Colaboración: Francisco
Pascual y Martín Ghisio
La pitahaya comienza a posicionarse en Misiones como una alternativa productiva innovadora y de alto valor para la diversificación de las chacras. Aunque todavía se trata de un cultivo incipiente, las condiciones agroclimáticas de la provincia y el creciente interés de productores permiten proyectar un escenario con oportunidades de expansión.
Eric Stolar, investigador del INTA Cerro Azul, explicó que “la producción de pitahaya en la provincia aún se realiza de manera dispersa, con lo cual todavía no podemos hablar de cuencas sobre este cultivo en Misiones”.
Sin embargo, el especialista destacó que la provincia presenta condiciones naturales favorables para su desarrollo. “Las ventajas para la producción en Misiones se asientan en su clima subtropical, con temperaturas y lluvias dentro de las cuales este cultivo se puede desarrollar”, indicó Stolar.
La pitahaya se multiplica principalmente por vía asexual, a partir de fragmentos de la planta conocidos como cladodios o pencas, una práctica sencilla y ampliamente utilizada por los productores. Para asegurar buenos resultados, estos segmentos deben tener al menos entre 40 y 50 centímetros de longitud y, sobre todo, estar sanos, sin signos de daños causados por plagas o enfermedades. Una de las grandes ventajas de este cultivo es la facilidad con la que estos cladodios desarrollan raíces, lo que permite implantar nuevas plantaciones de manera rápida y eficiente.
Sin embargo, no todo el material sirve: la calidad de la planta de origen es determinante. Este tipo de propagación tiene la virtud de reproducir fielmente las características de la planta madre, lo que permite conservar cualidades productivas deseables. Pero esa misma ventaja juega en contra si el material proviene de plantas estresadas. Aquellas que han sufrido enfermedades, deficiencias nutricionales, falta de agua o incluso exceso de radiación solar tienden a generar plantas débiles, malformadas y de bajo rendimiento. Por eso, la selección del material a propagar no es un detalle menor, sino uno de los primeros pasos críticos para el éxito del cultivo.
La experiencia a campo muestra, además, que el tamaño importa: cladodios más largos y con mayor número de yemas suelen desarrollar sistemas radiculares más robustos, con mayor longitud, volumen y masa, lo que se traduce en plantas mejor establecidas y con mayor vigor inicial.
Durante esta etapa, el manejo de la luz también resulta clave. Las plantas deben mantenerse en condiciones de semisombra, generalmente bajo mallas de media sombra que reducen la radiación en un 30%, ya que una exposición excesiva puede afectar negativamente su desarrollo. En definitiva, aunque la multiplicación de la pitahaya es un proceso accesible, hacerlo con criterio: eligiendo bien el material y cuidando las condiciones iniciales, es lo que termina marcando la diferencia entre un cultivo que promete y otro que termina fracasando. En Misiones, el sistema más difundido es el de postes individuales, donde la planta se conduce hasta la parte superior y se desarrolla formando una copa.
“Es un poste con un neumático, sobre el cual se prende la planta y genera una estructura en forma de paraguas”, detalló. No obstante, a nivel mundial comienza a imponerse un sistema de mayor densidad en espaldera tipo en “T”, similar al utilizado en vid y otros frutales. Las plantas se ubican a lo largo de la fila, con distancias cortas entre sí (que pueden ir desde 40 cm hasta 1 m entre plantas). Cada planta emite brotes que se conducen verticalmente hasta el alambre superior.
Este sistema de espaldera permite optimizar el espacio, alcanzando hasta 6.000 plantas por hectárea y aumentando el volumen total de cosecha. Las plantaciones se inician entre agosto y septiembre, logrando los primeros frutos al año y medio, aunque la producción se estabiliza hacia el cuarto año.
Pese a su rusticidad, el cultivo exige un manejo cuidadoso del riego, la nutrición y la cobertura del suelo debido a sus raíces superficiales.
Finalmente, el calendario productivo en la región ofrece hasta tres oleadas de cosecha, que se extienden desde diciembre hasta mayo.





