A plena luz del día la sensación de desamparo, que no es nueva en los barrios Nuevo Garupá y Horacio Quiroga, se transforma en “terror” por las noches: en los alrededores proliferan grandes extensiones de terrenos baldíos que “sirven de aguantadero para delincuentes que tienen en jaque a la gente”.
Así lo manifestó a PRIMERA EDICIÓN una referente vecinal, vocera del malestar colectivo que afecta aproximadamente a 180 familias que habitan ambos barrios. Si bien, en una recorrida de este Diario fue posible comprobar que las casas están ubicadas en una zona geográfica que la gente describió como “estratégica”, a pasos del Acceso Sur y limitando con el río, la realidad es que su infraestructura dista mucho del potencial de su ubicación. Con solo dar una caminata por donde se encuentran los baldíos sin tratamiento, también se encuentran montículos de basura a cielo abierto que despiden malos olores y atraen a las alimañas…
Acompañada por otros vecinos, la mujer describió la situación “como insostenible”, y señaló que la falta de respuestas “genera impotencia”, a lo que añadió: “No nos quedó otra estrategia que visibilizar el infierno que vivimos”.
“Esta situación que tenemos, con respecto al desamparo municipal en el barrio es algo histórico”, reconoció. Según la gente también que se acercó a brindar su testimonio, pero que pidió no ser identificada para evitar represalias, “acá no se trata de un problema coyuntural; esto es estructural; la falta de inversión y mantenimiento se arrastra desde hace dos décadas, cuando estos barrios comenzaron a poblarse”.
“Es algo recurrente y lo que más nos molesta como vecinos es que solemos presentar notas cada año; Esto que uno ve a simple vista es de vieja data, estamos hablando fácil de un abandono de 20 años”, explicó la referente, quien agregó que incluso tras consultar con otros presidentes de las comisiones barriales anteriores, la respuesta es “ignorar el reclamo”.

Deterioro progresivo
La inacción sistemática por parte del municipio de Garupá generó un ciclo de deterioro progresivo. Si bien en ocasiones acuden cuadrillas para “arreglar algo a las cansadas; las soluciones son parches”, denunciaron.
“Está a la vista, las calles están abandonadas, no hay alcantarillado, cuando llueve nos inundamos todos y cuando se seca el barrio la calle sigue más rota de lo que estaba”, detalla la mujer, tras señalar cada punto conflictivo: el espacio verde donde hay un parquecito y los chicos no pueden ir a jugar porque está tapado por maleza, el frente de la escuela, la iglesia y la lista sigue.
La infraestructura deficiente no es solo una cuestión estética o de comodidad; el abandono del barrio se traduce directamente en inseguridad.
“La falta de mantenimiento en los espacios verdes y la oscuridad reinante han creado el ecosistema perfecto para la delincuencia”, sostuvo la gente.
“El hecho de que estos largos pastizales de los baldíos se usan como aguantadero… hay movimientos raros en invierno y en verano cuando están secos por el sol, no falta quien le prende fuego y nos exponen a los riesgos de incendio. Somos muchas familias, hay muchos niños y nuestros barrios no son seguros, es la realidad”, enfatizaron.
Consultados sobre el alumbrado público, los vecinos contaron que “las luminarias a la noche tampoco funcionan, allá al costado de la plaza, en la calle principal, por calle Santo Pipó, no tienen foco. Si no fuera por las luces que ponemos en nuestros patios, esto es una boca del lobo”, denunció un hombre.

En la maraña burocrática
El reclamo de los vecinos no es informal ni desorganizado, aunque el hartazgo comienza a hacer mella. Las autoridades barriales intentaron seguir los canales institucionales rigurosamente, aunque sin otra respuesta más que el silencio.
“Todas las notas con estos mismos reclamos se presentaron en la Municipalidad”, aseguró la vocera vecinal.
“La delegada municipal, el nexo entre el barrio y la intendencia, suele recibir los reclamos verbales, pero su respuesta es invariablemente burocrática: “Ella siempre nos dice: ‘primero lleven esa nota en la Muni’. Va a la Muni, pero de ahí no sale ninguna orden, entonces la delegación no se mueve. Todo queda ahí”.
“Nos faltan más vecinos involucrados, te soy sincera, no todos tienen esa conciencia comunitaria”, admitió y luego aclaró que siguen actuando como vecinos autoconvocados para no perder la representación. En el pasado, ante la inoperancia de EMSA Garupá y el municipio, los propios vecinos llegaron a reunir fondos para comprar e instalar los focos de la plaza, “una tarea que, en teoría, corresponde al Estado, pero no lo hacen”, demandaron.





