Este año, el receso escolar volvió a dejar imágenes que preocupan: puertas forzadas, talleres vaciados y vidrios rotos en varias escuelas públicas de la provincia. Lejos de tratarse de hechos aislados, los episodios de robo y vandalismo se multiplicaron, a veces en la misma escuela, y condicionan inevitablemente el arranque del ciclo lectivo.
Uno de los casos más resonantes es el de la Escuela Provincial 53, de nivel primario, que durante las vacaciones sufrió cinco hechos de este tipo, con daños materiales que todavía no pudieron revertirse. La EPET 45 también fue otra afectada: denunció el robo de maquinarias y herramientas de sus talleres técnicos.
En ambos casos, las comunidades educativas coinciden en la preocupación: lo que se pierde no son solamente objetos, son condiciones dignas para enseñar.
José Díaz, vicedirector de la Escuela 53, conversó con PRIMERA EDICIÓN sobre esta realidad que impactó de lleno en la institución, a poco de que los estudiantes vuelvan a las aulas, y agregó una frase que resume el escenario que atraviesan: “Hasta el día de la fecha no tuvimos ningún comunicado, ni un llamado de la comisaría. Vamos a soldar y a pagarle a un herrero con dinero de la escuela, porque hasta ahora el Estado no se hizo presente”.
Daños reiterados
En la Escuela 53 los hechos comenzaron el 2 de enero y continuaron durante todo el verano. Hasta ayer, contabilizaban cinco ingresos, con robo de elementos de limpieza, rotura de depósitos, arranque de tres ventanas de aluminio del salón de usos múltiples y sustracción de materiales de la biblioteca.
Más allá del detalle de los daños, el vicedirector Díaz marcó que lo que preocupa es la reiteración. “En años anteriores siempre hubo hechos así, pero no la cantidad de veces que ocurrieron este año”, señaló. El directivo vinculó la seguidilla de hechos con una situación social en los alrededores de la escuela. Además mencionó que cada hecho afecta a toda la comunidad educativa, ya que por los robos y daños también resultó afectado el CEP 32, que funciona en el turno noche en el mismo edificio.
El caso de la EPET 45, también en Posadas, refleja otro costado del impacto. De allí se llevaron una fresadora, una sierra sensitiva, amoladoras, multímetros y herramientas básicas para las prácticas de Construcciones, Electricidad o Carpintería. “Son insumos que forman profesionales”, había advertido a este medio la directora de esa escuela, al dar cuenta de la gravedad del hecho.
Para Díaz, hay una hipótesis preocupante que podría explicar los hechos repetidos en su escuela: el contexto de crisis y el consumo problemático en la zona, sobre todo entre los más jóvenes.
Un escenario que no ayuda
En la Escuela 53, el deterioro del edificio suma un condimento extra. “La cuestión edilicia está muy precaria (…) tenemos miedo porque hay lugares donde en cualquier momento puede caer el techo y puede suceder un hecho trágico”, alertó Díaz.
Esa precariedad agrava el impacto de los robos. Para ejemplificarlo, Díaz mencionó que en uno de los ingresos se llevaron tres ventanas de aluminio, que si no se reponen complican que los estudiantes puedan estudiar durante el año.
“Si hay una tormenta o evento climático se va a llenar de agua la escuela y la cuestión es el frío más adelante también. Es necesario invertir para tratar de que los chicos estén bien cuidados dentro de la institución”, evaluó el vicedirector.
En el caso de la Escuela 53, la falta de respuestas hizo que los insumos deban reponerse con recursos de la escuela, o que los directivos organicen guardias compartidas para reducir el impacto de los daños.
Los hechos ya tienen denuncia policial y Díaz agregó que “ya se comunicó vía jerárquica a Supervisión… pero hasta ahora no tenemos respuesta”.




