Atletismo adaptado: el triunfo más importante

El atletismo adaptado crece en Misiones. Y detrás de cada historia de superación están los profes, que trabajan en silencio para sembrar la semilla de la igualdad en el deporte. “No hay satisfacción más grande que verlos disfrutar”, coincidieron ante EL DEPOR Maia Guastavino, Jorge Flores y José Ibarra, tres referentes de una rama en la que el éxito no siempre se mide por triunfos.

07/06/2021 15:34

CALIDAD DE VIDA. Maia Guastavino, con una de las chicas que entrenan todas las semanas en el CePARD. El éxito se ve allí todos los días.

Por diferentes razones, el atletismo es una de las disciplinas que más crecimiento tuvo en Misiones. Sin dudas, entre esos motivos, la inauguración de la primera pista sintética de la provincia, a fines de 2019, marcó un antes y un después. Y permitió mayor visibilidad a un buen número de atletas que salieron a la luz desde todos los rincones de la provincia.

Ese resurgir contó también con el empuje del atletismo adaptado, una rama que hasta hace poco tiempo pasaba desapercibida pero que se ganó su lugar a fuerza de éxitos. Como suele suceder, el deporte se mide por triunfos. Ahora bien, en el atletismo adaptado, el criterio con el que se mide un logro no pasa sólo por alcanzar una marca. Y allí reside la esencia de una disciplina que va más allá de los resultados.

Desde siempre, EL DEPOR acompaña a los atletas adaptados que compiten dentro y fuera de la provincia. Es que no hay mayor satisfacción que escuchar y escribir sobre las historias de superación de Mahira Bergallo, Jony Avellaneda o Aarón Rodríguez, por citar apenas algunos ejemplos. Sin embargo, detrás de cada uno de los chicos está el trabajo silencioso de los profes, que se la jugaron por el atletismo adaptado y sembraron una semilla que hoy da sus frutos.

“No hay satisfacción más grande que verlos disfrutar”, coinciden en una especie de máxima fundamental Maia Guastavino (39), Jorge “Chino” Flores (50) y José “Leo” Ibarra (50), tres profes referentes del atletismo adaptado provincial, quienes hablaron con este suple y contaron los detalles del loable trabajo que realizan a diario para mejorar la calidad de vida de los chicos. Hoy es el turno de ellos en la pista.

Promesa cumplida. Mahira Bergallo también busca su lugar en Tokio. En la foto, en el CeNARD, junto al “Chino” Flores.

 

Una recompensa gigante

Los tres profes coinciden en que entrar a ese mundo no fue fácil y que, incluso, la primera experiencia siempre estuvo marcada por la incertidumbre y hasta algo de temor. “Cuando llegué, tenía un poco de miedo. Me preguntaba qué iba a hacer con ellos, porque no había tenido nunca contacto con chicos con discapacidad. Y de entrada, tuve una experiencia graciosa: uno de los chicos me hizo una zancadilla y me caí. Ahí me di cuenta que entendían, que se reían, que hasta eran retobados, que eran iguales a cualquiera. Y desde ese día, me enamoré de esto”, admite Maia a EL DEPOR con una sonrisa.

Guastavino arrancó con el atletismo adaptado en 2005, en la Escuela Especial 1, cerca de la rotonda de Posadas. Primero fue una suplencia y luego, la titularidad. El primer viaje a los Juegos Evita fue en 2006 y, desde entonces, no paró. Hoy está a cargo de una de las tres Escuelas Deportivas Argentinas (EDA) de atletismo adaptado que funcionan en Misiones. Dicta clases lunes, martes y jueves en la pista sintética del CePARD, donde asiste una veintena de chicos.

“Lo que más me gusta es el desafío que te impone cada uno. Vas aprendiendo de ellos y adecuando los ejercicios a cada uno, a la discapacidad que tienen. Y entonces te das cuenta que se puede, que todos pueden más allá de las limitaciones físicas”, reflexiona la profe.

Maia se reconoce como una persona difícil de emocionar, aunque entre anécdota y anécdota se le afina un poco la voz. Es que la paciencia y el cariño con los que trabaja a diario suelen tener recompensas que llenan el corazón. “Una vez me pasó que me fui al interior, a un Provincial, y tuve que dejar a mi hija, que estaba enferma, con mi mamá. Ella era chiquita y yo me sentí muy mal por irme. Volví ya de noche a casa y entonces recibí un mensaje de uno de los chicos que había competido. Me agradecía por todo, me decía que haber estado ahí era lo mejor que le había pasado y que esperaba al próximo año para ir de vuelta. Fue una recompensa muy grande”, recuerda.

Guastavino coincide en el crecimiento del atletismo adaptado, que hoy hasta tiene una subsecretaría dentro de la Federación Misionera de Atletismo (FeMA). Y no se arrepiente de haber tomado ese camino. “Me siento bien trabajando con ellos, no me arrepiento para nada. No hay satisfacción más grande que verlos disfrutar, que los chicos sean reconocidos. Si es así, el trabajo ya está hecho”, sintetiza la profe.

Sueño cumplido. Ibarra junto a Jony Avellaneda, en los Parapanamericanos de Lima 2019. Misiones, en lo más alto.

 

Mejorar la vida de los chicos

Jorge Flores se recibió de Profe de Educación Física en Buenos Aires, donde tuvo su primera experiencia con el deporte adaptado, cuando tenía 23 años. Sin embargo, recién a los 38 se metió de lleno y en un contexto diferente a aquel del inicio. “Había tenido ese primer contacto en Buenos Aires con la natación, pero el poder adquisitivo de los chicos era totalmente diferente al de acá. Y cuando empecé primero tenía cierto temor, es cierto, porque no conocía mucho del tema y no sabía cómo encararlos”, recuerda “Chino”.

Tal como le sucedió a Maia, Jorge enseguida rompió el hielo y encontró su camino. “Pasó esa primera impresión, empecé a trabajar y descubrí lo importante que es para ellos que disfruten del deporte, que se sientan bien y que así mejoren su calidad de vida”, cuenta Flores, actual entrenador de Mahira Bergallo (20), la lanzadora de bala que pelea por un lugar en los Juegos Paralímpicos de Tokio.

Flores arrancó a fines de 2010 en la Escuela Especial 2 de Oberá. Ese año, recibió una llamada en la que le daban 24 horas para pasar una lista de atletas para los Evita. “Yo no tenía ni idea, así que ese año no llegamos a ir. Pero al siguiente nos armamos mucho mejor y empezamos”, recuerda.

El profe cuenta con orgullo que con la Especial 2 iniciaron años atrás una experiencia que cambió la vida tanto de los chicos de esa escuela como de los de buena parte de la juventud obereña. “Fuimos la primera escuela especial en participar de los intercolegiales, no buscando resultados, si no que los chicos se conozcan e interactúen con el resto. Que sepan que son iguales, que no hay diferencias”, relata. Y confía que aquello fue un click: “los resultados son espectaculares, estamos hablando de chicos de unos 12 años que comparten todo un día con el vóleibol o el fútbol, que le juegan mano a mano a los chicos del Colegio Mariano o del Lineo, en la cancha grande del Ian Barney, con su juego de camisetas, con árbitros. No sabés la alegría con la que terminan”.

El “Chino” está actualmente a cargo de la EDA de atletismo adaptado que funciona en Oberá, donde actualmente asisten alrededor de 30 chicos. “El deporte les hace levantar muchísimo la autoestima y tomar confianza. Todos llegan primero con temor, porque están acostumbrados a que la sociedad no se abra totalmente a ellos”, afirma Flores, quien tal como en los intercolegiales, le apuesta a la interacción: “El otro día estábamos entrenando en el Ian Barney y, como acá también vienen los vecinos a caminar alrededor de la pista, uno de ellos tenía una camiseta de River y justo era en la previa a un Superclásico. Los chicos enseguida lo vieron al hombre, lo saludaron, empezaron a hablar y hasta apostaron el helado. La cuestión es que a la semana siguiente apareció el hombre a pagar la apuesta, con dos kilos de helado. Todo eso potencia a los chicos y los hace sentir incluidos”.

EN EL ÁLBUM. 1. Los entrenamientos no se detuvieron durante la pandemia. En la foto, el profe Ibarra junto a Jony Avellaneda, en una nueva práctica de salto en alto, ahora bajo techo. El altoparanaense tiene la marca mínima para los Paralímpicos de Tokio y espera por la convocatoria oficial, que podría conocerse en los próximos días. 2. Dos de las promesas del atletismo adaptado misionero, Mahira Bergallo y Leo De Jesús, junto al profe Jorge “Chino” Flores, a punto de iniciar una nueva práctica en el Ian Barney de Oberá. Para los chicos, más allá de los logros, el deporte significa un antes y un después en sus vidas. 3. Parte del equipo de los profes misioneros, que trabajan día a día con los chicos. Desde la izquierda, Maia Guastavino, Nahuel Lamas, Fede González y “Chino” Flores.

 

Casualidad y destino

Hoy el profe José Ibarra (50) está a cargo de la EDA que funciona en el Polideportivo del Kilómetro 3 de Eldorado pero, además, es coordinador de la región NEA, que incluye a las once escuelas que funcionan tanto en Misiones como en Chaco, Corrientes y Formosa. Sin embargo, como una buena parte de lo que sucede en la vida, se topó casi de casualidad con el atletismo adaptado.

“Yo trabajaba en la secundaria de Mado, una escuela convencional. Y había un alumno que no iba a las clases de Educación Física. El primer trimestre le puse un cuatro. Y en el segundo, un dos. Todos me decían, ‘pero profe, no podés hacer eso, le falta una pierna’, pero yo les respondía que tenía que venir. Hasta que un día apareció”, relata “Leo”, como lo conocen a Ibarra. ¿Quién era ese alumno? Ni más ni menos que Jonatan Avellaneda, el misionero que participó de los últimos Juegos Paralímpicos de Rio 2016 y que ahora busca su lugar en Tokio, siempre en salto en alto.

“Él era muy introvertido, hasta se ponía de costado para las fotos. Y un día lo vi andando en bici y le dije que a él le faltaba una pierna y que andaba en bici, y que yo tenía 40 años y no sabía ni andar. Así nos fuimos enganchando y Jony la rompió en los Juegos Evita, donde ganó ocho medallas para Misiones, tanto en atletismo como en natación”, recuerda Ibarra.

Es que el factor psicológico también es clave para que los chicos salgan adelante. “Un día, en los Evita, en Mar del Plata, fuimos a la playa y le dije a Jony que había muchos chicos de Mado que lamentablemente se iban a morir sin conocer el mar. ‘Acá, en el deporte, puede estar tu futuro’, le dije. Eso fue en 2008. Y hoy nos reímos, porque yo le digo que su muleta de madera viajó más que yo”, se sonríe el profe. Y con razón: gracias al atletismo, Avellaneda, aquel chico que tenía vergüenza de salir en la foto, ya compitió en Inglaterra, Qatar, Canadá y Alemania, entre otros países.

La historia de “Leo” y Jony es el mejor ejemplo de que el deporte puede modificar realidades. Torcerle la mano al destino. “Pasan ese tipo de cosas y la sociedad comienza a ver a estos chicos con otros ojos. Se los visibiliza de otra manera. Incluso sucedió una vez que uno de los chicos clasificó para ir al Provincial y la mamá me llamó para saber si era verdad, si era cierto. Es que a veces ni la familia cree en ellos. Por eso, nuestro trabajo reside en la importancia de creer en ellos, de ver el potencial que tienen, las posibilidades que pueden desarrollar. Y creo que toda la sociedad debería tener esa perspectiva. Es como me pasa a mí, que hasta hoy sigo sin saber andar en bici, pero lo ves a Jony y la domina. Estos chicos no podrán hacer muchas cosas, pero hay muchas otras que hacen mejor que nosotros”, cierra el profe Ibarra.