La crisis del sector yerbatero en Misiones se profundiza y suma voces cada vez más duras desde el corazón de la producción. El presidente de la Asociación Unión de Agricultores de Misiones, Marcelo Hacklander, no dejó lugar a matices al describir el presente: “La situación es pésima, realmente calamitosa”, aseguró en una entrevista radial donde trazó un panorama crítico que combina caída de ingresos, paralización de la cosecha y un fuerte cuestionamiento a la dirigencia política.
Hacklander apuntó directamente contra las decisiones que llevaron a la desregulación del mercado y al debilitamiento del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). “Nosotros ya habíamos advertido que esto iba a pasar. Se lo dijimos a todo el arco político misionero, pero todos trataron de arañar para su lado y se olvidaron de los productores”, lanzó en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones.
En esa línea, fue contundente al señalar responsabilidades: “Hoy la situación es culpa directamente de la política misionera. No se salva uno. Todos apoyaron la desregulación y le dieron vía libre al Gobierno nacional”. Según explicó, las consecuencias de esas medidas están a la vista: “El beneficio quedó concentrado en una parte de la cadena, mientras que los productores, los tareferos y los trabajadores somos los que estamos sufriendo”.
Cosecha paralizada y números en rojo
El impacto ya se siente en los yerbales. De acuerdo al dirigente, la cosecha avanza con grandes dificultades y en muchos casos directamente se detuvo. “Hay muy pocos que pudieron hacer la limpieza de los yerbales para arrancar. Empezó muy lento y muchos prestadores de servicio decidieron parar porque no les cierran los números”, explicó.
La ecuación es simple: costos en alza y precios congelados. “Les ofrecen el mismo valor que el año pasado, cuando el combustible aumentó más de 500 pesos por litro. Así es imposible trabajar, te fundís sí o sí”, advirtió.
El panorama, según Hacklander, no tiene una salida inmediata: “Hasta que la industria no tenga una necesidad real y se siente a negociar, esto no va a cambiar. Todo lo que se habla de reuniones no sirve para nada”.
Un instituto sin poder y reglas desbalanceadas
Otro de los puntos críticos es el rol del INYM, que perdió herramientas clave para regular la actividad. “El Instituto necesita recuperar facultades, pero incluso si las recupera, con un gobierno que cree en la libertad absoluta de mercado, no van a fijar precios de referencia”, sostuvo el presidente de la Asociación Unión de Agricultores de Misiones.
Además, denunció prácticas históricas que perjudicaron a los productores: “Cuando había precios fijados, muchas veces se buscaba la forma de evadirlos con maniobras como devolución de cheques o facturación diferenciada. Siempre se terminaba favoreciendo a la industria”.
Para el dirigente, cualquier intento de recomposición deberá corregir esas distorsiones: “Hay que cambiar las reglas para equilibrar la balanza de una vez por todas”.
En medio del conflicto, las protestas no logran la masividad esperada. Hacklander lo atribuye tanto a la falta de recursos como al desencanto: “Somos más de 13.000 productores y en las reuniones aparecen 50 o 70. Muchos no tienen ni para el combustible para movilizarse”.
También cuestionó la politización de los reclamos: “Siempre pedí que no se mezcle la política partidaria con la sectorial porque eso ensucia la cancha y no ayuda”.
“Si esto no cambia, el sector se hunde”
El diagnóstico final es alarmante. “La situación es catastrófica. Los productores estamos fundidos. Trabajar así es imposible”, afirmó Hacklander, quien además extendió la crisis a otras economías regionales: “La madera no tiene precio, la mandioca no vale nada. Lo único que está funcionando es la ganadería”.
Con un horizonte incierto y sin señales de solución en el corto plazo, el dirigente dejó una advertencia que resume el clima en el sector: “Si esto no cambia pronto, la actividad se va a seguir deteriorando y los que van a sobrevivir son los que tienen más poder económico. No nosotros”.








