¿Qué tan “deconstruidos” estamos?

El escándalo mediático Wanda Nara-Mauro Icardi-China Suárez desnudó no sólo intimidades de los famosos, sino prejuicios vigentes sobre el rol de la mujer, el ideal de pareja y que ante una infidelidad el culpable es el tercero en discordia.

02/11/2021 14:19

Vivimos inmersos en una trama social donde los valores inculcados van guiando tanto nuestros comportamientos como la mirada sobre las acciones de los demás. En este sentido, las estructuras edificadas desde la niñez no son simples de modificar. Es por ello que, ante situaciones que pasan a un plano público, aparecen aquellos prejuicios que creíamos haber dejado de lado.

En este proceso de “deconstrucción”, tanto de la idea del hombre, como la de la mujer y la familia, en medio de un caso polémico es interesante pensar qué posición tomamos y si realmente incorporamos una perspectiva de género, al nivel que creemos tener. Un claro ejemplo su dio en las últimas semanas cuando se conoció el escándalo entre Wanda Nara y Mauro Icardi por mensajes que hubo con la Eugenia “China” Suárez.

En una pelea tan pública, donde se compartieron un sinfín de intimidades de las famosas, nuevamente se retomaron ideas que pensamos superadas como la “robamaridos”. Más allá de los vaivenes mediáticos, donde se buscaron culpables y compararon prontuarios de las protagonistas, el rol del hombre volvió a quedar en el último lugar.

Asimismo, con tantos análisis acerca de las parejas, las infidelidades, resurgieron todos aquellos ideales acerca del compromiso, el amor y cómo debe ser una familia. Por tanto, este caso no es más que una forma de rever qué tanta evolución hay realmente acerca de los roles de género, el romance y la monogamia.

Al respecto, ENFOQUE dialogó con algunas profesionales no sólo por el escándalo con Wanda Nara en el centro, sino además de cómo persisten estructuras que creíamos superadas en cuanto a las relaciones humanas.

 

El amor y el patriarcado

La licenciada en Psicología Natalia Pino Roldán comentó que “hay una creencia de que el amor es algo espontáneo, que está en el aire. Cuando en realidad el amor es una construcción social, definida dentro de una cultura patriarcal, donde hay roles esperables que siguen totalmente vigentes”.

En este sentido, remarcó “qué pasa con las mujeres que llegan a la edad adulta sin un matrimonio, estas pasan a llamarse las solteronas. En cambio, el hombre llega siendo el soltero codiciado. Además, está la imposición de que las mujeres deben ser madres y responder preguntas respecto a su maternidad”.

En el amor romántico, “hay un montón de mitos y es algo que, quienes estudiamos la perspectiva de género, tratamos de desarmar para construir un amor basado en el respeto y en las decisiones libres de las personas”, añadió.

Entre estas ideas, detalló que “tenemos el mito de los celos, porque si me quiere tiene que celar, esto causa estragos en los adolescentes. En la mayoría de los casos, los adolescentes están acostumbrados a una relación de pareja basada en los celos, revisarse las redes, controlar la comunicación y la libertad”.

Pino Roldán recordó que “desde chicos inculcan a los niños que si se pelean se quieren. Nos criamos con el mito de que el amor todo lo puede y es incondicional, eso hace que muchas mujeres aguanten violencia. Es algo también ligado a la religión, porque hay que soportarlo todo por un juramento sagrado. Así se soportan golpes, maltratos y humillaciones”.

En las relaciones, “nos han enseñado la exclusividad, que es imposible estar enamorado de dos personas y que hay sólo uno que nos completa. En realidad, tenemos la capacidad de amar a muchas personas, pero hay que ver los compromisos de una pareja”, agregó.

Más allá de lo que sucedió con Wanda Nara, en casos como este “tendemos siempre a culpar a la otra y esto también nos enseñó la cultura patriarcal”. De tal forma, “la semana pasada todas estábamos tratando de zorras a dos mujeres. Acá, se las culpabilizó por poseedoras de una sexualidad que daña, destruye familias y maneja la mentalidad de un hombre, cuando no es tan así”.

En medio del escándalo, en cada espacio público “se escuchaba a las demás mujeres hablar de esta situación de una manera muy violenta hacia la mujer. Esto se va repercutiendo en la sociedad”. Es así que “tenemos adolescentes que organizan como violar a una compañera y esté totalmente naturalizado, lamentablemente”, opinó acerca del caso del colegio Roque González de Posadas, donde un grupo de chicos fueron denunciados por acoso y abuso.

Al hablar de los espacios que pueden ocupar las mujeres, para esta psicóloga “la trampa del patriarcado actual, es que más allá de que nos permite a las mujeres votar, trabajar y ser empresarias exitosas, no pueden olvidarse de llegar a su casa para cocinar y cuidar a los hijos. Las mujeres trabajan más horas en el hogar, lo cual no es reconocido y tiene un techo de cristal para un desarrollo profesional”.

La sociedad actual “beneficia a un sector muy poderoso: varón blanco, heterosexual y con dinero. Cuando el feminismo avanza, cuando las mujeres deciden ocupar más derechos en la sociedad, al hombre se le puso en juego su lugar”. Por tanto, “para que exista un poco de equidad, se necesitaría que el hombre renuncie un poco a sus privilegios, para poder compartirlos”, aseguró Natalia Pino Roldán.

 

 

La fidelidad y las relaciones en crisis

Cuando hablamos de las parejas, en ellas también operan mecanismos para fortalecerlas, repensarlas y quizás cambiarlas. Sobre este tema, ENFOQUE conversó con la experta en terapias de parejas, la psicóloga Melania Juan.

“Durante la pandemia y el auge de las sesiones online, de un año para otro empecé a trabajar exclusivamente con parejas, de todo tipo, las heterosexuales, homosexuales y trans. En ellas hay una variabilidad en las consultas y la gran mayoría de las dificultades son por problemas de comunicación, aburrimiento, falta de interés, planificación y objetivos en común”, compartió.

Al principio del aislamiento, “las parejas se encontraron y compartieron mucho, para cocinar, mirar series o leer libros juntos y proyectar en el tiempo. Pero al dilatarse este momento, comenzaron los problemas al compartir tiempo en exceso, no saber qué hacer. Así se dieron los cuadros depresivos, la ansiedad por el encierro y la enfermedad, sumado a las pérdidas que hubo en el medio, tanto en lo laboral como lo familiar”, relató la psicóloga.

Con el paso del tiempo, aseguró que “volvemos a las rutinas y se establecen nuevas normas. En esta idea de hacer algo nuevo, aparecen situaciones de infidelidad, como los chats clandestinos”.

De esta forma, “hoy básicamente las consultas típicas vienen de la mano de cómo nos reconstituimos en la actualidad luego de todo lo que pasamos”.

Entre los dilemas a la hora de separarse reveló que aparecen: “cómo hago para los gastos, irme a alquilar si no puedo solo. Entonces, sostienen un vínculo por una necesidad, por los hijos y la falta económica”.

Melania Juan indicó que “cuando hay una infidelidad, lo relacionamos a una infelicidad y qué está pasando dentro de la pareja para que uno salga a buscar algo en otro lado o por qué no puede comunicar lo que está fallando. La infidelidad la analizamos como una falla a la propia persona, porque uno se engaña a sí mismo. Así que primero debemos trabajar en una responsabilidad propia y depende mucho de la fortaleza del vínculo de esta superación -o no- de una situación de crisis”.

Recordó también que “puede pasar que haya intereses de por medio, en lo económico, los hijos, la comodidad. En otros casos, hay vínculos sólidos, amor y existen valores. Así que intentan perdonar por todo el recorrido juntos y deciden volver a intentar”.

En el camino del perdón, “la inseguridad perdura durante bastante tiempo, porque no es de un día para el otro, sino que está la duda por las huellas, las heridas, que tardan en sanar y es un trabajo intenso. Es aquí que, por ejemplo, ante cualquier pelea, por temas que nada tengan que ver, aparece el reproche por esta situación de falla anterior”.

A la hora de confrontar y decidir terminar una relación, esta psicóloga comentó que “generalmente si a una persona le cuesta tomar la decisión de separarse es porque tiene dudas. Entonces, espera un tiempo, quiere ver cómo se desenlaza esta situación y hay un proceso para descifrar el porqué se queda, qué lo amarra y qué no puede soltar”.

Sin embargo, remarcó que “el que está decidido a separarse, lo hace rápido”.

Por Gabriel Fernández, de PRIMERA EDICIÓN