Con el pedido de la fiscalía de prisión perpetua para el acusado, y de absolución desde su defensa, se concretó la etapa de alegatos de las partes en el marco del juicio oral y público que se le sigue a Pablo Schoenfisch (23) por el crimen de su madre, Faustina Antúnez (57), y por herir gravemente a su padre (quien perdió la vista), el exintendente de Santiago de Liniers, Arnoldo Schoenfisch (64).
Una vez finalizada la exposición de argumentos y fundamentos de la parte acusatoria y de los abogados que representan al imputado, el Tribunal Penal 1 de Eldorado pasó a un cuarto intermedio hasta el próximo martes 16 de diciembre, cuando se escuche al encartado si es que opta por hablar antes de que se conozca la sentencia.
El debate de ayer comenzó con un pedido de uno de los integrantes del Tribunal, Ángel Atilio León, para que se declare la nulidad de la última testimonial de Arnoldo Schoenfisch, quien se autoincriminó en pleno desarrollo del juicio, y que su testimonio quede a disposición de revisión del fiscal penal en turno para que se investigue lo confesado, además de la suspensión del proceso hasta que se resuelva la situación procesal del padre del imputado. Esto será analizado por sus colegas Adriana Andino y Eduardo Jourdan, presidenta y vocal respectivamente, y se comunicará lo que resuelvan el día de la lectura del fallo.
“Friamente calculado”
El fiscal Federico José Rodríguez sostuvo en sus argumentos que “la investigación demuestra con certeza la responsabilidad penal del imputado y que el homicidio y la tentativa están irrefutablemente probados por evidencia física y testimonios”, al señalar que ambas víctimas fueron atacadas mientras dormían, con disparos a corta distancia sobre las almohadas, lo que demuestra alevosía. Según Rodríguez, el acusado aquel 14 de mayo de 2020, a la madrugada en Santiago de Liniers, “actuó con planificación, conocimiento del lugar y manejo del arma, teniendo todo fríamente calculado”.
Descalificó la hipótesis defensiva que atribuye los disparos al exintendente, señalándola como “una teoría tardía y sin sustento”, y destacó que varios testigos vieron a su hijo portar el arma, practicar tiro y fotografiarse con ella.
Indicó que “el rastro de sangre hallado coincide exactamente con el recorrido de Arnoldo al pedir auxilio”, lo que descarta un suicidio, y que testigos lo vieron gravemente herido y pidiendo ayuda. Remarcó que “‘Pablito’ conocía la casa y el perro, por lo que pudo ingresar sin dificultad”.
El fiscal recordó que familiares declararon que el encartado “amenazó reiteradamente a sus padres” tras restricciones económicas y conflictos previos, y que tras ser informado de la muerte de su madre reaccionó con frialdad. Señaló además que testigos muy cercanos a la familia afirmaron que el propio exalcalde señaló a su hijo como autor. También recordó que el día previo al hecho se detectó la falta de la tarjeta de débito de Fátima Antúnez, con extracciones por unos 38 mil pesos, y que a una reunión por este tema asistió Pablo.
“La tarjeta fue hallada oculta en otra vivienda lindante a la escena del crimen, junto con guantes y gorro pertenecientes a ‘Pablito’”, sostuvo Rodríguez, y añadió que un amigo admitió haber sustraído dinero a su madre, lo que agravaba su situación.
“El caso Cristina Vázquez”
La defensa, representada por María Laura Alvarenga y Fabián De Sá, citó el precedente de la causa Cristina Vázquez, al advertir que podrían existir “sesgos cognitivos, especialmente el sesgo de confirmación y la visión en túnel”. Afirmaron que el caso “se construyó sobre conjeturas, no sobre pruebas directas”, y que la fiscalía no pudo ubicar al acusado en el lugar del hecho.
Sostuvieron que se desecharon hipótesis alternativas sin investigarlas y que hubo “una investigación dirigida hacia una única conclusión”. Indicaron que hubo declaraciones introducidas recién en el juicio que no habían sido mencionadas durante la instrucción, y que “nada de eso constituye prueba directa de homicidio”.
Respecto al guante, señalaron que apareció en un segundo allanamiento, luego de descartarse la primera hipótesis incriminatoria, y que “tiene restos de pólvora pero no tiene sangre”. Finalmente, argumentaron que el ángulo del disparo y las manchas de sangre serían compatibles con escenarios distintos al propuesto por la acusación.











