La forestoindustria argentina, uno de los complejos productivos más dinámicos en términos de recursos naturales y con fuerte presencia en la Mesopotamia -especialmente en Misiones y Corrientes-, perdió alrededor de 10 mil puestos de trabajo registrados en la última década. Así lo señala un informe del IERAL NEA, elaborado por el economista jefe Gerardo Alonso Schwarz, en base a datos del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial.
El sector llegó a superar los 100 mil empleos formales en 2011 y 2012. Sin embargo, desde entonces mostró un estancamiento sostenido que lo llevó a ubicarse actualmente en torno a los 90 mil trabajadores registrados.
La caída contrasta con la evolución del empleo total de la economía argentina, que entre 2010 y 2023 creció 14%, mientras que la forestoindustria retrocedió 4% en el mismo período.
La tendencia se profundizó en los últimos años. Mientras el empleo total cayó en 2024 y tuvo una leve recuperación en 2025 (+0,3%), el sector registró una contracción del 3,1% en 2024 y del 1,3% en 2025.
En los últimos tres años, la baja acumulada en los distintos subsectores -silvicultura, aserrado, productos de madera y papel- se ubicó entre 5% y 7%, con la única excepción del rubro muebles, que tras caer en 2024 mostró una rápida recuperación en 2025.
El informe destaca que el sector se caracteriza por una estructura productiva diversificada, que incluye industrialización de madera sólida, triturable (pasta celulósica y papel) y generación de energía a partir de biomasa, sobre una superficie forestada de aproximadamente 1,3 millones de hectáreas.
Sin embargo, la dinámica reciente evidencia fuertes desafíos, en especial para las pequeñas y medianas empresas orientadas al mercado interno.
En el segmento del aserrado y remanufactura de madera -tableros, madera estructural, molduras, pisos- conviven grandes empresas tecnificadas y exportadoras con una amplia red de PyMEs: más de 400 en Misiones, más de 200 en Corrientes y más de 750 en la provincia de Buenos Aires. Estas últimas dependen en gran medida de la construcción local, uno de los sectores más golpeados por la recesión.
El Índice de Producción Industrial de Madera registró en 2023 una caída del 6%, explicada por el retroceso de la construcción (-4%) y una fuerte baja en exportaciones (-19%).
En 2024 la contracción fue aún mayor (-14%), en un contexto de desplome del 27% en la actividad constructiva. Si bien las exportaciones crecieron 18% ese año, no lograron compensar el derrumbe del mercado interno.
En 2025 el indicador mostró un rebote del 12%, impulsado por mayores exportaciones y una leve recuperación de la construcción, que en 2024 se había planchado totalmente, sobre todo la obra pública paralizada por el Gobierno nacional.
También se registró un incremento del 7% anual en la superficie autorizada a construir, señal que podría anticipar una mejora gradual en la demanda de materiales. Sin embargo, el propio informe advierte que esta recuperación es todavía insuficiente para revertir las pérdidas acumuladas en 2023 y 2024.
A los problemas coyunturales se suman desafíos estructurales: cambios tecnológicos en la construcción, mayor uso de perfilería metálica y andamiajes, difusión de viviendas industrializadas -incluso importadas- y mayores exigencias ambientales en los mercados internacionales.
En este escenario, la apertura comercial y los acuerdos con la Unión Europea y Estados Unidos representan oportunidades para el perfil exportador del sector. No obstante, la reconversión productiva necesaria para muchas PyMEs requiere financiamiento, reducción de costos logísticos, mejoras en infraestructura, energía competitiva y certificaciones como FSC.
El informe menciona además el RIMI (Régimen de Incentivos a las Inversiones Medianas) como una herramienta que podría complementar al RIGI, facilitando inversiones de menor escala con beneficios fiscales. Sin embargo, advierte que la magnitud del desafío excede un único instrumento.
Para Misiones, donde la forestoindustria constituye uno de los pilares productivos, la pérdida de 10 mil empleos a nivel nacional refleja una tensión que también impacta en la región.
La reconfiguración estratégica del sector -con exportaciones en crecimiento pero consumo interno debilitado- obliga a repensar políticas de competitividad y modernización para evitar que la recuperación incipiente quede a mitad de camino.










