Karina Holoveski
Mujer Medicina-Chamana.
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Hay momentos en los que la mente no se detiene, ideas que van y vienen, escenarios que se repiten, voces internas que opinan, cuestionan, anticipan. Y sin darte cuenta empezás a creer que todo lo que pensás es cierto. Como si cada pensamiento fuera una verdad absoluta cuando en realidad, muchas veces, son solo interpretaciones, recuerdos o miedos que aprendieron a hablar dentro tuyo.
Tus pensamientos no siempre reflejan la realidad, pero sí influyen profundamente en cómo la vivís. Una misma situación puede sentirse completamente distinta dependiendo de lo que pasa por tu mente. Un pensamiento puede darte calma o inquietud, confianza o duda, apertura o cierre. Y ahí es donde empieza a tomar forma la experiencia, no tanto por lo que ocurre, sino por cómo lo interpretas internamente.
Muchas de esas voces que aparecen no nacieron con vos, las fuiste incorporando con el tiempo. Frases que escuchaste, creencias que adoptaste, formas de ver la vida que se instalaron sin que te dieras cuenta. Al no cuestionarlas, operan como un programa en segundo plano: repitiendo viejos libretos, anticipando peligros que no existen y erigiendo muros donde solo había espacio. Y cuando no las observás, terminan guiando tus decisiones, tus emociones y tus reacciones como si fueran parte de tu identidad, cuando en realidad no lo son. Vos no sos el ruido; sos el espacio donde el ruido sucede.
Empezar a cambiar la relación con tus pensamientos no significa dejar de pensar, significa dejar de creer todo automáticamente. Es poder observar lo que aparece sin engancharte con cada idea, sin identificarte con cada voz.
Es darte cuenta de que hay algo en vos que puede mirar esos pensamientos y que ese lugar es más amplio, más consciente, más libre. En esa sutil distancia se gesta la verdadera soberanía emocional. Cuando empezás a tomar esa distancia interna, algo se transforma. Ya no reaccionás igual ni te perdés en cada historia mental. Empezás a elegir qué sostener y qué soltar, entendiendo que retirar la atención es, muchas veces, el acto de desapego más liberador. Y poco a poco, tu forma de vivir también cambia porque dejás de estar condicionado por cada pensamiento y empezás a habitar tu experiencia con más presencia, más claridad, más amor.
Cuando soltamos esas limitaciones y abrimos el corazón, recordamos que la vida es para amar, experimentar y disfrutar. Volver a la unidad es regresar a lo que siempre fuimos: presencia, consciencia y amor. Nos vamos acompañando.💖






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