La infancia y la adolescencia transcurren hoy en un escenario radicalmente distinto al de hace apenas una década. Redes sociales, plataformas de streaming y videojuegos en línea no solo son espacios de entretenimiento, sino también de socialización, construcción de identidad y exposición constante. Sin embargo, en ese universo digital aparentemente inofensivo, emergen riesgos silenciosos que interpelan tanto a las familias como al derecho.
Uno de los aspectos menos visibilizados -pero jurídicamente más relevantes- es la protección de la imagen de niños, niñas y adolescentes.
En Argentina, el derecho a la imagen es un derecho personalísimo reconocido por el Código Civil y Comercial (artículo 53), que protege tanto la captación o reproducción de la imagen como de la voz de una persona, sin su consentimiento. Cuando se trata de menores de edad, este resguardo se intensifica: cualquier exposición indebida puede afectar su dignidad, intimidad y desarrollo integral.
La problemática adquiere especial gravedad en redes sociales y videojuegos en línea, donde muchas veces los propios menores -o incluso sus adultos responsables- comparten fotos, videos o datos personales sin dimensionar el alcance. La viralización, el uso indebido de imágenes, el ciberacoso o incluso la manipulación de contenido (como deepfakes) son riesgos concretos y crecientes.
En este contexto, el desafío no es solo jurídico, sino profundamente cultural. La ley llega muchas veces tarde. Por eso, la clave está en la prevención y la educación digital.
Educar digitalmente implica enseñar a los niños y adolescentes que su imagen es valiosa, que no todo debe compartirse y que lo que se sube a Internet puede permanecer indefinidamente. Implica también fomentar el pensamiento crítico frente a desconocidos en línea, juegos con chat abierto o plataformas que incentivan la sobreexposición.
Pero la prevención no puede recaer únicamente en los menores. Aquí aparece un actor central: la familia. El concepto de cuidados parentales hoy se redefine en clave digital.
Supervisar, acompañar, establecer límites de uso, conocer las plataformas que utilizan los hijos y generar espacios de diálogo son herramientas fundamentales. No se trata de invadir, sino de estar presentes.
¿Cómo se presentan las amenazas para los niños, jóvenes y adolescentes en el entorno digital?
1) Mediante contacto con personas indeseables: por ejemplo, depredadores que dejan mensajes de redes sociales o en salas de chat de lobbys de juegos, suplantando su identidad; acosadores cibernéticos o estafadores de phishing que los engañan para que les dé información confidencial sobre sí mismos o sobre sus padres.
2) Mediante contenido inapropiado, como por ejemplo: contenido sexualmente explícito: en particular, imágenes y videos pornográficos; contenido violento: como escenas sangrientas, actos de agresión, o insinuación a cometer actos violentos; contenido obsceno o inadecuado para la edad: como lenguaje grosero o consumo de drogas y alcohol.
3) Mediante problemas de seguridad de la computadora: como por ejemplo; descargas ocultas que se instalan automáticamente con solo visitar un sitio web; infecciones de malware, que pueden darles acceso a otras personas a la computadora de tu hijo; publicidad indeseada.
4) Mediante amenazas de ciberseguridad; dadas a través de la Inteligencia Artificial, habiéndose descubierto que el bot de IA suele proporcionar contenido inapropiado a menores o establecer diálogos que los llevan a tomar decisiones dañinas; juegos en línea, que producen robo de cuentas o estafas de juego; redes sociales, utilizadas para producir acosos, amenazas, robos, incitación a la violencia, etc.
¿Cuáles son las medidas preventivas que los padres pueden tomar?
Fundamentalmente, controlar la administración del acceso, para lo cual existe el software de control parental, que permite administrar el tiempo que los hijos pasan en línea, monitorear la actividad en internet, configurar restricciones de acceso y bloquear ciertos sitios, entre otras cosas, y software antivirus, a fin de proteger los dispositivos contra estafas de phishing, malware, spyware (software espía, instalado sigilosamente para robar información personal, contraseñas, hábitos de navegación y datos bancarios sin el consentimiento del usuario) o hackeo de información personal.
A su vez, el diálogo con los hijos es primordial ya que ellos deben saber que las personas pueden no ser quienes dicen ser, que no deben proporcionar información personal o de la familia a amigos “conocidos”, que detrás de un mensaje puede esconderse un ciberdelincuente, que las fotos o videos que compartan no se pueden eliminar, no deben hacer click en cualquier enlace, preguntar sin temor cuando tienen dudas.
Asimismo, es importante que los adultos comprendan que también pueden ser responsables por la sobreexposición de sus hijos. La práctica conocida como sharenting (compartir excesivamente la vida de los hijos en redes) puede, sin intención, vulnerar derechos fundamentales de los menores.
Herramientas legales
Desde el punto de vista jurídico, ante una vulneración del derecho a la imagen -como la difusión no autorizada de fotos o videos-, así como ante los ataques que mencionamos existen herramientas legales para solicitar la eliminación del contenido, reclamar daños y perjuicios e incluso accionar contra las plataformas o responsables.
En primer lugar, el artículo 52 del CCCN, habilita a reclamar la prevención y reparación de los daños sufridos en cuanto a las afectaciones a la dignidad personal, sea que se trate de su intimidad, como su honra, imagen o identidad.
En Misiones contamos con el manual “Grooming: fundamentos, antecedentes históricos, políticos y perspectivas teóricas desde una mirada misionera”, una herramienta estratégica que está destinada a fortalecer la educación tecnológica y la prevención de la violencia digital en niños, niñas y adolescentes.
Este manual conforma una red que se articulará con el Poder Judicial y con los organismos de seguridad digital de la Provincia.
Entre los organismos específicos encargados de este tema se encuentran la nueva Fiscalía de Instrucción Especializada en Ciberdelitos, la Dirección de Cibercrimen de la Policía de Misiones y la Secretaría de Apoyo para Investigaciones Complejas (SAIC) del Poder Judicial, así como la Línea “Contame” que tiene equipo de asistencia temprana del Superior Tribunal de Justicia, dirigido a las víctimas de abuso sexual.
Hoy estamos ante un verdadero desafío que es el de anticiparse.
Conclusión
Proteger a niños y adolescentes en el mundo digital no implica alejarlos de la tecnología, sino enseñarles a habitarla con responsabilidad.
En tiempos donde una imagen puede recorrer el mundo en segundos, el derecho a la intimidad y a la propia imagen se convierte en una herramienta esencial para resguardar su futuro.
La prevención, la educación digital y el compromiso familiar son hoy la primera línea de defensa. Porque detrás de cada perfil hay una persona en formación, y detrás de cada publicación, un derecho que merece ser protegido.





