Cecilia Castillo
Lic. en Psicología
whatsapp 3764 229954
El malestar en los jóvenes no se desvanece; vuelve a estallar como un grito frente a un mundo que parece haber olvidado cómo sostenernos y darnos un lugar compartido. Hoy muchos niños, niñas y adolescentes están sintiendo miedo.
Las amenazas en el colegio aunque a veces no se concreten, no son bromas “ni cosas de la edad”. Para un cerebro en desarrollo, la sensación de amenaza es real, intensa y muchas veces difícil de procesar. Como adultos no podemos minimizarla.
¿Qué pasa en el cerebro infantil? El cerebro infantil, especialmente la amígdala, reacciona rápido frente al peligro, pero las áreas que ayudan a regular y entender (como la corteza frontal) aun están madurando. Por eso el miedo puede sentirse abrumador, confuso o incluso expresarse como irritabilidad, llanto o rechazo a ir al colegio.
¿Qué podemos hacer como adultos?
• Escuchar sin invalidar (entiendo que te asuste).
• Evitar sobreexponer a noticias o conversaciones alarmistas.
• Entregar información clara, breve y adecuada a la edad.
• Reforzar la sensación de seguridad.
• Mantener rutinas, que ayudan al cerebro a sentirse seguro.
• Observar cambios: sueño, ánimo, conducta.
¿Y en los colegios?
La seguridad no es solo física, también es emocional. Los niños necesitan adultos que contengan, informen y actúen con calma.
Mensaje importante: el miedo se contagia, pero la calma también.
Nuestra forma de reaccionar como adultos es el principal regulador emocional de los niños.
No se trata de negar lo que ocurre, sino de acompañarlos para que no lo enfrenten solos.
La violencia en las escuelas es el reflejo de una sociedad adulta que ha perdido la calma y de un clima social donde la agresividad se ha vuelto el lenguaje cotidiano. Cuando el sufrimiento de un chico se aborda solo desde la seguridad, perdemos la oportunidad de prevenir. La verdadera protección nace del acompañamiento emocional, no de la vigilancia.








