En un contexto donde la tecnología atraviesa la vida cotidiana desde edades cada vez más tempranas, el doctor en Educación Carlos Vigo reflexionó sobre los desafíos de la educación digital y el desarrollo de niños y adolescentes.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, el especialista presentó su libro Educación Digital Integrada en la escuela, publicado en 2025 junto al médico psiquiatra Lucas Raspal, y explicó que “el libro parte de una preocupación central que es qué hacemos con los dispositivos digitales. Es una pregunta que nos atraviesa a todos”.
En este marco, Vigo planteó una mirada equilibrada, ya que “ni los dispositivos son el demonio ni la escuela es la única responsable”. Subrayó que la clave está en promover “un uso seguro, crítico, responsable y creativo de los dispositivos y plataformas”.
Para el especialista, las estrategias basadas en la prohibición no han dado resultados. “No hay que dejarlo, no hay que prohibirlo. Todo lo que se prohíbe no sirve, no sirvió”, afirmó. Por el contrario, insistió en la necesidad de formar tanto a docentes como a estudiantes en el uso consciente de la tecnología.
Uno de los puntos críticos que señaló es la formación docente. “Tiene muchas virtudes, pero también vacíos. Uno de ellos es la posibilidad de integrar lo digital como recurso educativo y plataforma pedagógica”, explicó. A esto se suma un escenario complejo: “La escuela está sobreexigida de posibilidades y subdotada de recursos”.
En cuanto al impacto en los jóvenes, Vigo advirtió sobre una problemática creciente: “La soledad adolescente es abrumadora”. Según indicó, docentes y profesionales detectan cada vez más casos de retraimiento, problemas de autoestima y dificultades en las habilidades sociales.
“Estamos asistiendo a grandes episodios de estrés, ansiedad y depresión en adolescentes”, alertó, y remarcó la falta de políticas públicas sostenidas en materia de salud mental. En ese marco, defendió el enfoque preventivo: “La educación digital integral tiene la capacidad de anticiparse a estas cuestiones”.
El especialista también abordó el avance de la inteligencia artificial en la vida cotidiana. “Hoy ya no hablamos de la inteligencia artificial como una herramienta, sino como un agente”, explicó, y destacó la importancia de enseñar a formular buenas preguntas: “Hay que rescatar el sentido socrático de la pregunta. Si preguntamos mal, obtendremos malos resultados”.

Respecto al uso de dispositivos en la infancia, recomendó limitar la exposición en los primeros años: “Hasta los 3 años, lo mínimo de pantalla”. Además, propuso retrasar el acceso al primer teléfono celular, que actualmente se da en promedio a los 7 años, y a las redes sociales, que aparecen entre los 11 y 12.
Finalmente, Vigo cuestionó las prohibiciones dentro del ámbito escolar: “Cuando se prohíbe el uso del dispositivo en el aula, la escuela pierde la posibilidad de mediación pedagógica”. Para él, el desafío no es excluir la tecnología, sino integrarla con sentido educativo.
“La escuela es el lugar donde todo eclosiona, pero no puede ser la única responsable”, concluyó, al tiempo que llamó a involucrar a toda la sociedad en el acompañamiento de niños y adolescentes en la era digital.




