La fuerte inclinación de los argentinos a ahorrar en dólares y retirar esos recursos del circuito formal de la economía continúa siendo uno de los principales obstáculos para la inversión y el crecimiento del país. Así lo advierte un informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), que vincula este fenómeno con el histórico estancamiento económico nacional.
“La alta propensión a ahorrar en dólares y sacarlos del circuito formal es la contracara de la baja tasa de inversión que sufre la Argentina. Este es uno de los principales factores que explican la tendencia secular al estancamiento argentino”, sostiene el documento.
Según el análisis, la dolarización de los ahorros explica en gran medida las dificultades del Banco Central para acumular reservas, situación que se ve agravada por la salida de divisas a través de circuitos informales.
Los datos reflejan la magnitud del fenómeno. Desde la flexibilización del cepo cambiario, la demanda de dólares por parte de los ahorristas superó incluso el ingreso de divisas generado por el complejo agroexportador. Durante 2025, las compras de moneda estadounidense por parte de particulares alcanzaron los 38.806 millones de dólares, mientras que el sector cerealero y aceitero liquidó 31.323 millones. La tendencia también se mantuvo en los primeros meses de este año: hasta abril, los ahorristas adquirieron 11.366 millones de dólares, frente a los 8.177 millones ingresados por el agro.
El escenario adquiere mayor relevancia ante los compromisos financieros que deberá enfrentar el país en 2027. Solo en concepto de capital, los vencimientos de deuda externa en moneda extranjera rondan los 23.600 millones de dólares, cifra que supera los 32.000 millones al sumar intereses.
En un contexto marcado por la incertidumbre electoral y con un tipo de cambio que diversos analistas consideran atrasado, no existen señales claras de una reducción en la demanda privada de dólares. De mantenerse esta tendencia, advierten los especialistas, la acumulación de reservas que exhibe el equipo económico encabezado por Javier Milei y Luis Caputo podría resultar insuficiente para afrontar los compromisos financieros del próximo año.
A este panorama se suma otro factor de preocupación: las expectativas de un fuerte incremento en el ingreso de divisas provenientes del sector energético parecen moderarse. La reciente volatilidad internacional vinculada al conflicto entre Irán e Israel había impulsado una suba del petróleo, pero los precios volvieron a ubicarse por debajo de los 100 dólares por barril, reduciendo el potencial impacto positivo sobre las exportaciones argentinas.
Durante los primeros meses del año, el sector energético fue el principal sostén del superávit comercial. Sin embargo, este resultado también estuvo influido por una fuerte caída de las importaciones, asociada a la retracción de la actividad manufacturera y a la persistencia de un contexto recesivo en distintos sectores de la economía.





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