Cada vez más hogares argentinos sostienen su economía diaria utilizando dinero previamente ahorrado, en una dinámica que se consolida como respuesta a ingresos insuficientes frente al costo de vida. El fenómeno, que se replica con distinta intensidad según la provincia, refleja un deterioro persistente del poder adquisitivo y una creciente dificultad para afrontar gastos corrientes sin recurrir a reservas o al crédito.
De acuerdo a un informe publicado por el medio El Destape, basado en datos de la Encuesta Permanente de Hogares procesados por Argendata, en varias jurisdicciones del país cerca de la mitad de las familias admite utilizar sus ahorros para llegar a fin de mes. El caso más extremo es Mendoza, donde el 50,3% de los hogares se encuentra en esa situación, seguida por La Pampa con el 49,8%, Santa Cruz con el 48,3% y San Juan con el 47,5%.
En ese contexto, Misiones aparece por debajo del promedio de las provincias más afectadas, aunque igualmente evidencia una problemática en expansión. Según los datos relevados, el 19,7% de los hogares misioneros recurre a sus ahorros para cubrir gastos corrientes, una proporción que si bien no alcanza los niveles de las jurisdicciones líderes, marca una señal de alerta sobre el deterioro de la economía cotidiana.
El informe describe un escenario en el que el ajuste ya no se limita a una reducción del consumo, sino que avanza sobre las reservas acumuladas por las familias. En ese sentido, la utilización de ahorros dejó de ser una herramienta ocasional para convertirse en una estrategia recurrente de supervivencia económica.
La situación se da en paralelo a cambios estructurales en el mercado laboral. En la última década, el crecimiento del empleo registrado estuvo impulsado principalmente por el monotributo, que aumentó un 67%, mientras que el empleo asalariado privado prácticamente se estancó, con una suba de apenas el 2%. Este tipo de inserción laboral, más inestable y con menores niveles de protección, impacta directamente en la capacidad de generar ingresos sostenidos.
Al mismo tiempo, el encarecimiento de los servicios profundiza la presión sobre los presupuestos familiares. Según el relevamiento citado, la inflación acumulada en servicios alcanza el 362%, muy por encima del 170% registrado en bienes, lo que obliga a destinar una mayor proporción de ingresos a gastos fijos y reduce el margen para el consumo.
En ese escenario, el endeudamiento aparece como complemento del uso de ahorros. Cada vez más familias recurren al crédito para cubrir gastos básicos, lo que a su vez incrementa los niveles de morosidad. Datos citados en el informe indican que el incumplimiento en los pagos creció de manera significativa, alcanzando niveles superiores incluso a los registrados durante la pandemia.





