Nelly Dolores Amaro (92) fue siempre inquieta, ocurrente, sumamente generosa e inteligente. Lo demuestran los conocimientos adquiridos y los importantes cargos ejercidos durante una vida que se sedimentó en la docencia. Nació en San Javier -la dulce-, el 16 de octubre de 1933 y junto a su madre se radicó en Oberá en 1951, cuando su hermano menor debía empezar el colegio secundario.
Al referirse a su niñez, comentó que era la única hija mujer y una de las únicas mujeres de la familia, y enumeró picardías que le impidieron estar en el cuadro de honor y sacar más de seis en conducta. “Por lo general, me echaban del grado porque cuando la maestra anotaba un problema en el pizarrón, como me encantan las matemáticas, lo resolvía al instante. ‘Está bien, pero andate afuera’ me decía. Me ocupaban para actuar en las comedias, en las veladas que se hacían. Un 9 de Julio tenía sarampión y suspendieron la velada porque tenía que actuar en cuatro cuadros distintos”, recordó entre risas quien se considera actriz “desde chica”.
Para marcar la diferencia con su hermano, contó que “Luis Carlos iba a la escuela de lunes a sábado con el mismo guardapolvo impecable y zapatos que le duraban un año, mientras que yo regresaba sin el cinturón, sin un bolsillo, y el calzado que aguantaba en condiciones poco más que un mes”.
Sostuvo que cuando empezó el secundario tenía como compañeros a la escribana Aguilar, a “Lita” Ruiz, al “Negro” Benítez, entre otros, y que en la Escuela Normal tenían como profesor al padre de Rubén Gil Navarro que, apenas saludaba, le pedía la carpeta. Cuando le preguntaron por qué pedía a Amaro y no a otros, respondió: “porque es la única en la que puedo encontrar los contenidos que desarrollé y ver los que me queda por desarrollar, porque ella escucha y anota todo”.
Su madre era modista de trajes de novia y vestidos de fiesta, pero la rotura de clavícula la impidió seguir en el oficio por lo que Nelly empezó a trabajar. Así fue que rindió libre dos cursos y en tres años terminó el bachillerato. Más tarde, estudió por correo administración de empresas y fue a rendir las últimas materias -dactilografía, taquigrafía y redacción comercial- al instituto que estaba cerca de Plaza de Mayo.
Su paso por “El Piolín”
En la tranquilidad de su hogar, entre fotografías y cuadros de reconocimientos, recuerda con alegría su paso por “El Piolín”, una agrupación cultural plural y activa, dirigida por el matrimonio compuesto por Teresa Morcchio e Iondo Passalacqua, a mediados del siglo XX. El grupo estaba compuesto por vecinos de distintos ámbitos como Libertad Kanner, Alan Slucki, Hugo Schiavoni, Fued Chemes, un comandante de Gendarmería Nacional, “pero nunca hablábamos de política ni de religión. Promovimos el arte, la cultura y los concursos literarios”, además de jugar un papel clave en la creación de la actual Facultad de Arte y Diseño (FAyD). Con fondos provenientes de la venta de entradas y la ayuda de comerciantes, “traíamos a concertistas de piano, a Mercedes Sosa, a Luis Landriscina, a actores de prestigio, y presentábamos nuestras obras de teatro. Era otra sociedad, en la que todos trabajábamos por un objetivo”. Aníbal César Montiel, el primer intendente constitucional de Oberá, “nos prestaba el salón para las reuniones, en horas de la siesta”. Expresó que un día apareció por la intendencia un señor con una escultura. Era Arturo Gastaldo, que vino con una recomendación de César Napoleón Ayrault. Se había graduado en La Plata y quería instalar en la ciudad una Escuela de Cerámica. “Lo invitamos a una de las reuniones que hacíamos en casa de los Passalacqua, en el hotel Oberá, que era de Zarza o en el Club Social. Escuchamos su ‘loca idea’ y le prometimos ayuda. Así se creó el Instituto de Disciplinas Estéticas o la Escuela de Cerámica, primero. Entre nosotros no había diferencias, todos trabajábamos por igual”, aclaró.
Firmas para Ingeniería
Manifestó que en ocasión de la visita a Oberá del Ministro de Educación de la Nación a fin de traspasar las escuelas técnicas a la Nación y las humanísticas a la Provincia, le hizo entrega de una planilla con ocho mil firmas para la creación de la Facultad de Ingeniería y que para tal iniciativa contaron con la colaboración de referentes de la Cooperativa Agrícola Limitada de Oberá (CALO), particularmente del gerente, de apellido Iglesias “que era pensionista en el restaurante de mi hermano”.
“Me dijo Nelly: porqué no toma papeles Romaní que tienen 25 renglones y arriba pone la leyenda ‘Oberá quiere su Facultad de Ingeniería’ o ‘Luchamos por la Facultad de Ingeniería’. Divida en casilleros para nombre y apellido, DNI, domicilio y firma, y le entrego al inspector Erasmie, que los lunes sale a recorrer las 34 sucursales, desde acá hasta El Soberbio, para que vaya repartiendo”.
Consideró que dejando dos hojas por sucursal “tendríamos cien firmas. Además, es fácil que sepan cuantas firmas van teniendo. Fue una idea genial”.
Un sábado, el Ministro de Educación de la Nación -del gobierno militar y rotario- llegó a la Capital del Monte y se puso a recorrerla. “Como presidente del Rotary, me puse el saquito con el distintivo y fui a verlo con dos acompañantes que llevaban la carpeta con ocho mil firmas. Al detenerse, le digo: tenemos una comisión que quiere una Facultad de Ingeniería para Oberá y le entregué la hoja con el pedido. Tras leerla, acotó: profesora, veo que trabajaron muy bien. Reunir ocho mil firmas no es fácil, pero si en cada ciudad que visito me piden la creación de una facultad con ocho mil firmas, vamos a tener que sembrar facultades en todo el país. Vuelvo a Buenos Aires y si entre 17 y 19 días no tiene una contestación mía, puede publicar en todos los medios a su alcance que el Ministro de Educación es un reverendo mentiroso”. El día 18, el comandante de Gendarmería Nacional llamó a Amaro a la normal para comunicarle que tenía un radiograma urgente del Ministerio de Educación. “Como no podía retirarme del colegio, me mandó con su secretario, que era alférez”. Al abrir el sobre de hilo, que era inmenso, vio unas letras “hermosas”. Se leía: el Superior Gobierno de la Nación Argentina, por decreto, crea en la ciudad de Oberá, provincia de Misiones, una Facultad de Ingeniería Electromecánica que dependerá de la UNaM, que tendrá a su cargo la designación de cargos.
“Temblaba, no era para menos, porque desde hacía tres o cuatro años se insistía con el pedido. Llamé a mis colaboradores y nos pusimos a trabajar. Comenzamos en el colegio sueco, porque no teníamos sede, nada. La idea era hacerlo sin banderías y que la Facultad de Ingeniería fuera la mejor de Argentina, cosa que se concretó. Cuando se cumplieron los 50 años de la creación hicieron un acto y me vinieron a buscar”, señaló, quien abona la charla con “miles” de graciosas anécdotas de los distintos ámbitos en los que incursionó.
En su mensaje a los jóvenes, sostuvo que “cuando notan que hay una necesitad cultural, social o deportiva en la comunidad, se deben poner de acuerdo para trabajar y lograr ese beneficio, que no es para nosotros, sino para la comunidad, la sociedad, porque solo así vamos a sacar adelante a Oberá, a Misiones y al país”.







