En Misiones, la chipa no es solo un alimento típico: es trabajo diario, es ruta, es mate compartido y es sustento para decenas de familias. Pero detrás del aroma inconfundible del queso derretido y el almidón recién horneado, hoy hay una realidad que aprieta. Aumentos en insumos, subas en el transporte y consumo fluctuante ponen en jaque a las fábricas, mientras los vendedores intentan sostener el día a día.
En contacto con FM de las Misiones, Rolando Congregado, integrante de la Cooperativa de Trabajo Los Chiperos de Santa Ana, describió con claridad el escenario actual: “En este momento es como todos los años cuando comienzan las clases. Siempre hay una caída en las ventas porque la gente tiene otras prioridades, los útiles, las cuotas. Pero igual se sigue vendiendo”.
Subas, transporte y precios dispares
El aumento de los insumos impactó de lleno en el precio final. “A principios de año vino una suba. Hoy el precio depende mucho del costo de traslado, porque los boletos están muy caros”, explicó Congregado.
Actualmente, la chipa sobre ruta ronda entre 1.300 y 1.500 pesos la unidad, aunque en zonas céntricas puede conseguirse por 1.200 pesos. En puntos turísticos, como el peaje de Santa Ana, la clásica bolsita de cuatro chipas alcanza los 5.000 pesos.
Pero el golpe más fuerte no viene solo de la materia prima. “Este año lo que más subió es el transporte. Eso es lo que encarece todo”, subrayó. Y anticipó lo que ya es una constante en el calendario comercial: “Para Semana Santa siempre sube el almidón, el huevo, el queso. El que trabaja con chipa sabe que un mes antes tiene que estoquearse”.
“Si te va bien, ganás entre 30 y 50 mil pesos”
El ingreso diario de un chipero depende casi exclusivamente de la zona donde venda. “Un chipero puede vender entre 60 y 100 chipas por día. Si te va bien, estarías ganando entre 30 y 50 mil pesos”, detalló. Sin embargo, no todos alcanzan ese piso: “Los que venden en escuelas o en zonas más flojas pueden estar sacando 15 o 20 mil”.
La cooperativa cuenta actualmente con siete integrantes formales, aunque alrededor de veinte familias comercializan su producto. En total, sumando las cuatro chiperías activas en Santa Ana, el rubro sostiene a unas ochenta familias.
Aunque el vendedor logra sostenerse en la calle, el panorama en la producción es más delicado. “La fábrica es la que está complicada. Es muy caro el costo de la fabricación. El que no se pudo estoquear, después compra muy caro”, advirtió Congregado.
El dirigente recordó épocas de mayor esplendor: “La mejor época fue la de La Negrita. Ellos llegaron a tener 150 o 160 vendedores, una sola fábrica”. Hoy la estructura es más reducida y atomizada.
En otro tramo de la entrevista, el integrante de la Cooperativa de Trabajo Los Chiperos de Santa Ana, aseguró que “la chipa tradicional no pasa de moda nunca”.
“Estamos agradecidos con la gente que siempre compra. El vendedor siempre va de un lado a otro y trabaja”, expresó Congregado, dejando en claro que, más allá de las dificultades, el espíritu emprendedor sigue firme.



