El sacerdote argentino Gabriel Romanelli Sivori, que reside desde hace años en la Franja de Gaza, aseguró que la reciente tregua redujo la intensidad de los ataques, aunque no logró revertir la grave crisis humanitaria que atraviesa el enclave.
“La situación en la franja de Gaza está un poco mejor a partir de la tregua ya que han cesado los bombardeos noche y día”, explicó. Sin embargo, aclaró que esa mejora es relativa: “Eso no quiere decir que está bien la situación”.
El religioso advirtió que los enfrentamientos no cesaron por completo y que el riesgo sigue presente. “Sigue habiendo bombardeos, sigue habiendo esquirlas. Nosotros estamos a 100 metros de la línea que divide la parte civil de la militar y los tanques, las esquirlas, los tiros llegan”, relató en diálogo con la emisora Splendid AM 990.
Esa cercanía con la zona de conflicto obliga a suspender actividades de manera repentina y a resguardar a niños y refugiados cada vez que se intensifican los ataques.
Infraestructura colapsada y falta de ayuda
Romanelli describió un escenario de devastación estructural. “La mayor parte de la ciudad está destruida. No existen los vidrios, el sistema eléctrico hace más de dos años que no existe, el sistema sanitario, el sistema de agua, la mayor parte de las calles están destruidas”, enumeró.
El deterioro de los servicios básicos genera además problemas sanitarios severos. “El agua de lluvia se mezcla con las aguas servidas de las cloacas que están todos destruidos”, explicó.
A este panorama se suma la falta de asistencia sostenida. “Las necesidades son acuciantes para toda la franja de Gaza, particularmente la ciudad de Gaza, ya que las ayudas humanitarias no están llegando de manera consistente”, afirmó. Y agregó: “Para una ciudad triturada, el hecho de que no entre la ayuda de afuera hace más terrible la situación”.
Vida cotidiana en emergencia permanente
En ese contexto, la vida diaria se volvió imprevisible. “El despertarse es sin saber qué va a encontrar: quizás una mañana tranquila, quizás una madrugada donde no pegamos un ojo”, describió.
La actividad económica prácticamente desapareció y el acceso al dinero es limitado. “Hay un solo banco para un millón de personas y ese banco no da dinero. El efectivo es algo muy raro”, señaló.
Frente a este escenario, el sacerdote destacó el trabajo de la comunidad local para asistir a quienes más lo necesitan. “Tratamos de hacer el bien a todos, no solamente a la comunidad cristiana sino al barrio. Muchas personas vagan de un lado para otro para buscar algo para sobrevivir”, indicó.
También alertó sobre la situación educativa: “Tenemos unos 2.900 alumnos que no tienen ni cuadernos ni lápices y los maestros son ad honorem”.
El testimonio expone que, pese a la disminución de los bombardeos, la crisis en Gaza sigue siendo estructural y afecta todos los aspectos de la vida cotidiana.
Fuente: Agencia de Noticias NA





