Durante muchos siglos, la realidad fue para las personas sordas como esa pesadilla recurrente de despertar en un mundo donde todos hablan otro idioma. De a poco, fueron construyendo pequeños espacios donde podían comunicarse además de su entorno familiar, como la escuela para sordos. Pero aún hoy, la lengua de señas sigue siendo la materia pendiente en las escuelas argentinas.
No obstante, el interés por la misma aumentó notoriamente en los últimos años, tal como se evidencia en la convocatoria a los cursos que se dictan en distintos lugares de la provincia.
Este es el caso del curso de extensión que se dicta en la Facultad de Artes de Oberá, a cargo de la técnica universitaria en Lengua de Señas Argentina, Betiana Salomón, y de la profesora e intérprete en Lengua de Señas Argentina, Paola Amarilla.
En este curso básico de enseñanza de lengua de señas confluyen estudiantes de distintas carreras, pero también personas que trabajan en distintas áreas con atención al público -entre ellos comerciantes y taxistas- que asumieron el desafío de cruzar este puente para poder comunicarse con las personas hipoacúsicas.

“Los entendía, pero quiero comunicarme de una forma más fluida”
“Trabajo en atención al público en la panadería Doña Laura y van muchos clientes sordos y no tienen cómo comunicarse… por suerte, logramos comunicarlos a través de la escritura porque todos podían escribir lo que necesitaban. Pero me gustaría comunicarme de otra forma, más fluida”, contó Yuliana Neimer en diálogo con PRIMERA EDICIÓN.
También Laura Varela, que es la encargada del quiosco NEO 24 horas, decidió aprender lengua de señas para lograr una conexión más cercana con las personas sordas, “me pasó que vengan personas más grandes y me resultó muy difícil comunicarme con ellos y que nos entendiéramos… porque no todos saben leer y escribir. Pero con el lenguaje de señas que estamos aprendiendo en el curso, es muy ágil comunicarnos. Algunos ya me conocen y hasta podemos charlar un poquito, reírnos y llegar a una conexión más cercana, todo eso lo estoy logrando gracias al curso. Son muy divertidos y amigables… es muy satisfactorio poder incluirnos en una conversación sobre lo cotidiano”, destacó.
Para ambas, adquirir conocimientos básicos del lenguaje de señas significó sumar vínculos de calidad a sus vidas, “tengo un tío con el que ahora puedo comunicarme, algo que antes no podía hacer”, confió Yuliana.

“Sueño con un futuro donde los sordos tengamos un contacto social adecuado”
“La comunicación no es solo lengua de señas, a veces es ponerle el sentimiento, el cuerpo… estas son las cosas que estamos aprendiendo: a mantener la calma para poder comunicarse, cómo llamar la atención con respeto, es decir les enseñamos las formas de comunicación. Este es un curso básico, no buscamos que aprendan a hacer señas perfectas sino que logren una comunicación básica”, indicó Betiana Salomón, hipoacúsica, una de las docentes del curso.
Betiana destacó el interés que muestran las personas en aprender lengua de señas, “en este curso se inscribieron personas oyentes que tienen diferentes funciones y se desempeñan en diferentes lugares, también hay estudiantes… a todos les interesó aprender la lengua de señas, Se preocupan porque quieren comunicarse con personas sordas y ayudarles, cada uno desde su lugar”.
Remarcó la importancia de este cambio social que se está dando “que permite soñar con un futuro donde las personas sordas tengamos un contacto social adecuado”.
Betiana recordó que en la lengua de señas no solo se usan las manos, “se pone el cuerpo y eso no lo hace fácil, pero lo cierto es que con mi cuerpo y mis expresiones también estoy transmitiendo… por ejemplo, la palabra frío, puede ser según la expresión corporal que la acompañe frío o el mes de mayo. Eso tratamos de transmitir para que no se paralicen, no tengan vergüenza… son luchas que tenemos que dar para ir cambiando esto”.
La docente confió que tiene “un sueño personal, que en el futuro podamos las personas sordas realmente tener una inclusión social verdadera y no lo digo por mí, sino por los niños y jóvenes sordos que están creciendo ahora. Sueño con que los niños sordos puedan crecer y comunicarse no solo dentro de familias oyentes sino con la sociedad oyente en general, que terminemos con estas barreras. Porque hace algunos años la inclusión no se daba, teníamos muchísimas barreras y ahora se está dando un cambio, también gracias a la tecnología, a una mayor difusión de la lengua de señas a través de videos, lo que nos permite avances… pero lo que necesitamos de verdad es ver pasos como este curso”, destacó.
A su entender, es necesario ir de a poco porque “estos caminos de comunicación verdadera implican comprender que no es fácil para las personas oyentes transitar este camino. No solo los oyentes tienen que provocar este cambio, también los sordos al tener paciencia al enseñar, de corregir amistosamente. Que sepamos que somos dos comunidades distintas pero que podemos hacer un solo mundo a futuro”.

“Es emocionante lo que ocurre”
También para la profesora e intérprete en Lengua de Señas Argentina, Paola Amarilla, el interés de la gente en aprender lengua de señas es un primer paso para la inclusión de las personas sordas.
“Tengo 25 años de trabajo en la escuela para sordos, ya estoy jubilada, pero toda mi carrera docente fue una lucha de golpear puertas para tratar que los niños y jóvenes sordos pudieran encontrarse con una realidad social diferente”.
“Para mí es emocionante que esto se esté dando, que personas de todas las edades, diferentes ámbitos sociales y laborales estén interesadas en aprender… esto forma parte de los primeros pasos que se vienen dando desde hace un tiempo para que el cambio sea verdadero”, destacó.
En este contexto, agradeció a la Facultad de Arte y Diseño que abrió sus puertas para dar los cursos y brinda acompañamiento desde el área de extensión.
“Están atentos a todo lo que necesitamos y redoblan la apuesta todos los años para que esto pueda seguir saliendo”, destacó.
“Todos los profesionales deberían aprender lengua de señas”
Julieta, Yamila, Candela y Nadia son estudiantes de la licenciatura en Psicopedagogía y las cuatro asisten al curso de Lengua de Señas Argentina (LSA) en la Facultad de Artes de Oberá.
“Consideramos que todos los profesionales deberían aprender la lengua de señas para generar nuevos espacios más accesibles para las personas de la comunidad sorda. Conocimos el curso por la cuenta de Instagram de la Facultad de Artes y vinimos”, indicaron.
Todas ellas contaron que en sus actuales trabajos sintieron frustración por no poder comunicarse con personas sordas, “trabajo en un comercio y no pude comunicarme por falta de herramientas con personas hipoacúsicas que ingresaron”, contó Yamila Alpe.
“La primera barrera es no poder comunicarse, pero al tener la lengua de señas adquirida al menos en lo básico ya podemos acercarnos a esa persona que acude a nosotras y comunicarnos para resolver problemas desde nuestra profesión, eso ya es un paso grande”, destacaron.









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