Anahí Fleck
Magister en Neuropsicología. 0376-154-385152
El sentido de la vista es mucho más que captar imágenes. “Ver” es el acto fisiológico de recibir estímulos luminosos a través de la retina. “Mirar” implica dirigir la atención hacia un objeto o escena, mientras que “observar” añade un nivel de análisis y conciencia, donde se busca comprender lo que se percibe. Finalmente, “juzgar con juicio claro” supone integrar la información visual con la experiencia y el razonamiento, para tomar decisiones equilibradas y conscientes.
La vista, por tanto, no es solo un sentido pasivo: es una puerta de entrada a la interpretación del mundo. La claridad en la percepción visual se relaciona directamente con la capacidad de discernir y actuar con sabiduría.
Por su parte, el ácido gamma-aminobutírico (GABA) es el principal neurotransmisor inhibitorio del sistema nervioso central. Su función es reducir la excitabilidad neuronal, actuando como un freno que aporta calma y equilibrio. Cuando el GABA se une a sus receptores, permite la entrada de iones cloruro en la neurona, hiperpolarizándola y disminuyendo la posibilidad de que se dispare un impulso eléctrico.
Este mecanismo es esencial para regular la ansiedad, el sueño, la percepción sensorial y la estabilidad emocional. Un nivel adecuado de GABA nos permite procesar los estímulos visuales sin sentirnos abrumados, favoreciendo una visión clara y una interpretación serena del entorno.
El GABA se sintetiza en el cerebro a partir del glutamato, un neurotransmisor excitatorio. La enzima glutamato descarboxilasa (GAD) convierte el glutamato en GABA, manteniendo el equilibrio entre excitación e inhibición neuronal.
Para mantener el GABA en su justa medida, es importante:
• Alimentación equilibrada: consumir alimentos ricos en magnesio, zinc y vitamina B6, que favorecen la síntesis de GABA.
• Hábitos saludables: practicar ejercicio regular, meditación y respiración consciente, que aumentan la actividad GABAérgica.
• Evitar excesos: reducir el consumo de alcohol y estimulantes, que alteran la función de los receptores GABA.
La acción del GABA en la retina y en el nervio óptico regula la inhibición lateral, permitiendo distinguir contrastes y bordes con claridad. Cuando el GABA funciona adecuadamente, la percepción visual es más nítida y estable, evitando la saturación de estímulos. Esto se traduce en una experiencia visual más armoniosa, que facilita el juicio claro y la toma de decisiones conscientes.
Por el contrario, un déficit de GABA puede generar hipersensibilidad a la luz, dificultad para enfocar y una percepción caótica del entorno, condicionando la manera en que interpretamos el mundo.
La ecosanación propone reconectar con la naturaleza como vía de equilibrio. Los entornos naturales favorecen la regulación del sistema nervioso: el contacto con el verde de los bosques, el azul del cielo y el agua, o el dorado del sol estimulan la producción de neurotransmisores como el GABA.
Al caminar descalzos sobre la tierra, practicar la contemplación de paisajes naturales o realizar respiraciones profundas al aire libre, se activa el sistema parasimpático y se potencia la acción del GABA. Esto no solo mejora la percepción visual, sino que también armoniza la relación entre cuerpo, mente y entorno.
La vista y el GABA están íntimamente ligados en la forma en que percibimos y juzgamos el mundo. Mantener niveles adecuados de GABA nos permite ver con claridad, observar con serenidad y juzgar con equilibrio. La ecosanación, al integrar la naturaleza en nuestra vida cotidiana, ofrece un camino para fortalecer esta armonía, permitiendo que la experiencia visual se convierta en una fuente de bienestar y sabiduría interior.








