Rubén Piriz tiene 19 años y una historia de pasión por el estudio que contar. Hace tres años, este joven viajó desde la comunidad guaraní Guaporaity, ubicada en Hipólito Irigoyen, para emprender un nuevo camino: estudiar en la universidad y convertirse en un profesional.
Durante sus años de secundaria, tuvo que caminar ocho kilómetros diarios para llegar a la escuela y hoy, convertido en el primer estudiante universitario de su comunidad gracias a una beca, repasó con PRIMERA EDICIÓN ese camino previo que le permite acercarse cada vez más a su meta.
Un deseo de estudiar imparable
Rubén creció en una familia numerosa, con ocho hermanos, en un entorno cargado de naturaleza y familia. Al menos así recuerda sus años en Guaporaity, a la que describe como “un lugar muy tranquilo, que de tan solo ver el paisaje de los árboles y arroyos, me llegan tres millones de recuerdos”.
De su comunidad valoró la lejanía de la zona urbana y que la mayoría de sus integrantes mantiene la costumbre de sembrar y cosechar, “que tiene el mismo significado de felicidad”, aseguró.
Su educación primaria formó parte de ese universo compartido con familiares y conocidos, porque la escuela estaba dentro de la comunidad. Pero en la secundaria, no le tocó vivir lo mismo.
Además de caminar ocho kilómetros para llegar a su escuela, que se encontraba en la ciudad, se encontró con una realidad diferente: “Era muy triste, sentí rechazo, bullying, burlas, todo junto, pero traté de no darle importancia, aunque me re costaba. Lo único bueno eran las materias y los profes, porque ellos notaban que yo sí quería estudiar”, recordó.
El punto de quiebre llegó en 2021, cuando tenía 13 años y cinco voluntarias de la ONG Mamis Solidarias llegaron a su comunidad para brindar asistencia alimentaria y educativa.
“Rubén siempre fue diferente respecto de su empuje, era alguien que no pasaba desapercibido porque siempre, desde muy chico, estuvo convencido de su objetivo. Él quería terminar la secundaria y empezar una carrera universitaria”, contó Florencia Spagnoletti, voluntaria de Mamis Solidarias.
De hecho, Spagnoletti hoy es la coordinadora de la línea de becas que inauguró la historia de Rubén en la ONG. Originalmente, el voluntariado acompañaba de los 0 a 18 años, pero el entusiasmo del joven y la realidad de las comunidades guaraníes motivaron a ampliar el alcance, para que la distancia o lo económico no sean un impedimento si los chicos que finalizan la secundaria quieren seguir estudiando.
Vida en la universidad
A Rubén siempre le apasionó la naturaleza. En la escuela sus materias favoritas eran biología, geografía, matemática y química, lo que explica en gran parte por qué cuando le dijeron que podría estudiar en la universidad, decidió inscribirse en el profesorado de Biología.
La beca de Mamis Solidarias cubre sus gastos de alojamiento, servicios, transporte, alimentos y los materiales que necesita para estudiar hasta que obtenga su título. Todo se cubre con la colaboración de padrinos y madrinas de su historia, gestionado por la ONG.
El joven mostró intenciones de trabajar, pero Spagnoletti aseguró que “en los primeros años de carrera sabemos que si uno tiene la posibilidad de estudiar sin trabajar es lo más conveniente para generar el hábito universitario y poder dar más materias”.
Sobre la experiencia en Formosa, Rubén lo definió como un periodo de cambios pero también de mucho aprendizaje que siente que “valdrá la pena” y la coordinadora coincidió a la hora de valorar ese crecimiento.
Aún con esos cambios, para Rubén el camino recién comienza: “Me imagino en el futuro enseñando como profe o seguir otra carrera que sería la licenciatura en Biología Marina que también me encantaría estudiarla”, contó el joven.
Con su beca, agregó que espera “abrir camino” para otros jóvenes que quieran llegar a la universidad. En ese sentido, Spagnoletti destacó la importancia de que una historia como la de Rubén sea la primera del programa.
“La llegada de su sueño es 90% de él, 10% de nuestra organización, de las Mamis Solidarias. Era un chico que ya tenía un destino marcado y él lo rompió por su perseverancia y eso es muy destacable en esta generación, en un chico que hoy tiene 18 años. Tenía muchas cosas en contra y sin embargo su sueño pudo más”, aseguró.







