En tiempos donde “los chicos están muy encerrados con sus teléfonos”, la equitación aparece como una experiencia distinta, porque les enseña a ser disciplinados, amar a los animales y a desear hacer actividades al aire libre.
A eso se suma el componente social: “Se genera un ambiente entre los chicos que montan que es muy lindo, arman grupos, participan en los eventos, pasan todo el día juntos y no hay pantallas”.
Así lo contaron a PRIMERA EDICIÓN Yolanda Meyer y René Orlando Medina, padres de Melody Abigaíl Medina Meyer (10), una joven amazona misionera que recientemente destacó representando a la provincia en Entre Ríos.
Consultados sobre los beneficios de la equitación frente a un escenario donde existe una fuerte “encierro digital”, los papás de la pequeña enfatizaron que “directamente no existe el teléfono cuando están compitiendo, entrenando o simplemente cuidando a los caballos…”.
Los inicios
Sobre los comienzos de Abigaíl en la equitación y luego su conexión con los caballos, todos contaron que comenzó sin imposiciones y de manera natural.
“La llevábamos a nuestros paseos familiares para ir a andar a caballo en el campo con amigos y conocidos pensando que ese camino le podía gustar”, indicó su mamá.
Fue así que la joven promesa de la equitación misionera tenía apenas seis años cuando esos encuentros finalmente se transformaron en algo más que una actividad recreativa. “La propuesta como familia estuvo orientada a salir de paseo, generar ese vínculo y ese gusto. Comenzó probando si le gustaba y así fue”, recordaron René y Yolanda.
Ese primer contacto derivó, con el tiempo, en una práctica sistemática y a partir de allí la práctica del salto ecuestre apareció como una consecuencia de ese vínculo con los caballos. Actualmente Abigaíl conforma binomio con su yegua “Andariega Love”, un concepto central en la disciplina.
“Se le denomina binomio a la amazona y a la yegua, en este caso de Abi y Andariega, por el hecho de la conexión que tienen que tener ambos como condición fundamental. A veces podés tener o no conexión con el animal y si no se da ese encuentro entonces no hay binomio”, acotó René.
En ese sentido, Abigaíl describió su experiencia al lograr el binomio con su Andariega: “El secreto para entrenar conectada con ella es hacerlo todos los días, bañarla, hablarle, acariciarla, darle de comer, cuidarla”, detalló.
Conocedora de la práctica, Yolanda Meyer, quien es veterinaria, amplió además que la equitación excede ampliamente el momento de montar: “no es solamente subirse, el deporte implica el cuidado, darle de comer, limpiar, generar confianza”. Esa construcción diaria es la base para lo que luego ocurre en la pista, donde “ella entiende lo que Abi quiere que haga, cuándo avanzar, cuándo frenar, cuándo saltar”.
La rutina exige compromiso, por eso Abi entrena durante toda la semana en contraturno de la escuela.
A la par, su recorrido competitivo también crece. Inició a los seis años, se federó al poco tiempo y ya suma participaciones destacadas. En febrero último, obtuvo un tercer puesto en Punta del Este (Uruguay) en pruebas de 70 centímetros.
El año pasado, además, llegó a una final nacional en Buenos Aires, donde se ubicó entre los veinte mejores.









