No es solo una estadística de termómetro: es la confirmación de una inercia que parece no tener retorno cercano. El Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S) de la Unión Europea difundió este miércoles el balance final de 2025 y los números son contundentes. El año pasado se ubicó como el tercero más cálido desde que existen registros fiables, con una temperatura media global de 14,97°C, apenas 0,01°C por debajo de 2023 y a 0,13°C del récord absoluto que ostenta 2024.
Sin embargo, más allá de la posición en el ranking, lo que preocupa a la comunidad científica es la tendencia acumulada. Por primera vez en la era instrumental, un trienio completo (2023-2025) superó el umbral crítico de 1,5°C por encima de los niveles preindustriales. Es decir: el mundo ya está viviendo, en términos prácticos, en el escenario que el Acuerdo de París intentaba evitar para finales de siglo.
Al margen de las declaraciones oficiales que suelen poner el foco en la variabilidad natural, como los ciclos de El Niño y La Niña, los datos de 2025 demuestran que el factor humano ya tomó el volante del clima global.
Meses récord: Enero de 2025 fue el enero más caluroso de la historia. De hecho, cada mes del año -excepto febrero y diciembre- fue más cálido que cualquier mes equivalente antes de 2023.
El impacto en los polos: Mientras en los pasillos de las cumbres climáticas se discuten financiamientos, la geografía cruje. La Antártida vivió en 2025 su año más cálido registrado, y la cobertura de hielo marino en ambos polos cayó en febrero a niveles mínimos desde que se iniciaron las observaciones satelitales en los años 70.
Océanos en ebullición: La temperatura de la superficie del mar (extrapolar) alcanzó los 20,73°C, la tercera más alta de la serie.
Según el monitor de tendencias del C3S, al ritmo actual de emisiones, el límite de 1,5°C de calentamiento global a largo plazo podría alcanzarse de forma definitiva cerca de 2030, una década antes de lo proyectado cuando se firmó el tratado climático en 2015.
El informe subraya dos causas principales para este trienio excepcional: la acumulación incesante de gases de efecto invernadero y la anomalía térmica de los océanos, potenciada por la reducción de aerosoles en la atmósfera, lo que permite que una mayor cantidad de radiación solar impacte directamente en la superficie.
Mientras el hemisferio norte sufrió olas de calor marítimas y un verano boreal asfixiante, el sur presentó matices. Si bien la tendencia global es al alza, regiones de Argentina y Chile registraron episodios de frío récord en meses puntuales de 2025, una muestra de la creciente inestabilidad y fragmentación climática: los extremos ya no son la excepción, sino la nueva norma.
El diagnóstico final de Copernicus no deja lugar a especulaciones: la “inercia del calentamiento” es tal que, incluso sin un evento de El Niño fuerte, el planeta sigue sumando décimas que se traducen en inundaciones catastróficas y estrés térmico. La única variable que aún queda por definir es la velocidad con la que el sistema productivo global decida -o no- pisar el freno.
Fuente: Agencia de Noticias NA y Medios Digitales





