La decisión del Gobierno nacional de eliminar decenas de regulaciones comerciales y dar de baja distintos programas de control de precios abrió un nuevo debate sobre el impacto que estas medidas tendrán en el consumo, la competencia entre empresas y el bolsillo de las familias. Para el economista Marcelo Ramal, la iniciativa no implica un cambio sustancial en el funcionamiento actual del mercado, aunque sí consolida un esquema que considera perjudicial para los consumidores.
“Muchas de estas regulaciones ya estaban completamente en desuso, no se cumplían. Lo que hace el Gobierno es consagrar una situación que de todas maneras es muy negativa para la persona que consume desde un salario”, señaló.
Explicó que “lo que tenemos en la Argentina es efectivamente un régimen económico que funciona con completa libertad de precios y ajustes sistemáticos, inclusive llevando a que las tasas de inflación se ubiquen entre el 2 y el 3 por ciento por mes”, afirmó en la FM 89.3 Santa María de las Misiones.
Ramal cuestionó además lo que considera una contradicción en el discurso oficial sobre la desregulación económica. A su entender, mientras los precios y las ganancias empresariales operan con amplios márgenes de libertad, los salarios continúan sometidos a fuertes restricciones.
“El único programa que no derogó el Gobierno es el de salarios cuidados. En el Ministerio de Trabajo rige el más estricto control sobre el precio del trabajo. No se homologan paritarias que superen determinados porcentajes”, sostuvo.
En ese sentido, remarcó que la supuesta libertad económica no alcanza a todos los actores por igual.
“Si el Gobierno quiere construir una escena de libertad económica, es una ficción. Existe libertad para el capital, para los movimientos económicos vinculados a precios y tasas de interés, pero el salario está estrictamente atenazado”, expresó.
El economista también apuntó contra los regímenes de promoción de inversiones impulsados por el Ejecutivo, al considerar que constituyen formas de intervención estatal selectiva en beneficio de determinados sectores.
“No nos creamos la ficción de una economía desregulada cuando en realidad existe una intensa intervención estatal para transferir riqueza social del trabajo al capital”, afirmó.
Consumo sostenido por deuda
Respecto de los programas de financiamiento y compra en cuotas, Ramal advirtió que el consumo de los últimos meses estuvo sostenido en gran medida por el endeudamiento de las familias y que ese mecanismo comienza a mostrar señales de agotamiento.
“La etapa económica que se recorrió durante 2024 y parte de 2025 tuvo una caída del consumo en una parte de la población, mientras otra logró sostenerlo mediante tarjetas de crédito y endeudamiento. Eso hoy está agotado por el altísimo nivel de deuda de las familias”, indicó.
Para el especialista, los planes de cuotas funcionaron como una herramienta para compensar la pérdida del poder adquisitivo, aunque con efectos limitados en el tiempo.
“Todo ese sistema de endeudamiento es una forma de sostener el consumo aun cuando los salarios están congelados. Pero tiene límites. El crédito al consumo inevitablemente es pan para hoy y hambre para mañana”, advirtió.
Finalmente, sostuvo que el deterioro del ingreso también alcanzó a sectores tradicionalmente identificados con la clase media. “Lo que llamamos clase media, que en general es una clase trabajadora con mejores salarios o con posibilidad de acceder a bienes durables, hoy está indudablemente empobrecida”, concluyó.






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