Cuatro escenarios sobre el futuro de Bolsonaro en Brasil

De cara a la elección presidencial brasileña de 2022 se abren cuatro escenarios: impeachment, reelección, ruptura con el Centrão o trumpismo tropical. Lo que predomina en tres de los cuatro escenarios es la derrota electoral del actual presidente.

08/09/2021 19:28

Bolsonaro

Este texto discute el futuro del gobierno de Bolsonaro a partir de cuatro escenarios que consideran la correlación de fuerzas actual, los errores acumulados en estos dos años y medio de gestión y las recientes denuncias de corrupción que involucran al gobierno.

El primer escenario, que depende de las condiciones políticas y jurídicas, es la destitución del presidente; el segundo es un giro del gobierno, en el que el titular del Poder Ejecutivo crea las condiciones para permitir su reelección; el tercero es la ruptura, en la que el gobierno, intuyendo la derrota electoral, retoma el discurso de la campaña de 2018 y rompe con el Centrão, y el cuarto es la derrota y la negativa a aceptar los resultados de las urnas, como ocurrió con el ex presidente Donald Trump en Estados Unidos.

La concreción de cualquiera de los escenarios dependerá de cinco condiciones: 1) la popularidad del presidente; 2) el desempeño de la economía y el empleo; 3) las manifestaciones callejeras; 4) la posición de las Fuerzas Armadas, y 5) el apoyo político en el Congreso Nacional, especialmente en la Cámara de Diputados.

Estos escenarios se basan en las cinco principales acusaciones de la oposición (partidista, mediática, jurídica, movimientos sociales y sindicatos) contra la postura del gobierno y el estilo personal del Presidente en cuanto a:

Escenario 1: Impeachment

El primer escenario tendría motivaciones variadas, difusas e incluso contradictorias, bajo el liderazgo de siete grupos políticos.

El grupo más expresivo y estratégico estaría conformado por los formadores de opinión en el campo democrático que pretenden sacar a Bolsonaro de las urnas en 2022, temerosos de una intentona golpista tanto en caso de derrota –el presidente ha advertido que sólo Dios lo sacará del sillón del Poder Ejecutivo y que no aceptará un resultado que no sea su reelección– como en caso de victoria, cuando se sentiría “cómodo” para gobernar de forma autoritaria.

El segundo grupo estaría formado por partidos de la oposición y movimientos sociales y sindicales que denuncian un carácter autoritario y persecutorio del gobierno hacia la diversidad y las minorías sociales.

El tercer grupo estaría formado por familiares y amigos de las víctimas de COVID-19, que consideran al presidente responsable de más de medio millón de muertes. El cuarto grupo, integrado por demócratas liberales y liderado por el Movimiento Brasil Libre (MBL) y Vem Pra Rua, se basa en el temor de que el ex presidente Lula derrote a Bolsonaro.

Pretenden sacar a Bolsonaro de la carrera presidencial para que surja una tercera vía capaz de derrotar a Lula, considerado como el mal mayor.

El quinto grupo, liderado por el portal O Antagonista y la revista Crusoe, estaría formado por los “lavajatistas” y defensores del ex juez Sergio Moro, descontentos con la postura del gobierno en la lucha contra la corrupción.

El sexto grupo, en cambio, está formado por una parte de la población que se siente agraviada por la indiferencia y la falta de empatía del presidente hacia sus aspiraciones, deseos y necesidades, especialmente en el ámbito social, como el empleo y los ingresos.

El séptimo grupo estaría formado por personas que, habiendo votado a Bolsonaro, se sintieron traicionadas por la ineptitud del gobierno para poner en práctica su agenda y ven en la investidura del vicepresidente un camino para recuperar el gobierno y sus agendas conservadoras.

Sin embargo, para que el impeachment sea viable, el movimiento que lo impulsa tendría que superar cinco obstáculos políticos, además de presentar una buena base legal. Estos son: 1) el apoyo del Centrão, que da soporte político al gobierno; 2) la pandemia, que limita las manifestaciones callejeras; 3) la persistencia del apoyo de una parte del empresariado; 4) el apoyo militar a Bolsonaro, y 5) la falta de compromiso del vicepresidente para sucederlo.

Las dificultades no son insalvables: el Centrão está sometido a fuertes presiones y parte de él puede migrar a una tercera vía; la pandemia da señales de empezar a menguar con la masificación de la vacunación; a los sectores empresariales les molesta el aislamiento internacional del presidente; a las Fuerzas Armadas les incomoda su asociación a los errores gubernamentales, y surgen las primeras señales de que el vicepresidente demarca terreno y se distancia de Bolsonaro, sobre todo cuando asegura que habrá elecciones en 2022.

Las perspectivas de que se abra un proceso de impeachment aumentarían mucho si el vicepresidente, el general Hamilton Mourão, asume algunos compromisos, como defender la democracia, no presentarse a la reelección y no meterse en asuntos de interés para el Centrão, como las modificaciones de los impuestos y los fondos electorales y del partido. Este escenario tiene un 15% de posibilidades de éxito.

Una alternativa al escenario del impeachment sería una dimisión negociada, en la que el presidente y sus hijos parlamentarios quedarían blindados frente a futuros juicios derivados de presuntos delitos cometidos durante el mandato presidencial. Sin embargo, el estilo de confrontación de Bolsonaro y los suyos no se lleva bien con este tipo de “rendición”, de ahí que apenas haya un 10% de posibilidades de éxito.

Una última hipótesis, que podría configurarse en un escenario de apertura de juicio político, sería la renuncia no negociada de Bolsonaro –como hizo Collor– con el objetivo de preservar sus derechos políticos, y el lanzamiento de uno de sus hijos para sucederlo. El senador Flávio Bolsonaro, aunque también está involucrado en situaciones polémicas, podría ser la alternativa más probable para la continuidad del proyecto de poder familiar. Las possibilidades de este escenario son del 5%.

 

Escenario 2: El Gobierno da un giro a la situación

El segundo escenario es el inverso del primero, es decir, el presidente conseguiría calmar a algunas de estas fuerzas políticas utilizando el presupuesto público de 2022 en cuatro frentes.

Así, el gobierno buscaría atender:

1) al Centrão con la realización de obras.
2) a los más pobres, con el refuerzo del programa Bolsa Família.
3) a los funcionarios públicos, con una revisión salarial general en 2022
4) a la clase media baja, con el ajuste de la tabla del impuesto sobre la renta. Además, la economía nacional volvería a crecer a un ritmo intenso, generando condiciones para la creación de empleo, y la población atribuiría al gobierno la vuelta a la normalidad gracias a la vacunación e inmunización de todos los brasileños.

Las principales dificultades de este segundo escenario son de tres órdenes: jurídicas, económicas y sociales. La primera dificultad, de orden legal, se deriva de las restricciones constitucionales, como las enmiendas constitucionales 95 (el Techo de Gasto) y 109 (el PEC de Emergencia) que impiden la expansión del gasto en la dimensión necesaria para hacer viable estos gastos.

En cuanto a la dimensión económica, el crecimiento tiende a mantenerse en los sectores que concentran los ingresos, como las materias primas, la agroindustria y la minería.

Por otra parte, la perspectiva social en la pospandemia no favorece al gobierno, ya que la automatización, la precariedad de las relaciones laborales y el crecimiento de los sectores poco intensivos en mano de obra no contribuyen a reducir la pobreza y la miseria.

El aumento de la inflación, en un escenario de desempleo y fuerte pérdida de ingresos, también es un factor que complica y, aun en el caso de conceder una revisión general para los funcionarios, las limitaciones presupuestarias impedirían un reajuste suficiente para recomponer las pérdidas acumuladas desde 2019, que superarán el 15% a finales de 2021. Las posibilidades de este escenario son del 10%.

 

Escenario 3: Ruptura

El tercer escenario, ante el desgaste del gobierno por su asociación con conductas indebidas, sería de ruptura. El presidente, en una actitud de desesperación por evitar la derrota electoral, retomaría el discurso radical de la campaña de 2018 de negación del sistema político.

En este escenario, Bolsonaro rompería con el Centrão, con el argumento de que su ministro del Gabinete de Seguridad Institucional, el general Augusto Heleno, tenía razón cuando se refería a esta “agrupación” como sucia y corrupta. Sería la forma de salir del estigma de un gobierno corrupto y denunciar los “chantajes” y “desvios” del Centrão, además de activar los órganos de fiscalización y control para constreñir a los diputados de esa agrupación, especialmente al presidente de la Cámara de Diputados, de modo que una eventual apertura de un proceso de impeachment sea vista como una represalia.

En esta perspectiva, la campaña electoral de Bolsonaro tendría como retórica y narrativa central la necesidad de elegir diputados y senadores para no seguir siendo rehenes de políticos corruptos.

La lógica sería que, con una base consistente –alineada ideológicamente– el presidente podría “encuadrar” al poder judicial, limitar el poder de los gobernadores y del Congreso Nacional, creando las condiciones para poner en práctica su agenda “en defensa” de la patria, la familia y la propiedad, y acabar con la corrupción y la hegemonía “comunista”. En este escenario, a pesar de elegir una gran bancada, el presidente no conseguiría ser reelegido. Las probabilidades de que se produzca este escenario de ruptura son del 15%.

 

Escenario 4: Negativa a aceptar la derrota

El escenario más probable, sin embargo, es la continuidad de un gobierno débil y rehén del Congreso Nacional, hipótesis en la que el presidente se arrastraría con algún apoyo del Centrão, perdería parte del apoyo empresarial, no sería reelegido y, al igual que Donald Trump, rechazaría el resultado de las elecciones, pero no tendría la fuerza para dar un golpe, terminando el mandato completamente deslegitimado.

En este escenario, además del apoyo parcial del Centrão y del apoyo de los militares, el gobierno tendría un cierto crecimiento económico, pero no suficiente como para recuperar el apoyo popular.

El apoyo de segmentos de las Fuerzas Armadas y de la policía militar y civil, y de sectores de la sociedad comprometidos a través de las redes sociales y alimentados por las fake news, podría llevar a la desestabilización social, con conflictos y violencia, provocando turbulencias en el período poselectoral y dejando abierto un “regreso” de Bolsonaro, como pretendía Trump cuando movilizó grupos que culminaron con la invasión del Capitolio y su negativa a reconocer la derrota. 35% de probabilidade de que esto ocurra.

Como se desprende del análisis, el clima político brasileño es claramente de renovación, como lo fue en las elecciones de 2002. De los cuatro escenarios, sólo uno –el número 2– es la reelección. El escenario número 1 es que no se concluya el mandato, ya sea por destitución o por dimisión.

Los escenarios número 3 y 4 son de derrota electoral, con la diferencia de que en el escenario 3 el presidente prevé el riesgo de la derrota y busca pasar por encima de ella, mientras que en el escenario 4 no cree que pueda perder las elecciones y, tras verse sorprendido por la derrota, se niega a aceptar el resultado.

El hecho es que, con o sin la apertura de un proceso de impeachment, si no hay un cambio en la postura del gobierno, los escenarios centrales son de derrota electoral. La tendencia de las elecciones presidenciales en este momento no parece ser de continuidad, sino de renovación.

 

Dificultades del próximo presidente

La perspectiva de la elección del expresidente Lula, así como la de la reelección de Bolsonaro, han vuelto a poner en la agenda la idea de cambiar el sistema de gobierno.

La idea sería adoptar un sistema semipresidencial, similar al modelo portugués, como forma de reducir o disminuir los poderes del futuro presidente de la República, lo que ha sido defendido personas como el ex presidente Temer y el presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Roberto Barroso.

El argumento, sin embargo, es facilitar la solución en casos de crisis de gobernabilidad; si se aprobara un voto de censura al Primer Ministro o se disolviera el Congreso Nacional, se convocaría a nuevas elecciones para formar un nuevo gabinete.

Esta propuesta, sin embargo, tiene graves vicios de inconstitucionalidad, y su adopción sería un “golpe blanco”, como ocurrió en 1961 con la adopción del parlamentarismo que siguió a la dimisión de Jânio Quadros para reducir los poderes del entonces vicepresidente, João Goulart.

Sea cual sea el resultado del proceso de sucesión en 2022, el próximo presidente enfrentará enormes dificultades, ya sea por la desorganización de la maquinaria pública, por la división del país entre la izquierda y la derecha o por las precarias condiciones económicas y sociales del período pospandémico. Además, el futuro presidente corre el riesgo de seguir siendo tutelado por el Centrão y las Fuerzas Armadas, aunque el ganador sea Lula.

Con la probable alternancia de gobierno en 2022, quien sea elegido se enfrentará a un escenario de grandes dificultades para reorganizar la maquinaria y gobernar.

Fuente: Agencia de Noticias Télam