La circulación de mensajes intimidatorios entre estudiantes de distintos colegios de Oberá generó preocupación este viernes y obligó a activar protocolos preventivos en varias instituciones. Aunque no se registraron hechos de violencia, la situación derivó en la intervención policial en al menos un establecimiento y medidas internas para resguardar a la comunidad educativa.
Según pudo reconstruir este medio a partir de testimonios, el episodio se originó por capturas que comenzaron a viralizarse en grupos de WhatsApp de alumnos y familias. Esos contenidos, que aludían a posibles situaciones de riesgo, se replicaron rápidamente entre jóvenes de diferentes escuelas, lo que amplificó el temor y la incertidumbre durante la mañana.
En uno de los colegios, efectivos policiales llegaron cerca de las 10.30 y dispusieron que los estudiantes permanecieran dentro de las aulas, sin uso de teléfonos celulares, mientras se desarrollaba un procedimiento preventivo. La medida se extendió por varias horas hasta que la situación fue controlada y no se detectaron elementos que confirmaran una amenaza concreta.

De acuerdo a las versiones que circularon entre padres y docentes, los mensajes estarían vinculados a un supuesto “reto viral” difundido en redes sociales, que habría alcanzado a instituciones como el Instituto Carlos Linneo, el Amadeo Bonpland, la EPET Nº 3, el Hermann Gmeiner y el San Juan Pablo II. La hipótesis, aún no confirmada oficialmente, apunta a una dinámica en la que estudiantes replican consignas que buscan generar alarma mediante la viralización de contenidos.
En paralelo, otros establecimientos adoptaron medidas preventivas. Entre ellas, se informó a las familias que las actividades continuarían con normalidad, aunque se contemplaría la justificación de inasistencias para quienes decidieran no enviar a sus hijos ante el contexto de incertidumbre.
Especialistas advierten que este tipo de situaciones responde a lo que se conoce como “efecto contagio”, donde la difusión masiva de mensajes sin verificar termina amplificando el impacto de la amenaza. Desde organismos vinculados a la protección de derechos remarcan que el principal objetivo de estos retos es justamente generar miedo y desorganizar la rutina escolar.
En ese sentido, recomiendan evitar la circulación de capturas o audios en redes sociales, canalizar cualquier inquietud a través de las autoridades educativas y sostener el diálogo con niños y adolescentes sobre el uso responsable de la tecnología. La intervención adulta, señalan, resulta clave para desactivar estas dinámicas y reducir su alcance.
La circulación de mensajes intimidatorios entre estudiantes de distintos colegios de Oberá generó preocupación este viernes y obligó a activar protocolos preventivos en varias instituciones. Aunque no se registraron hechos de violencia, la situación derivó en la intervención policial en al menos un establecimiento y medidas internas para resguardar a la comunidad educativa.
Según pudo reconstruir este medio a partir de testimonios, el episodio se originó por capturas que comenzaron a viralizarse en grupos de WhatsApp de alumnos y familias. Esos contenidos, que aludían a posibles situaciones de riesgo, se replicaron rápidamente entre jóvenes de diferentes escuelas, lo que amplificó el temor y la incertidumbre durante la mañana.
En uno de los colegios, efectivos policiales llegaron cerca de las 10.30 y dispusieron que los estudiantes permanecieran dentro de las aulas, sin uso de teléfonos celulares, mientras se desarrollaba un procedimiento preventivo. La medida se extendió por varias horas hasta que la situación fue controlada y no se detectaron elementos que confirmaran una amenaza concreta.
De acuerdo a las versiones que circularon entre padres y docentes, los mensajes estarían vinculados a un supuesto “reto viral” difundido en redes sociales, que habría alcanzado a instituciones como el Instituto Carlos Linneo, el Amadeo Bonpland, la EPET Nº 3, el Hermann Gmeiner y el San Juan Pablo II. La hipótesis, aún no confirmada oficialmente, apunta a una dinámica en la que estudiantes replican consignas que buscan generar alarma mediante la viralización de contenidos.
En paralelo, otros establecimientos adoptaron medidas preventivas. Entre ellas, se informó a las familias que las actividades continuarían con normalidad, aunque se contemplaría la justificación de inasistencias para quienes decidieran no enviar a sus hijos ante el contexto de incertidumbre.
Especialistas advierten que este tipo de situaciones responde a lo que se conoce como “efecto contagio”, donde la difusión masiva de mensajes sin verificar termina amplificando el impacto de la amenaza. Desde organismos vinculados a la protección de derechos remarcan que el principal objetivo de estos retos es justamente generar miedo y desorganizar la rutina escolar.
En ese sentido, recomiendan evitar la circulación de capturas o audios en redes sociales, canalizar cualquier inquietud a través de las autoridades educativas y sostener el diálogo con niños y adolescentes sobre el uso responsable de la tecnología. La intervención adulta, señalan, resulta clave para desactivar estas dinámicas y reducir su alcance.





