“Cuando me fui, Ayala seguía con vida”, aseguró Luis Alejandro Rodríguez Da Silva (35) ante el Tribunal Penal 1 de Oberá. De esta manera, el único acusado por el crimen del comerciante Rubén Orlando Ayala (59) se desligó del hecho, en el marco del inicio del juicio oral y público que comenzó ayer.
El homicidio fue cometido la noche del domingo 14 de mayo de 2023 en la colonia 9 de Julio, en Alba Posse, más precisamente en el bar de Ayala.
Durante la jornada de ayer desfilaron numerosos testigos, siendo entre los más relevantes la expareja de la víctima, Leila Alvez (49), quien fue la que más tiempo estuvo en la escena en los minutos previos al enfrentamiento entre el propietario del comercio y el encartado.
La mujer relató que llegó al lugar donde todo sucedió, es decir, el bar pool que tenía Ayala, al mando de un automóvil Corsa de color gris donde viajaba además el imputado, de quien aseguró “se había separado hacía apenas una semana”.
Luego agregó que “fui a buscar dinero para mi hijo más chico (que tenía en común con Ayala). En eso se bajó del auto Alejandro (Rodríguez Da Silva) y Ayala le dijo ‘¿usted qué viene a hacer acá?’ y le pegó una trompada en el pecho. Empezaron a pelear y entonces me fui caminando a mi casa que está a 200 metros del lugar”.
La mujer refirió que no vio que Ayala estuviera armado, pero que sí solía tener armas y que no pensó que iba a suceder una tragedia.
Dijo que se enteró de lo sucedido por un audio que le envió un vecino. Que los dos hombres se llevaban últimamente bien pese a que “unos meses antes Ayala le disparó, pero sin acertarle”.
Agregó que Ayala “se dedicaba a ser traficante” e incluso refirió que observó a alguien conversando con la víctima, pero que no lo vio porque estaba dentro del baño y que las dos mujeres presentes en el lugar deberían saber quién era. Sin embargo, las dos testigos, amigas de Ayala, negaron ayer esta versión.
Por último, denunció que “fui víctima de amenazas por parte de la familia de Ayala y por recomendación de la policía me fui del pueblo. Y fui amenazada ayer en el tribunal por parte de una hija de la víctima”.
El acusado
Además de desvincularse del homicidio, afirmando que Ayala estaba con vida cuando se fue de la escena, el acusado brindó detalles de la pelea.
“Él salió del bar para afuera y me dijo un par de cosas y probó de pegarme un par de piñas, las esquivé y entonces él sacó un arma de la cintura y yo le doblé la mano. Forcejeamos hasta dentro del bar, donde se le cayó el revólver y le di una patada al arma, que fue a parar bajo una mesa de pool. Le pegué un par de piñas, entre cuatro o cinco, y se cayó al piso. Cuando se iba a levantar lo pateé en el rostro. Luego, él se recostó contra una mesa de pool, estaba con vida y me volvió a amenazar. Yo di por terminada la pelea y me fui. Salí y me disparó el hijo de Ayala, por lo que pedí que me lleve un vecino al hospital de Alba Posse. Luego un abogado me recomendó que avise a la policía y luego me detuvieron”.
Por último, su defensa planteó que tiene problemas de salud de larga data en las piernas, en lo que se cree es una estrategia para argumentar que no podría haber pateado a la víctima.
La autopsia demostró que Ayala murió por “aplastamiento facial y craneal y pérdida de masa encefálica”.
Hubo más testigos, como las dos amigas de Ayala, pero que se fueron del lugar cuando percibieron que iba a haber una pelea. Tampoco vieron armado a la víctima. Otros testimonios no aportaron al hecho que se juzga.






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