Un informe elaborado por el Ieral NEA de la Fundación Mediterránea expone una transformación profunda en la dinámica de consumo de los hogares del Nordeste argentino. Aunque a nivel nacional el consumo privado alcanzó niveles récord durante 2025, en la región el comportamiento muestra una reconfiguración que se aleja de los bienes esenciales y se orienta hacia productos durables, en un contexto atravesado por ingresos que no logran recuperar poder adquisitivo.
El estudio advierte que este cambio no está sostenido por una mejora en los salarios. Por el contrario, tanto la masa salarial del sector privado registrado como los ingresos totales, que incluyen a trabajadores informales, crecieron por debajo de la inflación en los últimos años. En términos reales, esto implica una pérdida del poder de compra, que obliga a las familias a redefinir prioridades y buscar alternativas para sostener el consumo.
En paralelo, el informe señala que el gasto se ve condicionado por el fuerte incremento de los costos fijos del hogar. Rubros como servicios públicos, educación, salud, comunicación y transporte aumentaron muy por encima del nivel general de precios, lo que obligó a destinar una mayor proporción de los ingresos a cubrir esas necesidades.
Este fenómeno redujo el margen disponible para el consumo cotidiano, particularmente en supermercados.
En ese marco, los datos analizados por el Ieral muestran una clara divergencia. Mientras las compras y el interés por bienes durables crecieron con fuerza -con subas cercanas al 15% en electrodomésticos y autos, y de hasta el 95% en motos-, el consumo de bienes no durables y el uso de servicios como la energía eléctrica registraron caídas que en algunos casos alcanzan el 30%. El informe vincula este comportamiento con el nuevo escenario inflacionario.
A diferencia de 2023, cuando la aceleración de precios impulsaba compras anticipadas, la mayor estabilidad redujo la urgencia de abastecimiento. Sin embargo, ese alivio no se tradujo en un incremento del consumo general, ya que los mayores costos estructurales del hogar absorbieron buena parte de los ingresos.
En este contexto, el sostenimiento del gasto encuentra su principal apoyo en el financiamiento y en los ingresos complementarios. El trabajo destaca que el crédito al consumo mostró un crecimiento significativo, al igual que las transferencias del Estado, particularmente la AUH, que aumentó en términos reales y se consolida como un ingreso clave en los sectores más vulnerables. Según el Ieral NEA, esta combinación explica el dinamismo observado en ciertos rubros.
“El gasto de las familias está siendo sostenido, en gran medida, por financiamiento en cuotas y transferencias directas del Estado”, señala el informe, al tiempo que advierte que este esquema no se apoya en una mejora estructural de los ingresos laborales.
La contracara de este proceso es el deterioro de la calidad crediticia. La morosidad en los préstamos al consumo creció de forma sostenida durante el último año, con mayor impacto en los sectores informales. Estos hogares, que suelen quedar fuera del sistema bancario tradicional, acceden a financiamiento a través de entidades no bancarias que operan con tasas de interés considerablemente más elevadas. El informe remarca que esta segmentación genera una brecha significativa.
Mientras los trabajadores formales acceden a tasas más bajas, quienes dependen de canales alternativos enfrentan costos que pueden triplicar los del sistema bancario. Esta situación incrementa el riesgo de sobreendeudamiento y dificulta el cumplimiento de las obligaciones, en un contexto donde los ingresos continúan rezagados. A este escenario se suman desafíos estructurales para la región.
La menor presencia de compradores de países vecinos, la competencia con mercados como Brasil y Paraguay y la expansión de nuevos canales comerciales configuran un entorno más complejo para el comercio local, que debe adaptarse a cambios en la demanda y en las formas de consumo.
De cara al futuro, el Ieral NEA plantea que una eventual recuperación del salario real, junto con una baja sostenida de las tasas de interés y la expansión del crédito, podría generar un repunte del consumo. No obstante, advierte que ese proceso sería gradual, ya que las familias priorizarán ordenar sus finanzas antes de aumentar el gasto.





