Ana Laborde
Profesora de Yoga
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Nos incorporamos al salir de la relajación final de la sesión de Yoga, permanecemos aún en el ahora, sentados sobre la colchoneta, respirando suave y profundamente, recordamos un comentario referido al Yoga que decía que ayuda a reducir el estrés, lo que mejora el estado general de salud, beneficia al corazón, mejora el estilo de vida, aporta una sensación general de bienestar y armoniza mente y cuerpo. Entonces buscamos la lectura habitual.
En la página señalada Indra Devi nos decía respecto del último grado de todos los Yogas, “el Matrimonio del Espíritu y la Materia”, que “en el proceso de experiencias para hallar los modos y procedimientos de unir a los dos, los yoguis han ido desarrollando un método ideal para preparar el cuerpo y la mente. En él se toma en consideración al hombre entero, en todos los aspectos: físico, moral, mental y espiritual. Nada se ha pasado por alto. Ni siquiera los métodos de disciplina física necesitan mejorarse, porque comprenden todo lo que el ser humano necesita para lograr una salud plena: la respiración correcta, la postura, la dieta, los ejercicios, el relajamiento mental y físico y la higiene”.
Nos detenemos a considerarlo un momento y continuamos: “Los yoguis primitivos estudiaron cuidadosamente durante décadas los efectos de las distintas posturas, ejercicios, respiraciones y dietas alimenticias en los cuerpos humanos.
También observaron cómo respiraban y se relajaban los animales; estudiaron sus métodos de adaptación a los cambios de clima y de ambiente; sus reacciones en los casos de enfermedad y de peligro. A fuerza de paciencia, y probablemente sirviéndose de sus facultades de percepción superior, los yoguis consiguieron descubrir ciertos procesos biológicos que podían ser dirigidos conscientemente a sostener su estado de salud, su vigor y la duración de su vida”. Levantamos la vista para reflexionar y completamos la lectura del párrafo:
“Arbitrados desde hace millares de años, los métodos Yogas no han podido ser superados”. Con estas expresiones en la mente, ponemos el señalador y nos retiramos. Namasté.








