La pobreza en la Argentina cerró el segundo semestre de 2025 en 28,2%, mientras que la indigencia se ubicó en 6,3%, según informó este martes el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Los datos oficiales reflejan una leve mejora en relación con el primer semestre del año pasado, aunque siguen exponiendo un escenario de fuerte fragilidad social, especialmente entre niños, adolescentes y regiones históricamente postergadas.
De acuerdo con el relevamiento, el 21% de los hogares quedó por debajo de la línea de pobreza, mientras que el 4,8% no logró cubrir siquiera la canasta básica alimentaria. En términos de personas, esto implica que más de uno de cada cuatro argentinos vivió en hogares con ingresos insuficientes para cubrir necesidades básicas, y que una porción menor, pero todavía significativa, se encontró en situación de indigencia.
La comparación con la primera mitad del año muestra un descenso de 3,1 puntos porcentuales en hogares y de 3,4 puntos en personas dentro del universo de pobreza. En cambio, la indigencia se mantuvo prácticamente sin cambios estadísticamente significativos, lo que revela que, aunque hubo cierta recuperación de ingresos, todavía persiste un núcleo duro de exclusión que no logra salir de la emergencia.
Uno de los factores que explica esta reducción está vinculado al comportamiento de los ingresos familiares frente al costo de vida. Según el informe, el ingreso total familiar promedio aumentó 18,3% respecto del semestre previo, mientras que la canasta básica alimentaria subió 11,9% y la canasta básica total, 11,3%. En otras palabras, los ingresos crecieron por encima de las canastas que marcan el umbral de pobreza e indigencia, lo que permitió una moderada mejora en los indicadores.
Sin embargo, la mejora no alcanza para disimular la profundidad del problema. El informe del organismo estadístico también puso el foco en la llamada brecha de pobreza, que mide cuán lejos están los ingresos de los hogares pobres respecto de la canasta básica total. Ese diferencial se ubicó en 35,7%. En promedio, un hogar pobre tuvo ingresos por $783.493, mientras que necesitó $1.219.130 para superar la línea de pobreza. Aunque esa distancia se redujo frente al semestre anterior, la brecha sigue siendo amplia y muestra que no alcanza con dejar de caer, sino que todavía falta mucho para recomponer condiciones de vida.
El impacto más duro volvió a recaer sobre los más chicos. Entre los niños y adolescentes de 0 a 14 años, la pobreza trepó al 41,3%, lo que confirma que la infancia continúa siendo el segmento más expuesto a la precariedad económica. En el grupo de 15 a 29 años, la incidencia fue del 32,6%; entre los adultos de 30 a 64 años, del 24,6%; y entre los mayores de 65 años, cayó al 9,7%. La distribución por edades vuelve a mostrar que la pobreza en la Argentina tiene una cara marcadamente joven.
En el plano territorial, el Noreste argentino volvió a ubicarse entre las regiones más afectadas, con una incidencia de pobreza del 32,7%, apenas por encima de Cuyo, que registró 32,3%. Más atrás quedaron el Noroeste con 28,4%, el Gran Buenos Aires con 28,3%, la región Pampeana con 26,2% y la Patagonia con 25,4%. En indigencia, el panorama también fue más delicado en el NEA, con 7,5%, y en el Gran Buenos Aires, con 7%.
Los datos también evidenciaron diferencias según el tamaño de las ciudades. En los aglomerados urbanos de más de 500.000 habitantes, la pobreza cayó 3,6 puntos porcentuales respecto del primer semestre de 2025. En las ciudades más pequeñas, la baja fue algo menor, de 2,3 puntos. Si bien la tendencia fue descendente en ambos casos, el mapa social sigue dejando en claro que la recuperación no tiene la misma intensidad en todos los territorios ni en todos los sectores




