Por Myrian Beatriz Vera y Juan Carlos Marchak, enviados especiales
Hace veinte años, cuando hablar de flores de corte en Misiones sonaba casi como una excentricidad, el ingeniero agrónomo, Julio Yamada, decidió apostar por ese cultivo todavía impensable y no se equivocó.
“En La Plata hice una pasantía con productores de flores y en ese momento vi que podía ser una alternativa local”, dijo Yamada a PRIMERA EDICIÓN quien lo visitó en la chacra donde antes crecía yerba y citrus y hoy florecen miles de crisantemos, gerberas y gipsofilas.
La producción comenzó con lilium destinado al mercado concentrador bonaerense, “aprovechando que durante el invierno esa especie no podía producirse en la principal región florícola del país”, recordó sobre la decisión, que tampoco fue producto del azar. Había estudiado Agronomía en La Plata, donde se encuentra el mayor cinturón de producción de flores del país. Fue así que durante su formación se propuso forjar en la tierra colorada una idea que cambiaría para siempre el rumbo la chacra que administraban sus padres.

“Empezamos mandando flores a Buenos Aires. Yo incluso todavía producía allá y trabajaba en Mercoflor (Mercado de las flores de La Plata). La idea era complementar esa producción desde la provincia de Misiones”, contó.
Luego de tres años de experiencia, mientras los envíos continuaban hacia Buenos Aires, pero eran cada vez menos, las florerías misioneras comenzaron a enterarse de que existía un cultivo local. Primero fueron algunos comerciantes de la zona de Garuhapé. Después llegaron los grandes clientes.
“El boca a boca hizo el resto y terminó modificando el horizonte de nuestro emprendimiento”.
“Las floristerías grandes empezaron a venir al vivero a comprar y así fuimos incorporando otras variedades para abastecer al mercado interno de la provincia”.
“Ya no hacemos lilium, porque en La Plata se empezó a producir una variedad resistente al invierno de allá, pero a la vez el clima de Misiones nos permitió a nosotros que empecemos a plantar variedades nuevas a las que no les afectaba el frío de acá y la tierra era buena para pensar en más variedades de flores”.

La dinámica
Cuando se recorren los invernaderos, el perfume aparece antes que los colores… luego los blancos de los crisantemos, los amarillos, rosados, violetas y rojos rompen el verde intenso de la chacra donde el movimiento de los trabajadores es delicado, pero sostenido.
A su vez, el matrimonio integrado por Julio Yamada y Yuka Yamawaki organiza cada semana los pedidos que llegan desde distintos puntos de Misiones. Si bien, algunas floristerías reciben las flores mediante servicios puerta a puerta; otras prefieren retirarlas directamente del vivero perfectamente visible desde la ruta 12, situado a un kilómetro del ingreso a la Gruta India, si se viaja en el sentido Posadas-Iguazú.

Si bien allí también pueden ir particulares a comprar, Yamada procura preservar lo mejor de la producción para quienes viven exclusivamente del rubro.
Actualmente el establecimiento concentra su producción en tres especies: crisantemos, gerberas y gipsofilas, conocidas popularmente como “velo de novia”. El resto de las variedades que requieren las florerías se incorporan desde el mercado concentrador de Buenos Aires.
“Aparte del vivero donde nosotros producimos, también tenemos el depósito de flores y lo que nos falta traemos de las grandes zonas productoras. El 99% de las flores frescas que consume Misiones no es de acá. Ojalá eso cambie pronto”, cerró.
















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