La Inversión Real Directa del Estado nacional en Misiones mostró en 2025 una recuperación parcial respecto al derrumbe registrado durante 2024, aunque el repunte no alcanza a revertir el fuerte retroceso acumulado frente a 2023.
De acuerdo al último informe de la consultora Politikon Chaco, los datos oficiales revelan que, aun con una suba interanual significativa, el volumen ejecutado continúa muy lejos de los niveles previos al ajuste, en un contexto general donde la inversión pública nacional atraviesa uno de sus pisos históricos más profundos de las últimas dos décadas.
Durante 2025, la inversión real directa destinada a Misiones alcanzó los 22.383 millones de pesos corrientes en etapa pagada.
En términos reales, ese monto representa un incremento del 82,7% en comparación con 2024, año que había marcado el nivel más bajo de ejecución desde al menos 2003.
Sin embargo, la mejora pierde fuerza cuando se amplía la mirada y se contrasta con 2023, ya que en esa comparación la inversión nacional en la provincia muestra una caída real del 42,2%.
Ese dato resulta clave para entender la dinámica actual. El crecimiento observado en 2025 no responde a un proceso de expansión sostenida de la inversión pública, sino al rebote estadístico generado por una base de comparación excepcionalmente baja.
En otras palabras, el aumento porcentual se explica más por el derrumbe previo que por una decisión estructural de recomposición de recursos destinados a infraestructura y equipamiento en las provincias.
El comportamiento de Misiones se inscribe, además, en un escenario nacional extremadamente restrictivo. En el acumulado de 2025, la inversión real directa del Estado nacional destinada al conjunto de provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue de 890.291 millones de pesos constantes, lo que la convierte en la segunda más baja de los últimos veinte años. Aun con un crecimiento real del 19,3% frente a 2024, el nivel de ejecución quedó un 65,1% por debajo del promedio histórico del período 1995-2023.
La estructura de esa inversión también aporta elementos para la lectura crítica. En Misiones, el componente Construcciones concentró prácticamente la totalidad de la inversión nacional ejecutada, con 21.949 millones de pesos, lo que equivale a una suba real del 90,1% frente a 2024. No obstante, al comparar con 2023, ese mismo rubro exhibe una caída del 41,2%, confirmando que la obra pública nacional continúa operando en niveles muy deprimidos.
La situación se vuelve aún más evidente si se considera que, a nivel país, el componente Construcciones fue en 2025 el segundo más bajo desde 2004. Pese a representar el 57% del total de la inversión real directa, su volumen se ubicó más de 73% por debajo del promedio histórico.
En ese contexto, Misiones no aparece como una excepción, sino como parte de un patrón general de contracción prolongada.
En el reparto nacional, la provincia ocupó un lugar intermedio, lejos de los distritos más beneficiados. CABA y Buenos Aires concentraron más de la mitad de la inversión total, mientras que Misiones quedó por detrás de provincias como Jujuy, Entre Ríos y Río Negro.
En términos relativos, el volumen asignado a la provincia representó apenas una fracción del total ejecutado, reforzando la percepción de una distribución altamente concentrada y con escaso margen para las economías regionales.
La comparación interprovincial también muestra que el rebote de Misiones frente a 2024 fue significativo pero no extraordinario. Otras jurisdicciones registraron incrementos reales aún mayores, aunque en la mayoría de los casos ese crecimiento tampoco alcanza a compensar las caídas acumuladas desde 2023.
De hecho, en la comparación directa contra ese año, solo dos provincias lograron superar los niveles previos, mientras que el resto, incluida Misiones, continúa en terreno negativo.
El resultado global deja al descubierto un escenario de ajuste persistente. La inversión nacional no solo permanece muy por debajo de los promedios históricos, sino que además exhibe fuertes desigualdades territoriales y una dependencia marcada de proyectos específicos que no siempre se traducen en infraestructura con impacto directo en el desarrollo local.
En ese marco, la mejora registrada en 2025 aparece más como una corrección técnica tras un desplome extremo que como el inicio de una etapa de recuperación sostenida.





