En una sola jornada, la provincia registró cuatro situaciones de potencial peligro si no hubiera sido por la detección -a veces de vecinos, otras de patrullas- de menores que deambulaban sin ningún adulto a cargo.
En Apóstoles, la alarma la dieron los vecinos de la Avenida Ucrania. Un nene de 4 años caminaba solo por el acceso al barrio Illia, un lugar donde el tránsito no perdona. Al margen de la intervención policial que lo llevó al hospital para chequear que estuviera sano, la pregunta que queda flotando es cómo un chico de esa edad llega a una avenida principal sin que nadie lo note a tiempo. Una hora después, fue entregado a su padre en la Comisaría de la Mujer.
La historia se repitió en San Ignacio, pero con una protagonista todavía más vulnerable: una nena de apenas 2 años. Fue hallada sola en el barrio Perón. En este caso, la situación obligó a que intervenga el área de Asistencia Social de la municipalidad antes de devolverla a su madre, un paso administrativo necesario cuando la negligencia o el descuido son tan evidentes.
En Posadas, el escenario fue la Costanera Sur. Entre el movimiento del domingo, dos hermanitas de 7 y 9 años se perdieron de vista de sus padres. En un lugar tan masivo y con el río a pocos metros, el margen de error es mínimo.
Más allá del cumplimiento del deber por parte de los efectivos que circulaban por la zona, estos episodios ponen el foco en la responsabilidad civil. Un nene desorientado en la calle no es solo un “procedimiento policial” exitoso; es, sobre todo, una señal de alerta sobre lo que está fallando en el cuidado básico.




