La forestoindustria atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. La caída de las ventas, la presión de los costos energéticos, la dificultad para financiar la producción y un mercado externo con precios en baja están generando un escenario de fuerte preocupación en el sector maderero.
Enrique Juan Bongers, presidente de la Asociación Maderera Aserraderos y Afines del Alto Paraná (AMADAYAP), dialogó con el programa El Aire de las Misiones que se emite por FM 89.3 Santa María de las Misiones y brindó un panorama detallado sobre la realidad que atraviesa la cadena forestoindustrial.
“Enero y febrero realmente fueron meses catastróficos, porque si bien históricamente siempre hay una baja en las ventas en esa época del año, esta vez se sumó a un escenario muy complicado que venimos arrastrando desde noviembre y diciembre”, explicó.
Un mercado interno que recién empieza a moverse
Según Bongers, la actividad comenzó a mostrar un leve movimiento recién hacia fines de febrero, aunque más por una necesidad de reposición de stock que por una recuperación real de la demanda.
“En las últimas dos semanas de febrero algunos corralones empezaron a hacer pedidos porque estaban quedando sin madera. Marzo arrancó con algo de movimiento, pero básicamente porque necesitaban reponer mercadería, no porque haya una verdadera reactivación del mercado”, indicó.
El dirigente explicó que muchos aserraderos volvieron a vender al mercado interno, aunque en condiciones financieras muy exigentes.
“Estamos vendiendo con promociones y tomando cheques a 30, 60, 90, 120 o incluso 150 días, y eso genera una presión financiera muy fuerte para las empresas”, señaló.
Además, advirtió que el sector enfrenta una situación particular: los costos aumentaron durante el último año, pero los precios de la madera prácticamente no se movieron.
“Hace más de un año que el precio de la madera no aumenta, lo cual es impresionante si se tiene en cuenta todos los incrementos que absorbió la industria”, remarcó.
Capacidad ociosa y producción frenada
La baja demanda provocó que muchas industrias reduzcan su actividad o trabajen por debajo de su capacidad productiva.
“Hoy hay una capacidad ociosa muy alta en los aserraderos. Algunas empresas están vendiendo algo nuevamente al mercado interno, pero todavía con muy poca producción”, explicó Bongers.
Incluso hay plantas que todavía no retomaron su ritmo normal de trabajo después del receso de verano.
“Tenemos dos aserraderos socios de la cámara que todavía no arrancaron la línea de aserrado después de las vacaciones. Están trabajando únicamente remanufacturando stock de madera seca que tenían almacenada”, contó.
Esta estrategia busca liberar inventario acumulado y adaptarse a los pocos pedidos disponibles.
“Las empresas están analizando qué tipo de madera tienen en stock y hacia qué mercado destinarla: si sirve para el mercado interno, para exportación o para algún nicho específico”, agregó.
Exportaciones con precios bajos
En algunos casos, las industrias intentan sostener la actividad a través de exportaciones, aunque el contexto internacional tampoco resulta favorable.
“Hay aserraderos que están produciendo madera rústica para Centroamérica o Asia y madera cepillada para el mercado estadounidense, pero con precios muy bajos”, explicó el dirigente a FM de las Misiones.
Según Bongers, muchas empresas aceptan esas condiciones con el objetivo de mantener la actividad y sostener el empleo.
“En muchos casos se produce prácticamente para sostener la fuente laboral, más que por una rentabilidad real”, admitió.
El preventivo de crisis aparece como opción
Ante el deterioro económico, algunas empresas comenzaron a evaluar la posibilidad de presentar un procedimiento preventivo de crisis, aunque todavía ninguna firma asociada a AMADAYAP dio ese paso.
“Dentro de la cámara se viene hablando de esta herramienta desde hace más de un año, pero ninguna empresa todavía tomó la decisión de hacerlo”, explicó.
El dirigente señaló que el preventivo puede ofrecer ventajas para reorganizar la situación laboral y productiva, pero también tiene efectos negativos.
“Puede permitir seguir produciendo, pero también afecta la capacidad de financiamiento y el acceso al crédito bancario, algo fundamental para las empresas en este momento”, advirtió.
Energía y combustibles: uno de los principales problemas
Uno de los factores que más presiona sobre los costos de la forestoindustria es el aumento de la energía eléctrica.
“Los costos energéticos han sido muy, muy altos. El aumento en la potencia contratada fue realmente excesivo”, afirmó Bongers.
Según explicó, los incrementos en ese concepto alcanzaron niveles muy elevados.
“La potencia contratada subió cerca de un 600% en el último año, lo cual es una barbaridad”, señaló, agregando que esto genera situaciones paradójicas para las industrias, como el hecho de que hay aserraderos que durante diciembre y enero estuvieron parados por vacaciones y “pagaron más por la potencia contratada que por el consumo real de energía”.
A esto se suman los aumentos en combustibles y la presión impositiva.
“Hoy el contexto ya no es inflacionario como antes, pero la carga impositiva pesa muchísimo en la estructura de costos de la industria”, indicó.
Por eso, desde el sector plantean la necesidad de revisar el esquema tributario.
“La industria necesita una baja de impuestos a nivel nacional, provincial y municipal, además de la posibilidad de recuperar saldos de IVA que hoy quedan inmovilizados”, planteó.
Un dólar que complica la competitividad
En otro tramo de la entrevista, el presidente de AMAYADAP indicó que otro factor que complica a la forestoindustria es el nivel del tipo de cambio.
“Con un dólar más alto el sector podría estar cerrando números. Con un dólar cercano a los 1.600 pesos sería otra situación, porque ayudaría a compensar los aumentos de costos que tuvimos”, explicó Bongers.
Actualmente, muchas empresas directamente descartan exportar por falta de rentabilidad.
“Hay aserraderos que ni siquiera pueden pensar en exportar por la estructura de costos que tienen”, sostuvo.
En general, solo las industrias medianas o grandes, con mayor nivel de inversión tecnológica, logran competir en el mercado internacional.
“Los aserraderos que pueden exportar son los que tienen alta automatización y producen grandes volúmenes, algo necesario para competir con Brasil o Chile”, explicó.
Un panorama incierto para las pequeñas empresas
De mantenerse el escenario actual, Bongers advirtió que muchas pequeñas industrias podrían enfrentar serias dificultades en el futuro.
“Si seguimos en este contexto durante tres o cinco años, los aserraderos muy pequeños que no tengan nichos rentables van a tener que reconvertirse”, sostuvo.
Según señaló, ese proceso ya ocurrió en otros países de la región, como en Chile y Brasil donde los pequeños aserraderos fueron desapareciendo porque no podían competir con los grandes.
Por eso, el dirigente insistió en la necesidad de políticas que contemplen a las economías regionales.
“No queremos criticar a nadie, pero hay economías regionales que hoy no están en agenda, y la forestoindustria es una de ellas”, advirtió.
En ese sentido, planteó que si no hay políticas específicas para el sector, al menos debería avanzarse en medidas que mejoren la competitividad.
“Si ciertas economías regionales no están en agenda, al menos necesitamos una baja de impuestos que permita que las empresas puedan subsistir”, concluyó.









