Entre guisos caseros, actividad física y comidas en familia, la alimentación de nuestros abuelos tenía características muy distintas a la actual. La base de la alimentación de generaciones anteriores estaba compuesta por preparaciones caseras: guisos, sopas, estofados, legumbres y platos elaborados que requerían tiempo y dedicación.
Hoy, donde el mundo entero vive a las apuradas, bajo una industrialización que cambió la comida y hasta los rituales a la hora de comer o preparar un alimento, cabe preguntarse qué cambios son más notorios, cuáles son las prácticas que podemos recuperar y adaptarlas al ritmo de vida del presente.
La licenciada en nutrición, Carina González destacó la diferencia en la calidad de los alimentos de antes y ahora. Las proteínas, por ejemplo, provenían de producciones más naturales: huevos de gallinas criadas en casa y pollos menos industrializados. “Eran animales que se movían, comían distinto, y eso impacta en la calidad”, señaló.
En el pasado, “había mucha polenta con salsa, guiso de lentejas, comidas más completas”, explicó la integrante del Colegio de Nutricionistas de Misiones a la FM 89.3. En contraste, hoy predominan las comidas rápidas: arroz o fideos simples, muchas veces acompañados de productos ultraprocesados como hamburguesas, salchichas o nuggets, que antes no formaban parte de la dieta cotidiana.
Otro punto clave es el consumo de azúcar. Mientras que antes se limitaba a unas pocas cucharadas en infusiones, hoy puede alcanzar entre 12 y 15 cucharadas diarias, principalmente por bebidas azucaradas y productos industrializados.
A esto se suma el cambio en el estilo de vida. “Nuestros abuelos ya cumplían con los 10.000 pasos diarios a media mañana”, remarcó la nutricionista, en referencia a una vida más activa, con caminatas, trabajos físicos y menos sedentarismo.

Comer en familia: un hábito que se perdió
La especialista también puso el foco en el valor social de la comida. Antes, las cuatro comidas diarias se realizaban en familia, sin distracciones. “Era el momento de encuentro, de charla. Hoy eso se perdió con el celular y las rutinas aceleradas”, indicó.
Lejos de plantear una vuelta al pasado, González propuso rescatar lo mejor de esos hábitos y adaptarlos a la actualidad:
- Priorizar comidas caseras como guisos, sopas y estofados
- Reducir el consumo de ultraprocesados
- Disminuir el azúcar agregado
- Recuperar el momento de comer en familia
- Incorporar más movimiento diario
Además, sugirió aprovechar la tecnología y la organización para ganar tiempo sin resignar calidad: “Podemos ir a la feria, comprar verduras, cortarlas y freezarlas. Así, en la semana, resolvemos comidas más nutritivas en menos tiempo”, recomendó.
Como punto positivo de la actualidad, destacó la mayor disponibilidad de frutas y alimentos variados, algo que antes no era tan accesible. Sin embargo, advirtió que esto debe ir acompañado de mejores decisiones de consumo.
“Hoy el 70% del carrito del supermercado tiene etiquetas o sellos. Antes, lo único empaquetado era la harina o el arroz. Tenemos que volver a lo natural”, enfatizó.
Niños y pantallas: un desafío actual
Finalmente, González advirtió sobre el impacto del sedentarismo en los más chicos, cada vez más vinculados a las pantallas. Como alternativa, propuso actividades simples: salir a caminar en familia, ir a la plaza o generar momentos de juego al aire libre.
La clave, concluyó la especialista, no está en elegir entre pasado o presente, sino en combinar lo mejor de ambos: organización, tecnología y acceso actual, con hábitos más naturales, conscientes y activos.




