En cada gambeta y en cada grito de gol, la magia del fútbol encuentra su punto más alto. ¿Quién no soñó alguna vez con clavarla en un ángulo en el minuto final y darle la victoria a su equipo? ¿Quién no se desveló imaginando aquella jugada maradoniana que termina inflando los piolines y desatando el grito eufórico de toda una hinchada?
A los sueños, no hace falta verlos. De hecho, tampoco hace falta ver la pelota o el arco. La pasión no es tangible, viene desde adentro. Lo demuestran todas las semanas los integrantes de la flamante Escuela de Fútbol para Ciegos lanzada por la Municipalidad de Posadas, que encontraron detrás de la pelota mucho más que un deporte.
Una decena de jugadores y jugadoras se reúnen todos los martes y jueves a las 15 en el polideportivo Ernesto “Finito” Gehrmann para darle vida a un proyecto que busca contención, es cierto, pero también renovar la ilusión de aquellos que perdieron la vista pero no la pasión ni las ganas de soñar.
Uno de ellos es Sebastián Bogarín (27), sin dudas, uno de los referentes del fútbol para ciegos de la provincia. Y es que Seba fue parte de Los Magos Misioneros, el equipo misionero que marcó una historia al ser el primero -y hasta ahora, único- representante provincial en la Liga Nacional de Fútbol para Ciegos (LNFC).

“Mi historia es como la de cualquier chico de barrio. Soy de la chacra 96, nací con una condición visual que se me descubrió a los seis meses. Crecí con un resto visual que me permitió estudiar hasta tercer grado en una escuela común. Después, me fui al Instituto Taller para No Videntes, donde hice cuarto y quinto. Y luego me integré de vuelta en una escuela común para terminar la primaria”, cuenta Bogarín.
La vida de Sebastián no fue fácil. “En todo ese proceso, tuve siete operaciones en el Hospital Garrahan”, recuerda Seba, un verdadero luchador: pese a todo, terminó la secundaria y este año se recibirá de Preceptor. Una vida a pura gambeta y con varios golazos.
“En paralelo a eso, siempre amé el deporte. Desde los 8 hasta los 12 años hice judo. Y a partir de los 13 le metí al fútbol. Ahora, hace cuatro años, conocí el trail running. Y gracias al profe Silvio, un ángel de la vida, pude correr y conquistar muchas cosas que no conocía”, admite Bogarín, sin dejar de agradecer a Silvio Blanco, uno de los profes de la escuelita.
De regreso con el fútbol, Bogarín explica qué fue lo que pasó con Los Magos Misioneros. “Yo jugué con el equipo desde los 14 años, con Nelson Branford y Mario Ríos, que hoy está en la Selección Argentina. Y lo que pasó fue que en el grupo había varios chicos grandes y, con el tema de la edad, fueron dejando”, cuenta Seba, quien asegura que este nuevo proyecto buscará ocupar ese vacío.
“Estamos felices de que se pueda retomar este proyecto y el fútbol para ciegos no quede estancado en nuestra provincia”, resume el player quien, con su experiencia, sabe lo que puede significar el deporte para una persona ciega: “yo me crié y me eduqué con el deporte, la familia te da los valores, pero el deporte es la guía, te enseña la disciplina y la perseverancia… y te aleja de las cosas malas que te puedan pasar por la cabeza. El deporte te hace feliz”.
Es deporte. Pero es mucho más que deporte. “Queremos consolidar este equipo y en el futuro participar de la Liga Nacional. No obstante, el primer objetivo es la resiliencia, no bajar nunca los brazos”, resume Seba, quien cierra con un mensaje que invita a la reflexión: “siempre digo que cada uno tiene sus problemas, sus obstáculos… lo principal es la resiliencia, superarse y acomodarse a las circunstancias… y el deporte te da esa fortaleza para superar los obstáculos”.
A su lado, asiente Dante Herrera (22) que, a diferencia de Santi, es nuevo en el mundo del fútbol para ciegos. Semanas atrás, el equipo jugó su primer partido amistoso -ni más ni menos que ante un equipo de Encarnación, Paraguay- y la sensación fue única.
“Fue una experiencia muy linda. Yo vengo del goalball, que se juega con una pelota sonora igual a esta. Mi sueño es llegar lejos, salir a jugar a otras provincias, poder jugar y divertirnos”, admite a EL DEPOR Dante, quien asegura que el deporte para él “es una terapia, lo tomo así y realmente me sirve mucho”.
Justamente por eso, desde su lugar, Herrera invita a todos a sumarse. “A todos les digo que se animen a venir a jugar, está muy bueno y es una linda experiencia, se aprende mucho. Vamos a recibir a todos con los brazos abiertos”, cierra Dante, mientras se acomoda las antiparras.
El profe Enrique Cuevas hace sonar su silbato y los chicos comienzan a moverse. Está a cargo de la escuela junto a Blanco. “Todo esto surgió justamente por una demanda de los chicos, que no contaban con este espacio. Arrancamos a fines de diciembre y ya jugamos este primer amistoso. El objetivo es consolidar el equipo y participar de la Liga Nacional”, se anima el entrenador ante EL DEPORTIVO.
Claro que, más allá de las metas deportivas, Cuevas sabe que la cosa también pasa por otro lado. “Para ellos, esta era una realidad que hasta hace poco parecía lejana. Los chicos me contaban que iban a jugar al fútbol pero no podían hacerlo con los convencionales. Acá encontraron ese espacio donde son iguales”, reflexiona Enrique, devenido en entrenador de un equipo que, sin ver los goles, el arco o la red, se anima a soñar.








