Ismael Cala
Estratega de vida.
Detente un segundo, respira profundamente y piénsalo conmigo: en este momento, mientras tus ojos recorren estas líneas, hay una marea de emociones que cruza continentes y nos une en un solo latido. Quiero hablarte directamente a ti, que miras lo que ocurre en Venezuela desde la distancia con el corazón encogido, y de manera muy especial a ti que, dentro o fuera del país, estás viviendo el dolor más desgarrador de todos: haber perdido a un familiar, a un ser amado, en medio de esta dura realidad.
Sentir que el miedo y el duelo te paralizan el alma es una respuesta ante la pérdida. A todos les hablo hoy, porque el dolor de Venezuela es universal, trasciende pasaportes y supera cualquier distancia geográfica. El sufrimiento de este pueblo, y el llanto de tantas familias que hoy extrañan a los suyos, resuena con fuerza y nos abraza el pecho a todos por igual.
Cuando las crisis sociales y políticas nos sacuden y nos arrebatan tanto, es natural que fijemos la mirada en el caos exterior. Sabiendo lo mucho que esto pesa, y honrando el vacío inconmensurable que ha dejado la ausencia de tus seres queridos, hoy quiero invitarte a que miremos juntos hacia adentro, con infinita compasión, hacia ese sismo invisible que ocurre en el silencio de los hogares venezolanos y en la mente de su gente.
Lo que viene para Venezuela en temas de salud mental es un desafío colosal. Estamos ante una ola silenciosa de duelo colectivo que merece toda nuestra atención y cuidado. Las heridas del alma y el dolor de la pérdida, aunque se lleven en lo oculto, calan hondo y es por eso que hoy más que nunca buscar maneras para que, cada venezolano que hoy llora a un familiar se sienta profundamente abrazado y acompañado en su proceso de sanación.
Tenemos en nuestras manos el poder de actuar con conciencia y unidad, enfocándonos en lo que sí es posible y es ayudar a reconstruir y sostener con amor lo que permanece en pie, aquello que el conflicto o la crisis no pueden arrebatarte: tu mente, tu espíritu y tu fuerza serena para honrar la memoria de los que ya no están. Uno de los grandes desafíos en Venezuela, en paralelo con la recuperación física, es abrazar ese duelo, devolverle la calma al cuerpo, mitigar la ansiedad y recuperar el sueño arrebatado por la angustia y la tristeza.






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