La escalada de amenazas en escuelas del país abrió un debate más profundo sobre el impacto de la tecnología en la vida de niños y adolescentes. Desde la sociedad civil, especialistas advierten que los episodios recientes no son hechos aislados, sino la expresión de una problemática estructural vinculada a la exposición digital sin acompañamiento.
La fundadora de la Red por la Infancia, Paula Wachter, sostuvo que el fenómeno responde a un proceso que se viene intensificando en los últimos años. “Chicos están en riesgo, están expuestos, están solos, sin ningún tipo de protección”, afirmó en FM de las Misiones, al describir un escenario donde la expansión tecnológica avanzó más rápido que las herramientas de cuidado.
Según planteó, la viralización de contenidos y conductas en redes sociales genera un efecto multiplicador que agrava las situaciones en cuestión de horas. Explicó que los conflictos escalan con rapidez y alcanzan niveles de exposición difíciles de contener, lo que incrementa el daño emocional en los jóvenes involucrados.
En ese contexto, advirtió que los casos recientes, incluidos episodios de violencia, acoso y difusión de material íntimo, reflejan una realidad que atraviesa a todo el país. “Los chicos la están pasando mal”, señaló, al tiempo que vinculó estas situaciones con la falta de contención y orientación en entornos digitales.
Wachter también cuestionó el abordaje mediático de estos hechos y pidió responsabilidad a la hora de informar. Consideró necesario que la difusión contribuya a generar conciencia y brindar herramientas, en lugar de amplificar conductas nocivas. En esa línea, remarcó la diferencia entre visibilizar un problema y exponer a los involucrados.

Uno de los puntos centrales de su análisis fue la dificultad que tienen los adultos para detectar señales de alerta. Sostuvo que, a diferencia de otras generaciones, hoy los riesgos no siempre son visibles.
“En el noventa y seis por ciento de los casos, vos creés que tu chico está seguro porque está conectado”, explicó, al advertir que muchas interacciones ocurren sin supervisión directa.
La especialista hizo foco en la falta de políticas públicas que aborden esta problemática de manera integral. Señaló que en Argentina existe una “gran vacancia” en este aspecto y destacó la necesidad de generar programas que orienten tanto a familias como a instituciones. En ese marco, mencionó el desarrollo de una plataforma con contenidos accesibles para identificar riesgos y actuar a tiempo.
A partir del trabajo con adolescentes de distintas regiones, Wachter destacó un mensaje que se repite con fuerza. “No nos dejen solos, escúchennos”, transmitió, al relatar que muchos jóvenes no encuentran canales para expresar lo que les ocurre. Indicó que en la mayoría de los casos no recurren a adultos por miedo a ser juzgados o sancionados.
Esa falta de comunicación, explicó, profundiza la vulnerabilidad. Los adolescentes, en muchos casos, no se perciben como víctimas y terminan atrapados en dinámicas que los superan. La viralización de contenidos, sumada a la presión social, amplifica el impacto y dificulta una salida saludable.
En relación a los retos virales que derivaron en amenazas escolares, consideró que la intervención de las fuerzas de seguridad resulta necesaria ante situaciones de riesgo concreto. Sin embargo, advirtió que esas acciones no alcanzan si no se trabaja sobre las causas de fondo. “¿Qué hacemos con el próximo reto?”, planteó, al insistir en la necesidad de prevención.
En ese sentido, recordó antecedentes de desafíos peligrosos que se replicaron a nivel global y alertó sobre nuevas formas de violencia digital, como la manipulación de imágenes mediante inteligencia artificial. Señaló que el crecimiento de estos fenómenos exige una respuesta estructural y sostenida.
Para Wachter, la clave está en construir una educación digital integral que atraviese todos los espacios donde se desarrollan los jóvenes. Sostuvo que no solo las escuelas deben involucrarse, sino también las familias, clubes y ámbitos comunitarios. El objetivo, indicó, es brindar herramientas para que los chicos puedan desenvolverse de manera segura en entornos digitales.




