En 2016 la escritora Jenny Wasiuk se mudó a Jardín América a acompañar a su papá, Benjamín (84), que estaba enfermo y necesitaba atención permanente. Un día su padre le dijo: “Hija, por qué no te comprás un auto y dejás ya de andar en esa moto? -con 51 años, solo sabía manejar motos-. Yo te voy a ayudar, vas a tener tu autito”, decretó. Falleció en 2017. Pusieron en venta su casa y en 2021 los contactó un comprador “ofreciendo una Kangoo y dinero. Era el auto de mis sueños… Cerramos trato y tuve el auto que papá prometió, pero no sabía manejar y nadie tenía tiempo para enseñarme, por lo que mirando tutoriales y dando vueltas por mi barrio a la siesta, aprendí a manejar, rendí para cambiar la licencia de moto a auto y aprobé. Desde entonces mi Kangoo y yo hemos hecho unos 80 mil kilómetros”, manifestó.
A partir de ese momento comenzó a materializarse “el sueño que tuve desde siempre: viajar sin tiempo, sin destino y viviendo con intensidad cada minuto de libertad. Me faltaban cuatro años para jubilarme, así que fui diseñando una mini camper y comprando las cosas que necesitaría para vivir en el vehículo con lo mínimo y necesario”, comentó.
El 1 de agosto de 2023 se unió al grupo de Mujeres Rodanteras Argentinas en Facebook. Descubrió que no era la única “loca” soñando con viajar sola y con el vehículo que sea. “Encontré en este grupo la tribu que andaba buscando y me motivaron aún más con su energía y sororidad. De ellas fui aprendiendo un montón y también pude transmitir lo aprendido a otras”, celebró. Destacó puntualmente la conexión que hizo con la creadora del grupo, Silvia Di Biase, y con Mónica Fernández, una de las administradoras. “Es enorme la tarea que realizan, ya que hoy día ese grupo tiene más de 23.000 mujeres que viajan o que están buscando inspiración para hacerlo, y de allí surge una comunidad de Whatsapp con miles de integrantes, subdividido en 41 grupos como: General, Salud Rodantera, Conceptos de mecánica, Equipamientos, Viajo Sola, Videos interesantes, S.O.S. Emergencias, etc.”, señaló.
Muchos le preguntaban “si no tenía miedo a lo que me pueda pasar viajando sola y mi respuesta siempre fue: ‘Que el miedo se haga a un lado, porque con miedo o sin él, lo haré igual’. Y así fue que comencé a hacer viajes cortos por Misiones para ir viendo qué más necesitaba llevar o qué llevaba de más. Cumplí 60 años en 2025 e inicié el trámite jubilatorio, lo que me otorgó libertad para proyectar viajes más largos”.
En noviembre salió sin fecha de regreso. El primer destino fue el Encuentro Nacional de Mujeres Rodanteras en Villaguay, Entre Ríos, con paradas en Yapeyú y Federación. “Fue algo mágico: 178 vehículos y más de 220 mujeres sintiendo y vibrando libertad. No me alcanzan las palabras para describir lo que sentí, lo que aprendí y las historias de vida que conocí. Muchas veces sentimos no encajar en el entorno y de pronto nos encontramos con una comunidad tan igual y tan diferente a la vez, pero todas mirando hacia el mismo horizonte. Esto nos sacude hasta los cimientos y comienza un nuevo viaje, ese viaje no es sobre rutas, paisajes o mapas, es un viaje hacia adentro, hacia nuestros orígenes, donde podemos ver las grietas, los baches, las carencias y comenzamos a reordenar cada espacio para poder relajarnos y vivir el presente sin mochilas innecesarias”, contó.
De Villaguay siguió hacia Córdoba. Conoció ciudades, compartió con mujeres rodanteras del grupo en varias localidades, “que me invitaron a sus casas, me narraron semblanzas de su vida o del lugar, recorrimos la historia que nutre y vibra en cada casa, calle, cerro o río cordobés, como Villa del Totoral donde hay un paseo guiado por sus casonas antiguas, entre ellas la casa donde vivieron su exilio Pablo Neruda y Rafael Alberti”.
También Villa Concepción del Tío, donde el Secretario de Turismo narró decenas de historias del lugar y de la Córdoba antigua, “que me ayudaron a armar un mapa de lugares por conocer”. Luego de más de un mes viajando en caravana con otras rodanteras llegó el momento de continuar sola.

El destino tan esperado era Cerro Colorado, donde está la Casa Museo de Atahualpa Yupanqui. “Este lugar superó ampliamente mis expectativas: ver fotos de Don Ata en distintas épocas, sus libros, discos, guitarras, ropas, valijas, premios, tesoros que hablaron y narraron su paso por el mundo y sobre todo, por mi mundo de niña donde sus discos -entre otros de folclore- eran rituales domingueros de mis padres. Conocer a Roberto, su hijo”. Recorrer sola el famoso “camino del silencio” donde el Maestro “se instalaba a escribir fue una de las experiencias más fuertes de este viaje.
Durante varios días estas imágenes me rondaron y tuve que detenerme en un camping a digerirlas antes de continuar”. Fue bajando por detrás de las Altas Cumbres hasta Cura Brochero, Mina Clavero y Nono. Visitó el famosísimo museo Rocsen “que es un tremendo viaje al pasado, conocí a una rodantera que vive en las altas cumbres en medio de la nada misma, y a su vecina, una artesana y tejedora que fabrica y tiñe sus lanas e hilos con los que crea magia”.
Regresó hacia Santa Rosa de Calamuchita por una ruta inhóspita que recorre la cima de los cerros, “pasé Navidad y Año Nuevo con una hija del corazón que vive ahí, seguí hasta Carlos Paz donde otra rodantera me llevó a recorrer sus alrededores y regresé despacito, saboreando intensamente la experiencia de vivir 59 días en mi Kangoo, bautizada Kairós -en griego momento ‘oportuno’, ‘crítico’ o ‘adecuado’- para compartir la tradicional semana de vacaciones en familia con mis cuatro nietos que esperaban ansiosos el regreso de la abuela viajera, pero esa ya es otra historia…”.








