A casi nueve años del crimen de Fernando Pastorizzo, Nahir Galarza volvió a ubicarse en el centro de la escena pública tras conceder una extensa entrevista en la que habló sobre la condena a prisión perpetua que cumple desde 2018, el peso emocional que asegura cargar diariamente y las secuelas que, según relató, dejaron tanto el hecho como la enorme exposición mediática que rodeó el caso.
Durante más de una hora de conversación con Nati Jota y Paulo Kablan para un documental de Olga, la joven de 27 años abordó distintos aspectos de su historia personal y judicial. Aunque evitó profundizar en detalles sobre la noche del homicidio, reconoció su responsabilidad y sostuvo que nunca tuvo la intención de matar.
“No me sirve de nada porque ya estoy condenada y yo soy responsable. Me hago cargo sin los detalles, pero no fue intencional porque yo no fui pensando en matar”, expresó.
Al mismo tiempo, rechazó una de las versiones que circularon durante la investigación y el juicio. “No fue un accidente, se escapó el tiro, esa declaración que se transmitió desde Gualeguaychú, eso no es real tampoco”, afirmó.
En otro tramo de la entrevista, Galarza se refirió a la relación que mantenía con Fernando Pastorizzo y brindó su interpretación sobre los acontecimientos previos al crimen. Según manifestó, las discusiones entre ambos eran frecuentes y aseguró haber sufrido episodios de violencia. También aclaró en varias oportunidades que se trataba de su visión de los hechos y reconoció que la víctima no puede contar su propia versión.
“Un momento que se dio en base a una discusión donde Fernando reaccionaba muy mal contra mí. Él se ponía muy violento, me golpeaba, entonces fue así que empezó la situación”, relató.
La joven también reflexionó sobre el paso del tiempo y aseguró que ya no se reconoce en la persona que era cuando ocurrió el homicidio. Según explicó, la inmadurez emocional que tenía a los 19 años influyó en decisiones que hoy considera imposibles de repetir.
“Hoy puedo decir que no soy la misma persona que cuando tenía 19 años. No sería capaz hoy de hacer lo que hice”, señaló.
Incluso describió una sensación de extrañamiento respecto de aquella etapa de su vida. “Lo veo a la distancia como si hubiera sido otra persona”, agregó, al explicar que trabaja ese sentimiento en terapia.
Durante la conversación también reveló un episodio personal que, según sostuvo, ocurrió dos meses antes del crimen. Galarza contó que atravesó un aborto que habría sido impulsado por decisión de sus padres y aseguró que sospechaba que el embarazo era de Fernando Pastorizzo. Describió aquella situación como una experiencia dolorosa que todavía recuerda con angustia.
Consultada sobre el impacto psicológico de cumplir una condena perpetua, la joven aseguró que convive diariamente con el peso de lo sucedido.
“Todos los días me levanto sabiendo que estoy acá por haberle quitado la vida a una persona”, expresó.
Y añadió que el sentimiento de culpa no desaparece con el tiempo. “Es algo que llevás todos los días”, afirmó.
Respecto del vínculo con la familia de Fernando Pastorizzo, recordó que antes del juicio intentó acercarse a ellos para dialogar, aunque el encuentro nunca llegó a concretarse.
“Lo intenté hacer antes del juicio”, señaló. Según explicó, la propuesta fue rechazada por los familiares de la víctima. “No quisieron y lo comprendí totalmente”, agregó.
En ese contexto, planteó una reflexión vinculada al perdón y al impacto que podría tener un eventual pedido de disculpas. “¿Te parece que a la familia de Fernando le serviría que yo les pidiera perdón?”, preguntó durante la entrevista.
Más allá de la causa judicial, Galarza habló sobre su rutina dentro de la unidad penitenciaria donde permanece alojada. Contó que recibe visitas de sus padres cada quince días y que comparte el acceso a un teléfono celular con otras internas.
Además, explicó que se encuentra cursando el último año de la carrera de Psicología Social, participa de actividades recreativas y deportivas, practica yoga y brinda clases a otras mujeres privadas de la libertad.
La joven también reveló que reconstruyó su vida sentimental y que actualmente mantiene una relación con otro interno condenado a ocho años de prisión, a quien conoció en el ámbito educativo dentro del sistema penitenciario.
A lo largo de la entrevista volvió a cuestionar la sentencia que recibió y sostuvo que la repercusión mediática tuvo una fuerte influencia sobre el proceso judicial y sobre la percepción pública de su caso.
Sobre el final, fue consultada acerca de cómo le gustaría ser recordada después de años de exposición permanente en medios de comunicación y redes sociales. Su respuesta sorprendió por su sencillez.
“Preferiría que no me recuerden. Ser anónima”, afirmó.
Finalmente, dejó una reflexión sobre el modo en que el caso quedó instalado en la opinión pública. “Tampoco entiendo por qué se llama caso Nahir Galarza y no se llama caso Fernando Pastorizzo, que sería lo normal”, concluyó.





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