El deterioro de la capacidad de pago de los hogares argentinos continúa profundizándose. Según datos difundidos por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), la mora en los préstamos bancarios otorgados a familias alcanzó en abril el 12,1%, el nivel más alto registrado en más de dos décadas y un indicador que refleja las dificultades crecientes para sostener compromisos financieros en un contexto de consumo debilitado.
El dato representa un nuevo salto respecto de marzo, cuando la irregularidad se ubicaba medio punto porcentual por debajo, y marca una fuerte aceleración frente a abril de 2025, cuando apenas alcanzaba el 3,7%. En apenas un año, el porcentaje de créditos familiares en situación irregular se triplicó, encendiendo señales de alerta tanto en el sistema financiero como entre los analistas económicos.
El último Informe sobre Bancos elaborado por el BCRA muestra que la cartera irregular del financiamiento al sector privado llegó al 7,3% durante el cuarto mes del año. Esto implica un incremento de 0,3 puntos porcentuales respecto del mes anterior y una suba de 5,1 puntos en comparación con el mismo período del año pasado.
Sin embargo, el principal foco de preocupación se concentra en los hogares. Allí la morosidad creció 0,5 puntos porcentuales en un solo mes y acumuló un aumento interanual de 8,3 puntos. La tendencia se viene registrando de manera ininterrumpida desde hace dieciocho meses y llevó los niveles de incumplimiento a registros que no se observaban desde 2004.

El fenómeno resulta especialmente llamativo porque se produce en paralelo a una economía que mostró señales de recuperación durante buena parte del período analizado. En octubre de 2024, la mora de las familias era de apenas 2,5%. Desde entonces, prácticamente se multiplicó por cinco.
Los mayores problemas se observan en determinadas líneas de financiamiento. Los préstamos personales registraron una irregularidad del 14,9%, mientras que en las tarjetas de crédito la mora alcanzó el 12,5%. En el caso de los créditos prendarios llegó al 7,3% y en los hipotecarios se ubicó en 1,5%.
Para los especialistas, estos números reflejan las dificultades que enfrentan numerosos hogares para compatibilizar sus ingresos con el pago de cuotas asumidas durante los últimos años. La desaceleración del consumo, la pérdida de capacidad adquisitiva y el peso creciente de los compromisos financieros aparecen entre las principales explicaciones del fenómeno.
Un informe de la consultora 1816 advirtió que el dato de abril mostró una aceleración respecto de los meses previos. “Quizás lo peor del dato de abril es que, a diferencia de lo que habíamos visto en marzo, se aceleró el aumento”, señalaron los analistas al evaluar la evolución reciente de los indicadores.
La situación no se limita únicamente al sistema bancario. La proporción de familias con deudas impagas en entidades no financieras también mostró un deterioro. En abril alcanzó el 31,5%, por encima del 30,7% registrado durante marzo, confirmando que el problema atraviesa a distintos segmentos del mercado crediticio.
Los datos procesados por la consultora permiten dimensionar la magnitud del fenómeno. Actualmente existen más de 5,3 millones de personas con al menos un crédito irregular, es decir, con atrasos superiores a los 90 días. El universo total de personas que poseen algún tipo de financiamiento ronda los 20 millones.
Esto implica que aproximadamente el 26,7% de quienes mantienen préstamos presentan al menos una deuda en situación irregular. En otras palabras, más de uno de cada cuatro tomadores de crédito registra dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras.
Los analistas advierten que este escenario podría tener consecuencias sobre la actividad económica durante los próximos meses. A medida que aumenta la cantidad de personas con antecedentes negativos, disminuye también el número de potenciales beneficiarios de nuevos préstamos, restringiendo una de las herramientas que había contribuido a impulsar el consumo en períodos anteriores.
“Muchos individuos dejarán de ser sujetos de crédito durante un tiempo”, advirtió el informe de 1816, que considera poco probable que el financiamiento a las familias vuelva a convertirse en un motor relevante de la actividad económica en el corto plazo.
No obstante, desde el sector bancario observan algunos signos de estabilización. A fines de mayo, representantes de distintas entidades señalaron que la mora habría comenzado a desacelerarse y que ya no muestra el ritmo de crecimiento observado durante meses anteriores.
Gustavo “Paco” Manríquez, CEO de Banco Supervielle, sostuvo recientemente que la situación continúa siendo delicada, aunque consideró que el indicador podría estar acercándose a una meseta. Según explicó, las entidades financieras trabajan en esquemas de refinanciación y reestructuración para evitar que los clientes profundicen sus dificultades de pago.
Una visión similar surgió de un relevamiento realizado por la Cámara Argentina Fintech junto al Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). El estudio concluyó que la mora dentro del ecosistema fintech también aumentó en línea con el resto del sistema financiero, aunque los indicadores de alta frecuencia muestran una desaceleración desde noviembre.






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