La empresa textil Fantome Group solicitó la apertura de su concurso preventivo ante la Justicia comercial, en medio de un fuerte deterioro de su actividad y una caída sostenida de sus ventas en los últimos años.
La firma, que producía indumentaria para marcas como Reebok, Kappa y Kevingston, había desarrollado un modelo de negocio basado en la producción integral para terceros, abarcando desde el diseño hasta la confección y distribución.
El quiebre del esquema comenzó en 2020, cuando perdió a su principal cliente, Kevingston, que decidió reemplazar la producción local por importaciones, una estrategia que luego fue adoptada por otras marcas del sector.
En su presentación judicial, la empresa describió este escenario como una “competencia diabólica”, al señalar que los productos importados ingresan con precios que resultan imposibles de igualar para la industria nacional.
Si bien la compañía logró sostener parte de su actividad entre 2022 y 2025 como proveedora de Distrinando, licenciataria de Kappa y Reebok, la finalización de ese vínculo la dejó sin su principal fuente de ingresos.
El deterioro se profundizó en un contexto marcado por la caída del consumo, el aumento de costos, la presión impositiva y el encarecimiento del financiamiento, con tasas de interés que superaron el 100%, lo que dificultó sostener el capital de trabajo.
El punto de quiebre se produjo en julio de 2025, cuando la empresa entró en cesación de pagos tras sufrir embargos por más de 130 millones de pesos, lo que derivó en la paralización de su operatoria.
El caso de Fantome se suma a una crisis más amplia que atraviesa la industria textil, con otras firmas que también iniciaron procesos de reestructuración o ajuste, en un escenario atravesado por la apertura de importaciones, la caída de la demanda y el aumento de los costos operativos.
Fuente: El Cronista









