difíciles esos primeros pasos?
Recuerdo que finalmente me dejaron jugar en la 2001, pero había mucho prejuicio. Las madres de los otros equipos se quejaban… Yo siempre fui defensora y entonces si me iba bien en un partido, después los compañeritos de los chicos rivales se burlaban del que yo le había sacado la pelota, ese era el problema. Recibía comentarios muy feos y también mis compañeros de equipo, era todo muy incómodo, pero ellos me defendían y terminamos siendo como una familia. Me acuerdo que, al comienzo, mis papás estaban un poco preocupados, pero yo siempre fui muy decidida y ellos me apoyaron siempre. Y hoy no me arrepiento de nada de eso, todos fueron aprendizajes que me hicieron lo que soy hoy.
Y desde entonces, algunas cosas cambiaron…
Esos inicios me marcaron mucho, me hicieron más fuerte. Y que hoy todo eso haya cambiado y que una nena pueda ir a entrenar sin prejuicios, en lo personal me llena de orgullo. Antes no había esa facilidad, no existía el fútbol mixto, con el que yo estoy de acuerdo hasta cierta edad, porque después los físicos ya cambian… pero ese fútbol mixto te da otra dinámica…
Fuiste de las primeras en irte a Buenos Aires… Abriste un camino…
Sí, fui una de las primeras, también estaba Ceci López. Sucedió que después de los 12 años me fui a Huracán de Posadas, que era el único equipo que salía a jugar afuera de la provincia. Fuimos a un torneo en Reconquista y ahí me vieron los entrenadores de la Selección Argentina Sub-17. Y ahí empecé mis viajes a Buenos Aires, hasta que llegué a UAI Urquiza, donde salimos campeonas de AFA en 2018. Y de ahí a Racing. Es un orgullo ayudar a abrir ese camino, hoy hay muchas más misioneras en Buenos Aires. Antes había pocas oportunidades para que las chicas puedan soñar.
¿Qué mensaje le dejas a las chicas que te ven y quieren seguir tus pasos?
Les digo que se animen a soñar. Mirá, cuando yo era chica, no tenía ni siquiera una ídola en el fútbol femenino a quien imitar. Y es que en esa época no se conocía casi nada. Hoy todo está a la vista, así que con más razón hay que animarse porque todo es posible. Los sueños se trabajan y, con trabajo, lo que parece lejano se vuelve cercano.







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