Este año, la Semana de Mayo empezó mucho antes en el Instituto Esperanza de Puerto Iguazú, donde jóvenes y adultos con discapacidad trabajaron durante varias semanas para confeccionar artesanalmente más de 700 escarapelas argentinas a pedido de una empresa local.
El pedido llegó en marzo y, desde entonces, las mesas de tres talleres de la institución se llenaron de cintas argentinas, pedrería y alfileres, en una tarea que puso a prueba las habilidades de estudiantes de todas las edades para diseñar las enseñas patrias que hoy recorren calles y negocios de toda la localidad.
La directora del Instituto Esperanza, Marcela Fretes, contó en entrevista con PRIMERA EDICIÓN que el número final de escarapelas que confeccionaron superó las 800 y que este tipo de experiencias tienen un valor especial para los estudiantes, porque les permiten trabajar con objetivos y ver que el trabajo que hacen es valorado fuera del instituto.
“Fue una experiencia de trabajo real que les dio motivación y sentido. El trabajo manual les permite desarrollar habilidades prácticas, concentración y autonomía, y el resultado es tangible. Cuando sienten que son protagonistas cambia su postura. Pasan de ser receptores a ser quienes producen y aportan”, resumió Fretes.
Con tiempo y dedicación
“Escarapelas del amor” comenzó a tomar forma en marzo, cuando desde una empresa local le solicitaron al Instituto Esperanza la confección de 700 escarapelas simples hechas a mano, como parte de un proyecto para estimular la participación comunitaria.
“Empezamos desde ese mismo momento a organizarnos, a sabiendas de que nos iba a llevar tiempo y dedicación”, recordó la directora.
En total, participaron tres talleres del instituto. Por un lado, el Taller AVD, integrado por jóvenes de entre 14 y 18 años con discapacidad mental y autismo. También el Taller de Artesanías, donde concurren jóvenes y adultos de hasta 40 años con discapacidad profunda y motora. Y además el Taller de Auxiliar Hotelero, integrado por adultos con discapacidad mental.
Cada grupo realizó distintas tareas, según las posibilidades de los estudiantes: algunos armaban las escarapelas, otros preparaban los materiales o colaboraban con detalles. Todo el proceso estuvo acompañado por docentes y un equipo técnico de la institución.
“La consigna la tomaron con compromiso y alegría. Nosotros siempre incentivamos el trabajo en equipo y los valores en cada proyecto que emprendemos, y eso se notó en el clima del taller”, contó Fretes.
Para la confección, utilizaron cinta argentina, stickers, piedras, canutillos, alambre, portaescarapelas y alfileres. Parte de esos materiales los consiguieron con ayuda de una librería de Iguazú, y el resto se cubrió con fondos de la cooperadora.
Con el pago recibido por el trabajo, la directora contó que pudieron recuperar lo invertido y sumar fondos para futuros proyectos dentro del instituto, pero sostuvo que lo más importante fue cómo vivieron los estudiantes este proyecto a medida que avanzaba la producción y una vez que tuvieron sus escarapelas en las manos. “Estaban muy felices con su producto”, aseguró.
A mediados de abril, otra noticia terminó de confirmar el impacto del proyecto: el Duty Free Shop sumó otras 30 escarapelas al pedido. Para muchos estudiantes, fue la primera vez que veían que algo realizado por ellos sobrepasaba las paredes del instituto y era un pedido repetido.
En total, confeccionaron 810 escarapelas: 730 para cumplir el objetivo y otras 50 que quedaron disponibles para la venta a la comunidad.
Convertirse en protagonistas
En el Instituto Esperanza, este tipo de proyectos habilitan mucho más que la actividad manual o recreativa, ya que permiten a los estudiantes “verse más allá” del espacio áulico y vivir experiencias vinculadas al mundo del trabajo, la producción y el contacto con la comunidad de Iguazú, uno de los principales objetivos que trabajan desde la institución.
En ese sentido, Fretes opinó que “en tiempos con muchas malas noticias, estas experiencias muestran lo que sí se puede construir”, porque “dan visibilidad al trabajo de las personas con discapacidad y generan vínculos reales con la comunidad”.
El hecho de que las escarapelas hoy recorran las calles y comercios de la ciudad da cuenta de ese trabajo y ayuda a mostrar otra mirada sobre la discapacidad, enfocada en lo que los estudiantes pueden hacer y construir de forma autónoma y trabajando en equipo.
Por eso, la directora aseguró que “es fundamental visibilizar el trabajo de la educación especial. Buscamos que la sociedad de Iguazú vea la capacidad de los chicos y revalorice eso, en lugar de marcar solo la discapacidad”.
“Queremos darles la oportunidad como a cualquier otro chico. Por eso trabajamos para lograr la inclusión social en cualquier ámbito de la sociedad iguazuense”, agregó Fretes.







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