Venezuela volvió a escena en el mercado energético internacional. En abril, sus exportaciones de petróleo aumentaron un 14% hasta alcanzar los 1,23 millones de barriles diarios, el volumen más alto desde 2018, antes de la imposición de sanciones que aislaron a su industria.
El repunte no es casual. Se apoya en un cambio geopolítico clave: la flexibilización de sanciones por parte de Estados Unidos y un acuerdo de suministro entre la administración de Donald Trump y el gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez. Ese giro permitió reactivar ventas a mercados que habían quedado prácticamente cerrados.
El dato más significativo es el destino de esos envíos. Estados Unidos volvió a posicionarse como el principal comprador de crudo venezolano, con unos 445.000 barriles diarios, seguido por India (374.000) y Europa (165.000). La diversificación marca un quiebre respecto de los años en que Caracas dependía de circuitos limitados y opacos para colocar su producción.
En total, 66 buques zarparon desde puertos venezolanos en abril, frente a los 61 del mes anterior, reflejando no solo mayor volumen sino también una logística más activa. A esto se suma el rol de grandes comercializadoras internacionales, que hoy transportan más de la mitad de las exportaciones, junto con compañías como Chevron, que incrementó su participación.
El contexto global también juega a favor. La tensión en Medio Oriente y las incertidumbres sobre el suministro energético elevaron la demanda y los precios, abriendo una ventana para productores que habían quedado relegados. Venezuela, con reservas aún significativas, capitaliza ese escenario.
Sin embargo, el regreso al mercado no implica autonomía plena. Estados Unidos mantiene el control sobre los ingresos petroleros venezolanos, que son canalizados a través de cuentas supervisadas por el Departamento del Tesoro, en un esquema que combina apertura comercial con tutela financiera.
En paralelo, los datos muestran una reconfiguración del negocio: mientras crecen las exportaciones de crudo, los envíos de subproductos y petroquímicos registraron una leve caída, y el país continúa importando insumos como nafta para sostener su producción.
El repunte de abril, en definitiva, confirma un cambio de tendencia. Venezuela deja atrás su aislamiento más profundo y vuelve a insertarse en el tablero energético global, aunque bajo nuevas reglas, marcadas por acuerdos políticos y condicionamientos externos.
Fuente: Medios Digitales





